Opinión / Televisión

En Londres o en Buenos Aires, a toda hora hay competencias

Por Marcelo Stiletano  | LA NACION

01.08.2012 | Publicado en edición impresa

La pantalla no da respiro por estas horas. No hay momento en que la competencia -ardua, intensa, incierta en materia de resultados- se quede sin aire.

Los Juegos Olímpicos se han hecho dueños del televisor. Pasa así desde el último jueves y así ocurrirá en las próximas dos semanas. Porque, al fin y al cabo, el más importante encuentro deportivo a escala mundial no sólo mide el talento y la destreza de los mejores en cada especialidad. También pone a prueba cada cuatro años -a imagen y semejanza de lo que ocurre en los Mundiales de fútbol- la evolución de la imagen. Cada ceremonia olímpica registra el avance hacia nuevas y cada vez más perfeccionadas fórmulas televisivas y, en este caso, así como quedó comprobado durante la portentosa ceremonia inaugural, el 3D demostró que tiene habilitadas las puertas del futuro inmediato. Con una visión que ya dejó de ser experimental, para convertirse de a poco en rutina y práctica permanente, la TV en tres dimensiones abre con el deporte olímpico una puerta que seguramente podrá ampliarse hacia otras experiencias y géneros en un futuro que ya es presente.

Mientras esto ocurre en un terreno ya consolidado desde lo tecnológico, pero todavía se mantiene al alcance de pocos desde el punto de vista de los consumidores, la TV convencional ejerce con los Juegos una magnética atracción que excede al lógico interés por seguir al detalle el desempeño de nuestros representantes. En este sentido, los canales que cuentan con los derechos de transmisión (TyC Sports, ESPN y DirecTV Sports, en la TV paga, y la TV Pública, entre los canales de aire) cumplen hasta ahora la promesa de dedicar la mayor cantidad posible de horas a seguir lo que ocurre en Londres.

Con los equipos periodísticos de siempre y el apoyo de deportistas o ex deportistas devenidos especialistas en comentar cada una de sus respectivas disciplinas, las señales aciertan en la medida en que logran acompañar las imágenes con comentarios que no excedan la verborragia y el entusiasmo, traducido en gritos y arengas que hacen perder de vista casi siempre la lucidez del análisis.

Como suele ocurrir, resulta casi irreprochable el material visual llegado desde el Reino Unido, por lo que las diferencias entre los canales se marcan a partir de la habilidad de productores y realizadores para equilibrar las distintas disciplinas (cuando hay transmisiones simultáneas de varios deportes) y evitar los tiempos muertos. En este caso, una vez más, vuelve a destacarse la laboriosa e incansable presencia de Gonzalo Bonadeo en TyC Sports, aunque vale reconocer que en el resto de las señales la integración de sus respectivos equipos posibilita hasta ahora, en general, un conjunto de emisiones dignas y llevaderas. El empuje se pierde justamente con la llegada del horario central, cuando la diferencia horaria impone la pausa nocturna y una sucesión de resúmenes cargados de redundancias para quienes ya conocen de sobra lo ocurrido en cada jornada.

Allí empieza el tiempo de otra clase de competencia. Cada noche, Graduados y ShowMatch juegan un partido de su particular match de largo aliento, que empezó mucho antes del comienzo de los Juegos Olímpicos y culminará mucho después del cierre en Londres. Tal vez no se esperen récords, pero sí, hasta el final, la incógnita de la definición. El resultado es incierto.

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