Por Pablo Gianera | LA NACION
Logradísima propuesta con una régie enfocada en la pareja central
01.08.2012 | Publicado en edición impresa
Autor: Jules Massenet / Dirección musical: Benjamin Pionnier / Dirección escénica: Paul-emile Fourny / Diseño escenográfico: Benoit Dugardyn / Vestuario: Stella Maris Müller / Iluminación: Horacio Efron / Dirección del coro de niños: Monica Dagorret / Elenco: Andeka Gorrotxategui (Werther), Guadalupe Barrientos (Charlotte), Oriana Favaro (Sophie), Gustavo Gibert (Albert), Luis Gaeta (Le Baili), Maximiliano Agatiello (Schmidt), Federico De Michelis (Johann), Mauricio Thibaud (Brühlmann), Constanza Poj (Käthchen) / Sala: Teatro Argentino de La Plata / Próximas funciones: sábado, a las 20.30, y domingo, a las 17.
Nuestra opinión: muy bueno
Contra lo que podría parecer, Werther no es un simple enamorado ni la víctima de un ardor ingenuo, inmaculado. Esto es algo que el propio Goethe, en su novela, se ocupó de aclarar en boca de la propia Lotte: "Temo que la imposibilidad de la posesión -le dice ella a él- sea lo que excita tu deseo". Werther , la ópera de Jules Massenet, explota magistralmente la desproporción, ese doble fondo de buscado sufrimiento en la pasión, y en cierto modo también lo hace la puesta del belga Paul-Émile Fourny para la producción del Teatro Argentino de La Plata.
Massenet y sus libretistas habían introducido ya en la historia un principio de objetividad -derivada, es cierto, de la forma dramática misma- dentro de la dirección única de la confesión epistolar que domina la novela goetheana. Fourny radicaliza esas mediaciones e instala un sistema de marcos. La escena doméstica en la casa de Charlotte es una especie de tableau vivant que el poeta contempla desde afuera, como si estuviera en un museo. El problema de la intercambiabilidad de los objetos y la pintura de segundo grado recorre toda la puesta, inspirada en parte en René Magritte, cuya preocupación por la representación se hace manifiesta en el Acto II, cuando los seriados personajes magrittianos con bombín aparecen recortados sobre el fondo de un cielo celeste. La concentración de la puesta en Werther y Charlotte es inteligente, y a partir de ella se explican ciertos recortes (en el inicio del segundo acto, por ejemplo, se suprime el pasaje "Vivat Bacchus! Semper vivat" con Johann y Schmidt). Que Werther muera sobre un marco volcado es una alegoría de esa doble pertenencia ilusoria al mundo de lo real y el de la representación.
Correspondencia vocalEsta régie enfocada microscópicamente en la pareja protagonista encontró una logradísima correspondencia vocal. El tenor vasco Andeka Gorrotxategui no sólo mostró una voz extraordinaria, opulenta y de emisión segura sino que consiguió también reflejar con su color el tránsito amoroso de Werther. Bastaría comparar la serena vitalidad de "Ô nature, pleine de grâce" del comienzo con el hermoso lied "Pourquoi me réveiller, ô souffle du printemps", habitado por un delicadísimo vibrato que hizo que su voz tuviera una amargura irredimible, como si también para ella llegara el invierno. No menos formidable fue la faena, como Charlotte, de Guadalupe Barrientos, que se lució en la ardua primera parte del tercer acto. Acompañaron con solvencia Luis Gaeta y Gustavo Gibert, con un Albert de más dignidad que filisteísmo. El director Benjamin Pionnier consiguió un consistente rendimiento de la Estable del Argentino, que sonó, al margen de algunas pifias en los metales, siempre diáfana y expresiva.