Ni el método empleado ni los resultados obtenidos en los exámenes de Medicina de La Plata han satisfecho las expectativas
19.08.2012 | Publicado en edición impresaEN días recientes se tomaron las pruebas de ingreso en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata. Las materias examinadas fueron cuatro que, sumadas a otras cuatro que se administrarán al fin del segundo semestre del año, completarán las condiciones para incorporarse en el primer año de la carrera. Los exámenes fueron de carácter objetivo, construidos según el formato de la elección múltiple y en ellos se registraron los siguientes porcentajes de aprobados: Biología, 64%; Comprensión de Textos, 46%; Química, 44% e Historia de la Medicina, 39%. Un dato muy llamativo en el total de resultados es que sólo cinco aspirantes al ingreso aprobaron las cuatro materias.
Esos porcentajes reiteran resultados semejantes de años anteriores. Según el juicio del decano Jorge Martínez, "no ha cambiado demasiado". En cuanto al actual ingreso, es de prever que la cantidad de aplazados determinará que más de la mitad de los aspirantes queden fuera de la carrera. Los resultados no convencieron a los estudiantes ni a muchos de los padres, de ahí que se formularan severas críticas al tipo de examen y al contenido de las preguntas, sobre todo a las que se plantearon en Historia de la Medicina, calificadas de "insólitas". Todo eso llevó a que algunos estimasen que las autoridades de la facultad están promoviendo una política de reducción en el número de ingresados.
La delicada cuestión latente acerca de la validez de las pruebas puede ser analizada, en términos generales, desde una perspectiva técnica y, en particular, en lo referente a Historia de la Medicina. Las aplicadas en el ingreso deben ceñirse a una serie de condiciones, entre ellas: validez, que está presente cuando la prueba realmente mide aquellos conocimientos que son los que se pretenden al construirla; confiabilidad, que asegure una medición consistente; objetividad en el contenido y su enunciado, de manera que admita una sola respuesta y sólo una.
En lo que concierne al método empleado de elección múltiple, cuando ha sido bien construido, se trata de un recurso probado, con la ventaja de una pronta y objetiva corrección. Esto no impide que se puedan formular reparos si se lo compara con otros criterios de medición o resulte insuficiente en cuanto a los objetivos que se pretenden medir. Hay que agregar que en el análisis de la correcta construcción de una prueba corresponde considerar la cantidad de respuestas acertadas y equivocadas que se han registrado. Un porcentaje menor al 50% en los aciertos, ya sea en una respuesta o en el total de la prueba, indica exceso de dificultad; si es a la inversa y el porcentaje es mayor al 50%, puede estimarse como demasiado fácil.
Estas referencias, confrontadas con los resultados de las pruebas de ingreso, revelan la necesidad de una crítica de lo actuado, para perfeccionar la calidad y confiabilidad de la prueba, de manera que se disipen las dudas acerca de una política de reducción del número de ingresos. En caso de que así fuera el propósito de las autoridades, habría que replantear francamente la cuestión y seguir luego las vías normativas que correspondan para lograr una fundada legitimación del método de ingreso.