El dilema de la deuda ideal

Por Alejandro Rebossio  | LA NACION

El Gobierno redujo el pasivo a los niveles de los 70; mientras el país está lejos de los mercados y los analistas discuten los sacrificios que implica no tomar crédito, la Argentina resigna crecimiento yno mejora su infraestructura

05.08.2012 | Publicado en edición impresa

Los argentinos tenían sobrepeso. En la última década, los que trabajaron han dedicado buena parte de su sudor para pagar la deuda pública (incluye la externa, la nominada en divisas) que el país se había zampado en los 70, los 80 y los 90. Por primera vez en más de 30 años ese pasivo se ha alivianado. Las quitas que se consiguieron en los canjes de deuda de 2005 y 2010, la estatización de las AFJP (que eran acreedoras del Tesoro) y el pago de obligaciones con reservas del Banco Central han adelgazado las obligaciones del 165% del PBI tras el default de 2001 al 41,8% actual, aunque lo más novedoso es que más de la mitad de lo adeudado está en manos de organismos públicos, como la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), y por eso la deuda neta es de sólo 19,3 por ciento. Ahora que esa deuda es menor a las de Brasil, México o Colombia, la pregunta es si conviene seguir bajándola, como pretende la presidenta Cristina Kirchner, mantenerla o subirla un poco para que el país emprenda las inversiones en infraestructura que necesita o para hacerse de recursos para contrarrestar la brusca desaceleración que sufre la economía.

Dos consultoras para nada cercanas al Gobierno publicaron recientes informes elogiando el desendeudamiento. Una es Ecolatina, la que fundó el ex ministro de Economía Roberto Lavagna y que ahora dirigen su hijo Marco y Santiago Paz. "Siguen mejorando los indicadores de la deuda", destacó Ecolatina. La otra consultora es Econométrica, de la que es socio Mario Brodersohn, quien fue secretario de Hacienda del gobierno de Raúl Alfonsín. "La deuda externa fue una mochila con que nació la democracia y sin duda empeoró la convertibilidad, y que recién estos años pasó a ser un bolso de mano", destacó Ramiro Castiñeira, de Econométrica.

Pero la baja de la deuda implica sacrificios que, ahora que disminuyó tanto, algunos se preguntan si vale la pena seguir asumiendo. Castiñeira, por ejemplo, menciona en su informe el impuesto inflacionario: si el Banco Central (BCRA) emite pesos para comprar dólares que se destinan al pago de deuda, como cuando se saldó anteayer el último vencimiento del Boden 2012 , se impulsa la suba de precios.

El presidente de la Unión Industrial Argentina, José Ignacio de Mendiguren, dijo esta semana que le parecieron exageradas las medidas para cumplir con el plan de desendeudamiento porque hacen que se posterguen decisiones económicas. Se refería a la restricción impuesta a la salida de dólares, ya sea por control de las importaciones (incluidas maquinarias e insumos, lo que afecta a la producción), la prohibición de que las multinacionales giren utilidades a sus casas matrices (lo que alienta la reinversión de esos beneficios, pero desincentiva la llegada de nuevos capitales) o la prohibición de comprar dólares para operaciones inmobiliarias (que derrumbó las compraventas y la construcción).

La discusión radica entonces en cuál es el nivel ideal de deuda. No hay una respuesta única ni sencilla. El consultor Nicolás Dujovne recuerda que la Argentina entró en cesación de pagos con niveles bajos del pasivo, con un 55% del PBI en 2001 y con una cifra similar en 2007, cuando al subestimarse la inflación sufrieron un default encubierto los tenedores de bonos en pesos que ajustan por ese índice. "El país necesita niveles bajos de deuda. El actual es bueno porque, en caso de crisis, no tendrías el estrés que nos agarró en el pasado, pero también muestra el poco acceso del sector público al crédito", observa el ex economista del Banco Galicia y del equipo de la campaña presidencial de Ricardo Alfonsín el año pasado.

Independientes, pero pobres

"Lo conveniente es desendeudarse en tiempos de crecimiento", sugiere Dujovne. Y la actual no es precisamente una coyuntura expansiva para la economía argentina. "Con el nivel de deuda tan bajo, en vez de cancelar el Boden, estaría bueno financiarse en el mercado, renovar los vencimientos con nueva deuda. Pero para eso hay que ser creíble", se refiere al alto riesgo país de la Argentina (ver aparte). "No hace falta tensar la economía para pagar la deuda. Estaría bueno renovar deuda para poder hacer una política fiscal contracíclica en caso de crisis. Además, si el país accediese a los mercados de capitales, tendría inflación más baja porque emitiría menos pesos. Hoy la independencia económica que declama el Gobierno se consigue a costa de mayor pobreza para el país", concluye.

Eduardo Levy Yeyati, profesor en varias universidades y socio de la consultora Elypsis, también opina que el nivel óptimo de deuda/PBI es el actual o menor, y elogia que el porcentaje de pasivos en moneda local sea tan alto como en países vecinos. "Es difícil precisar cuál es el nivel óptimo. Con recesión, sería bueno gastar más y que la deuda subiese, se mantuviese o bajase a menor ritmo para no sufrir un ajuste. Pero el costo de financiamiento es altísimo -dice Levy Yeyati-. Hay que tener deuda en la medida en que favorece el desarrollo con equidad, la inversión en educación, salud o infraestructura."

"Lo que no tiene sentido es pagar deuda a expensas del desarrollo, la postergación de inversiones o el ajuste en las provincias", añade el también investigador de Brookings Institution, de Estados Unidos. Levy Yeyati considera que el Gobierno debería haber refinanciado parte del vencimiento del Boden para evitar así el cepo cambiario. "En este contexto, no tiene sentido desendeudarse a rajatabla. Sí tenía sentido en 2003 o en 2005."

Quien descree del desendeudamiento es Claudio Lozano, economista y diputado del Frente Amplio Progresista (FAP). Recuerda que la deuda bruta es de US$ 179.000 millones, pero esa cifra no incluye el 5% de los bonos del default que no entró al canje y está en juicio, el cupón PBI (que rinde los años en que la economía crece más del 3,2%), el pasivo neto del Banco Central (letras con las que absorbe parte de los pesos que emite) y los intereses adeudados al Club de París (se le dejó de pagar en 2001). "En realidad, la deuda es de 220.000 millones. En este contexto de déficit fiscal, sumamos por año 10.000 millones de deuda", advierte.

Lozano considera que la Argentina debería desendeudarse gravando rentas extraordinarias y sectores exentos y reformulando gastos. Considera que el país sólo debe endeudarse en la medida en que aumente su capacidad productiva y que se cuente con capacidad para saldar las obligaciones.

No impedir el crecimiento

Castiñeira opina que el nivel ideal de deuda es el que no impida el crecimiento, aunque aclara: "Mientras más endeudada está una economía, menos independencia tiene. Por la herencia de deuda de la última dictadura, el país siempre tuvo condicionada su política interna y su crecimiento. Otra cosa es endeudarse para explotar Vaca Muerta [el yacimiento de gas no convencional de YPF en Neuquén] porque se van a beneficiar varias generaciones". Castiñeira destaca el nivel de deuda neta porque el Tesoro no entrará en default con el BCRA o la Anses, a los que puede renovarle vencimientos, pero insiste en que le preocupan más los flujos que los stocks.

Juan Pablo Paladino, coordinador de estudios de Ecolatina, advierte que si un país tiene baja deuda, pero su resultado fiscal primario es deficitario y afronta problemas de crecimiento, está en dificultades. "El actual nivel de deuda es muy manejable para el país, pero seguir con este desendeudamiento, usando reservas, corre el enfoque a si sigue siendo conveniente bajar deuda en dólares con el sector privado o conviene renovarla para no tensar el mercado cambiario. Una deuda baja significa que la generación presente pagará los beneficios de la futura. Pagar el capital de la deuda es muy bueno para el futuro de la Argentina, pero presiona demasiado al sector privado hoy", opina.

En el Gobierno consideran que la decisión de tomar deuda depende de las tasas de interés. En la actualidad, son altas las que le exige el mercado, entre 11 y 15% anual, de acuerdo con la legislación del bono, si es extranjera o nacional. En los despachos oficiales creen que sólo tiene sentido endeudarse si es para financiar gastos que impliquen un alto rendimiento social. En el oficialismo, opinan que el costo de haber usado reservas para pagar el último vencimiento del Boden 2012 es menor. De haberse renovado esa deuda con el sector privado, el Banco Central se hubiese ahorrado US$ 2281 millones, pero en el Gobierno opinan que esos fondos no habrían modificado sustancialmente la posición externa neta (activos menos pasivos, en dólares) ni la macroeconomía del país.

También relativizan el impacto negativo de las colocaciones a la Anses en las jubilaciones futuras porque opinan que, al reducirse la deuda, disminuyen las posibilidades de crisis profundas y, por tanto, se asegura un buen nivel de aportes a largo plazo. Reconocen que el uso de reservas, con la consiguiente emisión de pesos, tiene "potenciales" consecuencias inflacionarias, pero las otras alternativas consistían en tomar deuda cara o ajustar la política fiscal con los "eventuales" efectos contractivos en el nivel de actividad económica justo en la actual desaceleración.

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