Por Any Ventura |
La poca tolerancia a la frustración dificulta enormemente la formación de parejas
23.07.2012 | 02:42Para miradas como la mía, ésta es una época difícil. Todo el tiempo oigo hablar de sexo. En todos los medios y en todas las revistas, sólo aparece el sexo y el sexo explícito como "moneda de cambio". Se habla de si el hombre es mayor y sale con una mujer más joven, si usa alguna pastilla energizante, si ella está con él por interés o porque lo quiere. En el otro sentido, se interrogan acerca de la conveniencia de que para una mujer mayor sea mejor un muchacho jovencito porque es más activo, o es mucho mejor el hombre maduro por su sapiencia en la cama y por todo lo que, ahí, podría enseñar. En fin, todo tiene que ver con algo tan literal que da miedo. Por lo menos a mí, me da miedo. Me da miedo que a nadie se le ocurra, en vez de preguntar cuántas veces por semana tiene relaciones con su pareja, preguntar acerca de cómo se construye una "intimidad", que no es lo mismo, o mejor dicho, que es otra cosa.
Un espacio de intimidad se teje con trabajo, con acuerdos, con ternura, con una capacidad enorme para la negociación
Un espacio de intimidad no se logra tan fácilmente. No es "palo y a la bolsa". Tampoco se compra en forma de una pastillita azul en la farmacia, ni en forma de lencería "para la ocasión". Un espacio de intimidad se teje con trabajo, con acuerdos, con ternura, con tolerancia, con una capacidad enorme para la negociación. Capeando crisis. En definitiva con amor, hay que amar para construir ese espacio de intimidad, tan preciado, tan útil, tan cálido, tan acogedor.
Creo que hay que saber entender y tolerar los "desencuentros". Y me da la sensación de que la poca tolerancia para la frustración que tiene esta sociedad, mentalmente tan adolescente, hace difícil pensar a largo plazo y dificulta enormemente la formación de parejas estables. Que un matrimonio tenga un hijo, no significa necesariamente que tenga intimidad. Hay algo compartido y mucho para compartir, que no deviene de la cama.