Por Marcelo Stiletano | LA NACION
Colin Farrell anticipó a LA NACION la remake de un clásico moderno del género, que se estrena el jueves
05.08.2012 | Publicado en edición impresa
CANCUN.- Lejos por un rato del protocolo y las formalidades impuestas por los estudios de Hollywood para la promoción de sus producciones más ambiciosas, Colin Farrell se relaja luego de un chapuzón en el mar Caribe. Está solo, bebiendo un trago, en uno de los bares al aire libre del lujoso hotel al que llegó para hablar con la prensa internacional de su nuevo film, la remake de un clásico moderno de la ciencia ficción. Detrás del saludo cortés, el apretón de manos y la breve charla que sellan el circunstancial encuentro en ese lugar con LA NACION, el actor irlandés deja ver su inconfundible semblante, en el que se mezclan una sincera e intensa expresividad y cierta reservada introversión.
Hasta que en un momento ese matiz de agobio que no es difícil descubrir en su mirada se transforma en satisfacción y felicidad cuando menciona a Juan José Campanella. "Usted es compatriota de un hombre sublime -dice sonriente, cargando de entusiasmo sus palabras-. El secreto de sus ojos es una película maravillosa, que me tocó profundamente el corazón. Juan nos demostró allí que también puede haber belleza en una historia triste y con personajes marcados por el arrepentimiento."
Fue el anticipo del encuentro posterior, organizado ahora sí con todas las previsiones y el protocolo, que Farrell compartiría con algunos medios internacionales a propósito de su papel protagónico en la nueva versión de El vengador del futuro, título de culto para los fans de la ciencia ficción, cuyo estreno UIP (Columbia) anuncia para el próximo jueves. Una remake con algunas connotaciones bien diferentes respecto de la original (ver recuadro), que en palabras de Farrell ofrece además "cero humor" y un concepto mucho más próximo al drama y a las secuencias de acción que probaron al máximo el óptimo estado físico de sus protagonistas.
De excelente humor, jugando con un escarbadientes que viajaba una y otra vez entre la mano y la boca, Farrell evocó su temprana vocación por el periodismo (que resignó para consagrarse a su carrera de estrella cinematográfica) y habló de otros sueños de juventud ligados al fútbol y a la música, que en su caso nunca fueron más allá del hobby.
"Esta es mi segunda remake en el cine, después de Noche de miedo -explica- y hacer nuevas versiones siempre entraña riesgos y además tiene algo de tramposo. Están los que te cuestionan por acercarte demasiado al original, casi al borde de la copia, y los que también te cuestionan cuando decidiste apartarte. Al no respetar la fuente, te acusan de traidor. No estoy ni de un lado ni del otro. Creo ante todo que una película, remake o no, siempre tiene que hablar por sí misma y tomar distancia de cualquier comparación.
-Pero en este caso se trata de algo inevitable. La versión original es bastante cercana, fue hecha hace menos de dos décadas.
-Más allá de las diferencias, toda película tiene una matriz común. Tiene que entretener, que ser visualmente inteligente y capaz de movilizar los sentidos y las emociones. En este caso, la característica fundamental que podría marcar distancias con la versión de 1990 pasa por el modo en que se muestra el planeta. La Tierra que se representa aquí es bien diferente a lo que solemos ver en otras películas de ciencia ficción. Es por encima de todo topográficamente distinta. Hay una clara reconfiguración futurista de lo que conocemos como nuestro mundo cada vez que lo vemos en un mapa y eso alcanza, creo, para que esta versión se torne interesante. Ah, y en el fondo creo que las dos películas difieren bastante del relato original de Philip Dick.
-¿Y qué te pasó al volver a ver la película original?
-Pude verla tres o cuatro meses antes de empezar a rodar y mi primera sensación fue de pura diversión y entretenimiento. Los efectos visuales funcionan ahí a la perfección. La película original es deliberadamente divertida y esta remake no lo es para nada, con un tono mucho más serio. No están esas líneas memorables como aquél "¡Considéralo un divorcio!" de Schwarzenegger. Mi personaje dice, en cambio: "Tenemos que separarnos".
-¿Te identificás en algo con tu personaje?
-En que los dos usamos el mismo número de zapatos [risas]. Y seguramente también nos parecemos al mirarnos desnudos en el espejo. Más allá de eso, Douglas Quaid es una hormiga trabajadora. Es, básicamente, un integrante de la clase obrera muy descontento con la vida que le toca. No se siente conectado ni con su mujer, ni con su trabajo, ni con sus amigos. Más que enojado, diría que no es un hombre feliz. Siente que no merece la existencia que le tocó y por eso recurre a ese lugar que le permite experimentar algo diferente: un pasado implantado y distinto, unas vacaciones en el Caribe, una mujer hermosa haciendo el amor con él en un hotel de París. La tecnología podría permitir esas cosas sin dejar la silla.
-¿Y a vos qué te ocurre frente a este panorama?
-Como cualquier otra persona vivo cuestionándome cosas y haciéndome preguntas sobre el sentido de la existencia. Pero al mismo tiempo reconozco muchas cosas hermosas en mi vida y no me puedo quejar de lo que me tocó. La diferencia es que yo puedo cuestionarme y reflexionar sobre este planteo, mi personaje no. Porque en definitiva, y eso es lo atractivo de esta historia, Douglas Quaid va a ese lugar para que le implanten algo que no eligió. No sabe quién es. No sabe quién fue. Y para saberlo está obligado a no confiar en nadie.
-En la película, tu físico es exigido al máximo. ¿Fue el trabajo más complicado de tu carrera en este sentido?
-Alexander fue sin dudas el desafío más fuerte. El vengador del futuro aparece segundo, y muy cerquita. Tuve que prepararme a conciencia durante tres o cuatro meses. Pasaba muchas horas al día en el gimnasio. Y debo reconocer que si bien Alexander me exigió más, nunca sentí una mejor forma física que en el momento del rodaje de El vengador del futuro.
-¿Cómo viviste el hecho de protagonizar una película que tiene también a los efectos visuales como atracción? ¿No quedan muy opacados los personajes reales frente a tanto despliegue digital?
-No percibí esa sensación durante el rodaje. Debe ser porque gran parte de ese trabajo se hizo en sets muy bien construidos. No recuerdo haber trabajado en el cine dentro de espacios tan cuidadosamente hechos. Lo único que se trabajó digitalmente bien a la vista está al principio de la película, cuando me asomo a un balcón para ver la ciudad.
-Curiosamente, después de esta remake habrá una nueva versión de Robocop, otro clásico de ciencia ficción de Paul Verhoeven.
-Paul es un visionario que abrió ventanas asombrosas para este género. Y Robocop, sin duda, es el ejemplo más aproximado de lo que quisimos contar y mostrar en El vengador del futuro.
Viaje en el tiempoEl vengador del futuro se estrenó en 1990, se convirtió en uno de los títulos más celebrados del director Paul Verhoeven, contribuyó a fortalecer todavía más la popularidad de Arnold Schwarzenegger como héroe de acción y, como si fuera poco, hizo que el mundo descubriera a una tal Sharon Stone.
Algo más de dos décadas después, Len Wiseman, artífice de los comienzos de la exitosa saga Inframundo, tomó el proyecto con la idea de hacer una nueva versión. Para ella sumó a su esposa, Kate Beckinsale, que cumple aquí el mismo papel que le tocó a Stone en la original. Además de Farrell y Beckinsale aparecen en el elenco principal Jessica Biel, Bryan Cranston (Breaking Bad) y Bill Nighy.
Aquí, a diferencia del original, no es Marte el destino de quienes aspiran a ver implantados en su cabeza sueños o recuerdos, porque los personajes permanecen en nuestro planeta. La acción se sitúa en un futuro casi apocalíptico, con la Tierra devastada luego de una guerra química. Sólo dos territorios se mantienen en pie: una suerte de Federación Británica en el centro y una periferia instalada en territorio australiano, con ecos del Lejano Oriente, conocida como la Colonia. Allí vive Douglas Quaid, el personaje de Farrell, que se traslada cada día a través de una vía interna (la Falla) hasta la Federación Británica para cumplir con su trabajo de operario.
Como ocurría con Schwarzenegger en el film de 1990, el personaje de Farrell descubre a través de Recall que vive una existencia falsa y que su lugar en el mundo es otro. Pero en este nuevo film, esa condición aparece ligada a una serie de connotaciones políticas y sociales.