El escenario

Muertes que se suman para que nada cambie

Por Silvia Pisani  | LA NACION

06.08.2012 | Publicado en edición impresa

WASHINGTON.- Podría ser un error pensar que la nueva matanza ocurrida ayer en Wisconsin podría conducir a un cambio radical sobre la cultura del rifle que existe en el país y la tantas veces cuestionada facilidad para acceder a armas de fuego sin demasiados controles sobre los antecedentes y la salud mental de quienes las compran.

Por lo pronto, poco parece haber cambiado en el imaginario colectivo, luego de que, hace dos semanas, los tres rifles que disparó un trastornado alcanzaran a 71 personas encerradas en un cine. Doce murieron, 59 resultaron heridas, en lo que marcó un nuevo récord en personas afectadas por uno de estos asesinos solitarios.

Menos conocido es el hecho de que, en los días que transcurrieron a esa espantosa matanza, poco y nada cambió en la percepción de la sociedad norteamericana frente a la facilidad para acceder a las armas, un derecho consagrado por la Constitución.

De acuerdo con un sondeo del centro Pew, sólo un tercio consideró que detrás de aquella masacre se esconde un grave problema social al que no se presta atención. Para el 67% restante, en cambio, la cuestión responde solamente a "hechos aislados" frente a los que nada puede hacerse.

Una reacción similar se había producido ya en enero del año pasado, cuando otro trastornado mató a cinco personas en un acto político en Arizona e hirió gravemente a la legisladora demócrata Gabrielle Giffords que, desde entonces, se convirtió en un símbolo del reclamo para tomar cartas en el asunto.

Pero, al igual que ocurrió con la matanza de Denver, con la de Arizona nada cambió. Y no hay por qué pensar que con ésta vaya a ser diferente. Los que ayer redoblaban su esfuerzo eran los activistas a favor de una mayor regulación de la venta de armas.

"Tenemos que apurarnos. A riesgo de aparecer como explotando la tragedia, trabajamos en el momento de una matanza porque sabemos que se nos escucha. Pasado el impacto, nadie nos presta atención", explicó días atrás a La Nacion Tom Mausher, de la asociación Colorado Ceasefire.

Buena parte de la prensa local clama por el mismo asunto. Pero es una barrera para la clase política, que difícilmente se meta con el control del acceso a las armas y el poder de presión que tiene la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), uno de los grupos de lobby más fuertes del país.

"En los países desarrollados, se suele criticar a Estados Unidos por el fácil acceso a las armas que hay aquí, pero en verdad no llegan a entender la gravedad de la situación", previno, desde The New York Times, la columnista Gail Collins.

Los intentos para un mayor control fracasaron en los últimos 20 años. Ahora vuelve a irrumpir en plena campaña electoral, pero es difícil que eso cambie el curso de las cosas.

Tanto el presidente Barack Obama como su contrincante republicano, Mitt Romney, enviaron condolencias a los familiares de las víctimas y se pusieron a su disposición. Lo mismo hicieron hace 15 días, con la matanza de Aurora, en Colorado.

En esa ocasión, Obama llegó a deslizar que le gustaría "seguir colaborando con el Congreso" para avanzar en un mayor control de la venta de armas. Romney contestó que una regulación más efectiva "no hubiese evitado" la matanza.

Lo más llamativo que ocurrió en estos días fue que dos legisladores demócratas presentaron un proyecto de ley para controlar la venta de municiones por Internet. La norma aún no fue considerada.

La tenencia de armas está avalada en los Estados Unidos por la Constitución. Buena parte de la sociedad lo considera un derecho vital para la defensa propia. Se lo llama "la cultura del rifle", y los políticos que han intentado ir contra ella no son muchos ni tampoco les ha ido bien.

En buena parte de los 50 estados, las principales restricciones para acceder a las armas las padecen los menores de 21 años, aquellos con antecedentes penales e inmigrantes indocumentados. Los demás tienen poca dificultad para acceder a una.

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