Por Natalia Blanc | LA NACION
Hoy vuelve la poética de Bambolenat, sobre el hombre como parte de la naturaleza
05.08.2012 | Publicado en edición impresa
La Compañía Sombras de Arena repone hoy su exquisito espectáculo Bambolenat, estrenado en 2009 en una pequeña sala de Ciudad Cultural Konex. Desde entonces, esta original propuesta multidisciplinaria que combina teatro, artes visuales, títeres de sombra, danza y música en vivo creció y tomó nueva forma sin perder su concepto original: contar una historia poética que logra conmover a espectadores de diversas edades y culturas, sin recurrir a las palabras.
A partir de delicados dibujos con arena realizados en tiempo real y proyectados en una pantalla gigante a modo de escenografía, Bambolenat narra las sensaciones de un hombre frente al mundo, desde el momento de su nacimiento hasta sus primeros pasos y descubrimientos. Aparecen también cuestiones como la fe y el amor y los vínculos que establece con elementos de la naturaleza como el aire y el agua. A lo largo de la obra, el protagonista transita diferentes situaciones y estados anímicos, que el público percibe gracias a un preciso juego de luces y de sombras. Tan universal es el mensaje de Bambolenat que, después de las cuatro funciones pautadas para los domingos de agosto, a las 20, en el salón Siranush (Armenia 1353), se presentará en el festival teatral de Hong Kong, a mediados de septiembre, donde sus creadores dictarán un workshop sobre los secretos de la técnica.
Alejandro Bustos, artista plástico especializado en sand-art (dibujos con arena), y Matías Haberfeld, actor y bailarín, parte del equipo fundador de la compañía, definen al espectáculo como "una película hecha en vivo". Reunidos en el estudio-taller de Chacarita, donde ensayan y mantienen encuentros creativos, ambos explican: "Además del cuento que narramos, el público ve cómo lo contamos: cómo hacemos la música, la escenografía y las sombras. Eso fascina a chicos y grandes, que siguen la trama en estado hipnótico".
El escenario está armado con tres sets: al centro está ubicada la enorme pantalla donde se proyectan los dibujos y se ven los movimientos en las sombras del protagonista y de los títeres de Natalia Gregorio; a un costado se ve a Bustos, concentrado en sus ilustraciones con arena; al otro lado están los músicos Germán Cantero (percusión y bases electrónicas), el multinstrumentista Gabriel Landolfi y Douglas Felis (voz e instrumentos orientales). Por las características de la sala de la calle Armenia, Juan Pablo Sierra, responsable de la puesta en escena, diseñó una especie de living con pufs y sillones en lugar de plateas. Así, los espectadores podrán disfrutar del show cerca de la escena mientras beben un café o un trago en un clima de intimidad generado por la percusión y los sonidos con mantras y cuencos tibetanos.
Bustos y Haberfeld coinciden en que el fuerte de la compañía es el espíritu colectivo. "Fuimos tejiendo entre todos la historia que queríamos mostrar en la pantalla. Fue un aprendizaje grupal, que continúa en cada función, aunque ya dejó de ser un trabajo de experimentación. Hemos conformado una comunión entre los recursos técnicos y los recursos primitivos como la música, el teatro, el baile. La obra tiene que ver con lo que nosotros somos como grupo y con lo que nos gusta contar. Tiene que ver con el mundo sensible, con la esencia humana", dicen a dúo. "La historia habla de la energía del grupo. Hay algo especial en esta compañía, que nos mantiene hace tanto tiempo juntos, y eso se refleja en Bambolenat."
Como en un delicado mecanismo de relojería, cada artista despliega su disciplina en el momento indicado frente a los ojos admirados del público. Para quienes todavía no lo vieron, Bambolenat es una experiencia cautivante que se puede compartir con niños mayores de seis años. Para los que ya lo conocen, ésta es una oportunidad ideal de revivir un viaje cinematográfico de características únicas que empezó hace seis años como un juego artístico entre amigos y creció hasta crear un lenguaje poético propio.