Por Andrew Osborn | LA NACION
La inesperada ofensiva sobre Damasco logró acorralar al presidente
23.07.2012 | Publicado en edición impresa
LONDRES.- Hace diez días, mientras anochecía en Damasco, pocos de sus 1,7 millones de habitantes podían intuir que estaba a punto de desatarse una batalla decisiva para arrebatarle el control de la ciudad al presidente Bashar al-Assad.
Los insurgentes le dieron a la operación un nombre que reflejaba sus esperanzas de lograr un ataque sorpresa sobre una ciudad que es considerada la fortaleza inexpugnable de la familia Al-Assad: "Volcán de Damasco y Terremoto Sirio".
"No hay vuelta atrás", dijo el coronel Qassem Saadeddinem, vocero del comando conjunto del Ejército Libre Sirio (ELS). "El operativo para la liberación de Damasco ha comenzado."
El operativo todavía no concluye, pero ya logró acorralar al presidente sirio como nunca antes en los 16 meses que lleva la revuelta en contra de su gobierno.
Durante el atardecer del viernes pasado, seis días después del inicio del operativo para liberar la capital siria, los rebeldes habían tomado el control de los pasos fronterizos y estaban luchando cuerpo a cuerpo en las calles de Damasco con las tropas leales al régimen.
Este intento de copar la guarida de un hombre cuyo padre fue conocido como "el león de Damasco", fue planeado durante mucho tiempo, reveló el coronel Saadeddinem. Involucró a 2500 combatientes que se habían infiltrado en los antiguos suburbios de la ciudad durante la semana anterior al inicio de la lucha por Damasco, detalló el militar.
Los rebeldes atacaron primero el distrito de Hajar al-Aswad, en el sur de la ciudad, trabándose en combate con tropas del gobierno que debieron preguntarse de dónde venían las balas.
El día siguiente, 15 de julio, el objetivo de los rebeldes quedó más claro. Ese domingo, una poderosa explosión partió al medio un ómnibus que trasladaba personal de fuerzas de seguridad en Damasco, dejando numerosos heridos y propagando la lucha a otros tres distritos de la ciudad.
Hasta ese momento, Al-Assad había tenido mayormente éxito en blindar la capital y a sus residentes de la violencia extrema. Pero con el humo negro que se alzaba sobre Damasco ese día y el ruido de las ráfagas de ametralladoras -intercaladas por el estruendo de las explosiones- esa ilusión de normalidad quedó hecha pedazos.
En el que fue el segundo día del operativo, los vecinos del distrito céntrico de Midan dijeron que su barrio se había transformado en zona de guerra, con francotiradores desplegados en las azoteas y violentas escaramuzas entre los rebeldes y las tropas leales a Al-Assad.
PánicoSegún los activistas, a medida que la violencia fue creciendo, los tanques comenzaron a actuar en medio de la ciudad, un hecho que para los analistas es síntoma de que el gobierno entró oficialmente en pánico.
Los rebeldes dicen haber adaptado sus tácticas para estar más organizados y desplazarse con más facilidad, operando en grupos más reducidos y así ser blancos más pequeños para las fuerzas del gobierno. También optaron más por las bombas de fabricación casera o explosivos improvisados, según revelaron.
El 17 de julio, el tercer día de la ofensiva, hubo informes de que habían entrado en acción los helicópteros armados, y los rebeldes se adjudicaron el derribo de uno de ellos.
Según los activistas que están en contra del gobierno, estos intensos combates tan cerca de la sede del poder de Al-Assad son una muestra clara de que su poder se está debilitando.
El cuarto día de la batalla fue el que cambió el curso de la guerra. Durante la mañana, la lucha se concentró en las inmediaciones del palacio presidencial. Mientras los lugartenientes más leales al presidente, liderados por su cuñado Asef Shawkat, mantenían una reunión de crisis en el interior de los cuarteles generales, una bomba destruyó parte de las instalaciones.
Como resultado del ataque, Shawkat resultó muerto, al igual que el ministro de Defensa y otro importante general de las fuerzas armadas sirias.
Aturdido por el bombardeo o sin nada que decir, lo cierto es que Al-Assad no apareció por televisión hasta el día siguiente del ataque. Todavía tenía que pronunciarse sobre el atentado, una tarea que delegó en el jefe del personal militar, que se apresuró en prometer que se iban a tomar una venganza fulminante.
El incierto paradero de Al-Assad se convirtió en fuente de especulaciones, mientras los rebeldes informaban que el presidente había abandonado la capital rumbo a la costa.
Las autoridades prometieron a los rebeldes que el contraataque será feroz, y advirtieron que "cortarían cada mano que se alce contra la seguridad de la patria".
Durante el quinto día de lucha, los helicópteros de guerra atacaron las posiciones rebeldes. Las baterías de artillería apostadas en las montañas que rodean Damasco hacían llover su poder de fuego sobre dos distritos de la capital. Muchos vecinos dijeron que no se aventuraban a salir a la calle y que se encerraron en sus casas por seguridad, mientras que la mayoría de los negocios permanecieron cerrados.
Lejos de Damasco, los rebeldes coparon los puntos de control fronterizos con Turquía e Irán, en lo que fue la primera vez que logran tomar el control de las fronteras de Siria.
El viernes, sexto día del intento rebelde por "liberar" a Damasco y primer día del mes sagrado musulmán de Ramadán, los insurgentes sufrieron un revés. Bajo el pesado fuego de la artillería, se vieron obligados a retirarse del distrito céntrico de Midan.
En el resto de la ciudad, los rebeldes lograron incendiar las barracas militares, después de dos días de sitio. Fuentes opositoras aseguran que el edificio era utilizado para entrenar a los shabiha, la temida milicia de leales a Al-Assad. Desde entonces, la batalla continúa.
Traducción de Jaime Arrambide