Inmigración, drogas y armas, las prioridades
04.07.2012 | Publicado en edición impresaWASHINGTON (AFP).- Estados Unidos no tiene otro remedio que apostar a que la relación con México no cambie, en especial en lo que atañe a la lucha contra el narcotráfico, luego de la victoria de Enrique Peña Nieto y el regreso del PRI al poder.
El presidente Barack Obama llamó rápidamente al "presidente electo" para felicitarlo por una victoria obtenida en unas elecciones "transparentes", explicó la Casa Blanca.
En Washington, esa victoria era asumida desde hacía meses como el escenario más probable. La gravedad de la situación de seguridad en México marcará rápidamente la agenda entre ambos países.
El riesgo de un "arreglo" mexicano con los carteles del narcotráfico es la gran pesadilla de cualquier gobierno estadounidense. Pero ahora es poco probable, simplemente porque el caos de la violencia se descontroló en exceso. "Los carteles de la droga se fragmentaron de tal manera que es difícil imaginar que un gobierno pueda negociar con alguien" para poner fin a la violencia, dice Carlos Ramírez, de Eurasia Group.
México y Estados Unidos están atados por la Iniciativa Mérida de lucha contra el crimen organizado, ante la que Peña Nieto se mostró tibio por la falta de resultados tangibles. Pero esa cooperación entró en una etapa diferente, de entrenamiento de fuerzas y de apoyo a la reforma de la justicia en los estados.
James Lindsay, experto del Consejo de Relaciones Exteriores, apunta como mensaje esperanzador que Peña Nieto nombrara como su consejero de seguridad al ex general colombiano Oscar Naranjo, el hombre que supervisó la operación que acabó con la muerte del rey de la cocaína, Pablo Escobar, en 1993. Colombia es el gran ejemplo que Estados Unidos presentó para alentar los esfuerzos del presidente Felipe Calderón, que militarizó de forma polémica la lucha contra el narcotráfico.
Peña Nieto se mostró parco en cuanto a la política exterior de su país, en línea con la tradición cauta del PRI.
"La apuesta es que continuarán las relaciones cordiales. Pero eso no significa que no habrá puntos de disputa, entre los que se destacan tres: las drogas, las armas y la inmigración", concluye Lindsay.