18.08.2012 | Publicado en edición impresa

MARIKANA, Sudáfrica.- Los sudafricanos amanecieron ayer en shock y con el recuerdo del apartheid a flor de piel, un día después de la operación de seguridad más sangrienta desde el fin del dominio de la minoría blanca en el país, en la cual 34 mineros murieron por una brutal represión de la policía.
Llenos de cuestionamientos, los grandes diarios imprimieron titulares, como "Baño de sangre", "Campo de muerte" y "Matanza en la mina", con fotografías gráficas de oficiales de policía fuertemente armados caminado junto a cuerpos ensangrentados de hombres negros.
Las imágenes, junto con las grabaciones que mostraban agentes disparando con armas automáticas contra un grupo de hombres, reavivó recuerdos incómodos de la época del racismo a ultranza en Sudáfrica, que llegó a un fin en 1994 con las primeras elecciones multirraciales del país, en las que triunfó Nelson Mandela.
La violencia estalló en los alrededores de las minas de platino de Marikana, cuando los oficiales abrieron fuego contra 3000 operadores de perforación en huelga, que estaban armados con machetes y palos. Ayer, la jefa de la policía Riah Phiyega confirmó 34 muertes y 78 heridos.
Phiyega, una ex ejecutiva bancaria que apenas fue nombrada en junio para encabezar a la fuerza policial, dijo que los efectivos actuaron en defensa propia contra asaltantes armados en la planta de platino Marikana de la compañía Lonmin.
"Los miembros de la policía tuvieron que emplear la fuerza para protegerse del ataque del grupo", declaró en una conferencia de prensa, y recordó que el martes dos efectivos habían sido golpeados con machetes hasta la muerte por una multitud en la mina.
Las protestas, consideradas ilegales, empezaron la semana pasada, con una reivindicación de un grupo de mineros que exige triplicar su salario, hoy de 4000 rands mensuales (486 dólares).
La matanza de Marikana fue la intervención policial más sangrienta desde 1985, cuando la policía mató a 20 manifestantes negros que protestaban contra el régimen segregacionista del apartheid.
Esta vez fueron policías negros quienes abrieron fuego contra mineros también negros cuyas condiciones materiales de vida experimentaron escasas mejoras desde la instauración de la democracia multirracial.
Sin embargo, el Instituto Sudafricano de la Raza comparó el incidente a una masacre ocurrida en 1960, en la localidad de Sharpeville cerca de Johannesburgo, cuando la policía de tiempos del apartheid abrió fuego contra una multitud de manifestantes negros, y causó la muerte a más de 50.
"Obviamente los asuntos que llevaron a esto no son los mismos del pasado, pero la respuesta y el resultado son muy similares", dijo la directora de investigación del centro, Lucy Holborn.
En un editorial de primera página, el periódico Sowetan preguntó si algo había cambiado desde 1994, cuando Mandela dejó atrás tres siglos de dominación blanca para convertirse en el primer presidente negro de la mayor economía del continente. "Esto ocurrió antes en este país donde el régimen del apartheid trató a la gente negra como objetos", dijo el diario, nombrado en homenaje al mayor municipio negro de Sudáfrica, sostuvo. "Ahora eso continúa bajo una forma distinta", agregó.
Por su parte, el presidente Jacob Zuma suspendió una visita a una cumbre regional en la vecina Mozambique para dirigirse a la mina.
Zuma, que afronta en diciembre unas elecciones internas por el liderazgo del partido gobernante Congreso Nacional Africano, dijo que estaba "impactado y consternado" por la violencia, pero no hizo comentarios sobre el comportamiento de la policía. "No sabemos de dónde procede esta violencia, pero está claro que es un asunto muy serio", afirmó Zuma, en el centro de conferencias de la mina.
Ayer, en el caserío de chozas de madera y chapas en los altos de los depósitos de la riquísima mina, unas cien mujeres denunciaban la violencia policial, con los cantos y danzas usados hasta hace dos décadas para denostar al apartheid. "La policía vino aquí para matar a nuestros maridos, a nuestros hermanos. ¡A nuestros hijos!", clamaba una de ellas, Nokuselo Mciteni, de 42 años
Agencias AP, Reuters y EFE