Editorial I

Espíritu olímpico

En los Juegos de Londres, el éxito argentino no dependerá de una medalla sino de defender los valores del olimpismo

23.07.2012 | Publicado en edición impresa

Desde el viernes próximo y hasta el 12 de agosto, el planeta se paralizará para vivir los XXX Juegos Olímpicos (JJOO) de la era moderna y, por tercera vez en la historia, la ciudad de Londres albergará el mayor evento deportivo multidisciplinario del mundo. Más de 10.000 atletas de 204 países competirán en 26 deportes y 39 disciplinas.

En sintonía con el crecimiento del deporte, que nunca como ahora ocupó un lugar tan relevante en la sociedad, se espera que los próximos Juegos Olímpicos marquen varios récords, como el de nivel de audiencia. La ceremonia de apertura será vista por unos 4000 millones de personas en el mundo gracias a los 21.000 medios de comunicación acreditados.

Pero al margen del deporte propiamente dicho y de todo lo que rodea a este megaevento, asistiremos a un mensaje de amistad entre los pueblos, que está representado en los cinco anillos entrelazados de su símbolo distintivo. Este llamado a la unidad y la cooperación internacional reconoce su origen en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, celebrados en Grecia a partir del siglo VIII a.C., en los que las ciudades en guerra suspendían la lucha para dar paso a la competencia y todo su valor religioso y cultural.

Es precisamente este ideal de confraternidad el que se conoce como "espíritu olímpico" y que es imprescindible conservar y difundir. La tensión política internacional que en varias oportunidades ha manchado los ideales del olimpismo, con boicots y ausencias de distintos países, e incluso hechos sangrientos, debe quedar al margen de la competencia y servir como un recuerdo aleccionador. La importancia de los Juegos Olímpicos trasciende la mera lucha por las medallas, diplomas y conquistas deportivas.

La delegación argentina concurrirá con 137 atletas y expectativas muy diferentes entre ellos. En esta oportunidad, y por primera vez de manera oficial, los atletas argentinos que consigan medallas en Londres recibirán premios en dinero. Pero será en la esfera del honor y del respeto, del esfuerzo y la máxima entrega, donde cada uno de los deportistas podrá alcanzar el principal éxito, independientemente de su posición final.

El padre de los Juegos Olímpicos modernos, Pierre de Coubertin, afirmó que por encima de todo están los valores olímpicos, que se pueden sintetizar en su conocida frase: "Lo importante no es ganar, sino competir". La clase dirigente argentina también deberá estar a la altura de este inmenso desafío. Los recientes spots televisivos filmados en las islas Malvinas han sido un pésimo antecedente de mezclar deporte y política, que no encuentra ninguna justificación en la legitimidad del reclamo argentino, ni en la esquiva conducta británica en la temática.

Es importante que la Presidenta; el canciller, Héctor Timerman; la embajadora Alicia Castro y demás dirigentes del país tengan presente que el Comité Olímpico Internacional (COI) prohíbe toda expresión que politice los JJOO, y que cualquier comentario o acción en contrario perjudicará en primer término al país y a la delegación argentina que compite en Londres.

Es responsabilidad de todos, y especialmente de quienes ejercen cargos relevantes, cuidar a los Juegos como máxima expresión del deporte y como un símbolo inequívoco de la unidad y paz de todos los pueblos del mundo.

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