Por Pablo Sirvén | LA NACION
En Bajada de línea se justificó la apología de delitos graves hecha por algunos presos
20.08.2012 | Publicado en edición impresaDesde que trascendió la existencia de Vatayón Militante y de las "salidas culturales" de presos sentenciados por gravísimos delitos, nuestra capacidad de asombro se ha visto desbordada. Es que este tipo de alarmantes noticias parecen más un guiño a la delincuencia y a la inseguridad reinante que a establecer políticas penitenciarias racionales. Los que delinquen tienen la sensación de que no sólo no son perseguidos, sino que el poder institucional los mira de manera indulgente como meras víctimas del sistema y hasta, quizá, como eventuales aliados.
Que los detenidos deben purgar sus penas en lugares dignos donde no sean sometidos a excesos y, en cambio, reciban un trato adecuado que permita, cumplidas sus condenas, su reinserción en la sociedad está fuera de toda discusión.
Pero eso, desde luego, no incluye que las autoridades de los penales confundan sus papeles cediendo a una confraternidad inconveniente, por ejemplo, participando de murgas, mezclados con condenados por crímenes aberrantes, como se ha visto al director del Servicio Penitenciario Nacional, Víctor Hortel.
* * *El mundo carcelario ha atravesado en nuestra televisión distintas etapas, de acuerdo con los vientos políticos que van soplando en cada época. Por mucho tiempo fue un tema tabú, en otros momentos se lo invocó risueñamente (el cómico vestido con uniforme a rayas) o dramáticamente (heroínas de teleteatro encerradas injustamente). Hasta hubo telenovelas de Alberto Migré, como Mujeres en presidio (1967) y Mi hombre sin noche (1974), por citar dos de los más renombrados ejemplos, o miniseries más duras como Tumberos (2002).
El tema carcelario sólo emergía en los noticieros en ocasión de motines. Desde la década pasada, con la aparición de docudramas al estilo de Policías en acción, e innumerables sucedáneos, las cámaras de TV empezaron a ingresar más seguido a las prisiones y a darles voz e imagen a muchos de sus habitantes e historias, aunque siempre contadas desde el asombro y el estereotipo. Ahora llegó la hora de la "comprensión", pero de las rejas para adentro. Y de que la sociedad "pague" la violencia que desató.
* * *Lo que ocurrió el domingo de la semana pasada en Bajada de línea podría despertar en algún representante de la Justicia o simplemente en un ciudadano común la imperiosa necesidad de denunciar al ciclo por posible apología de delitos graves, por la manera tan desaprensiva con que fue encarada la delicada cuestión.
"Nuestro programa siempre trata de abrir puertas en este mundo de rejas en el que hablamos sin conocer demasiado lo que pasa adentro", dijo el conductor Víctor Hugo Morales, mientras caminaba por delante y por detrás de rejas más amables: las que circundan elegantes edificaciones europeas (el formidable relator deportivo charrúa estuvo más de 20 días en Europa por los Juegos Olímpicos y el partido Argentina-Alemania).
"El modelo de acumulación capitalista necesita gente presa para poder funcionar", expresó con cierta liviandad que muchos considerarán de intolerable cinismo, si se tiene en cuenta que la cara visible del envío impartió estas máximas desde el mundo desarrollado, mientras jugaba visualmente con "rejas" que tienen un uso muy distinto del que pretende sugerir. Pero eso no es lo más importante ni grave.
Machacar sobre que el pobre roba porque la sociedad es injusta no sólo es un prejuicio injusto y perverso, sino también peligroso. El robo no tiene un anclaje social: con dineros malhabidos se quedan personas de todos los segmentos de la sociedad. Pero lo que está claro es que la inmensa mayoría se gana su sustento honestamente.
Instalar, como algo ya predeterminado, que el pobre roba es un concepto reaccionario, medieval y falso. Los millones que se levantan al alba para ir a las fábricas y los que atienden sus trabajos por pagas muchas veces miserables sin jamás quedarse con algo ajeno no merecen ese estigma. Y, por cierto, es el Gobierno el que debe procurar mejorarles sus condiciones de vida.
Lo tremendo no es que un preso desde la cárcel de Marcos Paz diga lo siguiente: "Lo primero que tenemos al alcance son las balas y de bronca no más capaz le das un tiro a uno porque no te quiso dar trabajo. Tampoco vas a ir a lavar platos por dos pesos. Ponele que fuiste a robar y te llevaste 50.000 pesos. Si trabajás, eso lo ganás en el año". La impunidad está en que ni el conductor ni los expertos hayan reparado en que hay millones de personas que ganan mucho menos de esa cifra anual y no por eso dejan de ser ciudadanos probos.
Otro recluso interroga a un tercero: "¿Por qué un empresario puede robar millones y millones de pesos y vos caíste hace dos semanas por el robo a una casa?" El que responde se victimiza: "Nosotros vamos a robar con nuestra sangre y ponemos el pecho". Silencio nuevamente del conductor y de sus expertos.
Peor todavía es ver y escuchar la letra del "Cuplé de la violencia", por la murga Agarrate Catalina: "Vos me mandás la yuta y yo te mando para el cajón". Al nadie explicar nada, produce violencia en todos los sentidos: los que están en el delito, o a punto de caer en él, encuentran un bienvenido justificativo; los amigos de imponer "mano dura" ven exacerbados sus prejuiciosos odios. El programa, sin dudas, busca provocar, pero ¿a qué costo? Afortunadamente, su audiencia es escasa y entonces su impacto es bien reducido. Pero hay una venia oficial informal para que el ciclo perdure con estos mensajes en el aire.
Presenta también Bajada de línea a Camilo Blajaquis, con el rótulo "De pibe chorro a poeta". Escuchémoslo: "Si te sembraron violencia vas a cosechar violencia, que la sociedad no se queje de la inseguridad. No sé si el pibe sale a recuperar lo que la sociedad no le dio o a vengarse. Es una manera de equilibrar la balanza".
No hay contención de ningún tipo para esta clase de declaraciones que se entienden por provenir de quienes las emiten, pero que no deberían ser justificadas por los "entendidos" que son invitados a dar sus opiniones.
Una parte interesante del programa fue cuando las cámaras mostraron a José León Suárez como el "parque temático de la pobreza", por el trabajo poco reconocido de los recicladores en el basural al costado de la villa y frente a la cárcel. Todo junto y en muy pocos metros. La pregunta que ninguno de los expertos convocados ni el conductor se hicieron fue: ¿por qué nueve años después de comenzado el "modelo" kirchnerista estas situaciones siguen pendientes sin visos de mejorar mientras se dilapidan millones en el Fútbol para Todos y en subsidios masivos, pésimamente distribuidos?
Habla también Alejandro Salvatierra, dirigente vecinal de la villa 15 y uno de los líderes de la luctuosa toma del parque Indoamericano en 2010. Se ven partes de una exposición en que el juez de la Corte Eugenio Zaffaroni y Horacio Verbitsky asimismo desarrollan sus visiones garantistas.
"Ya no es suficiente cambiar de partidos; cambiemos la forma de gobernar", se arriesga el movimiento de protesta mexicano #132. Se escucha: "La violencia ejercida desde los propios Estados regresa potenciada". Campea en el programa la idea de la insurrección popular y, por supuesto, los medios de comunicación son nuevamente demonizados y culpados de todo.
El programa, encolumnado con el oficialismo, no cree en el efecto disuasivo de las políticas y discursos públicos activos en materia de seguridad por el prurito de parecer "de derecha". Los delincuentes, en cambio, no hacen distingos entre sus víctimas: el realizador de Bajada de línea, Tristán Noblia, también fue recientemente asaltado junto a su familia en su casa.