El escándalo del Vatileaks

Los cerebros detrás del mayordomo del Papa, un misterio

Por Elisabetta Piqué  | LA NACION

El robo de documentos secretos habría sido instigado desde las altas esferas del Vaticano

20.08.2012 | Publicado en edición impresa

ROMA.- ¿El mayordomo es el culpable? El lunes pasado, después de 75 días de interrogatorios e investigaciones, la magistratura vaticana decidió que procesará por hurto agravado a Paolo Gabriele, el mayordomo infiel del Papa. Si no recibe antes la gracia del Pontífice -algo posible, visto que le pidió perdón en una carta-, Gabriele arriesga entre uno y seis años de cárcel.

La justicia vaticana también llevará al banquillo a otro laico, Claudio Sciarpelletti, técnico informático de la Secretaría de Estado del Vaticano, acusado de "favorecimiento", un delito menor. El proceso será público y se hará en el palacio del tribunal en el Vaticano después del 20 de septiembre y antes de noviembre.

No es casual el interés mundial. Aunque el caso parecería estar resuelto -el mayordomo es el culpable de haberle robado al Papa documentos reservados, que le pasó al periodista Gianluigi Nuzzi, autor del libro Su Santidad, las cartas secretas de Benedicto XVI -, sigue habiendo demasiados misterios.

¿Quiénes ordenaron secretamente el hurto agravado cometido por Gabriele, persona que, según los mismos peritajes psicológicos efectuados, aparece como alguien fácil de manipular e incapaz de haber actuado sola?

Si uno lee atentamente las 40 páginas de la requisitoria del fiscal y de la sentencia del juez, salta a la vista que el VatiLeaks va más allá del mayordomo. Por más que Gabriele haya confesado haber actuado tras ver el "mal y la corrupción" de la Iglesia, este móvil carece de fuerza. La sospecha es que otras personas, de altas esferas, quizá prelados, puedan haberlo inspirado a actuar.

En los contradictorios interrogatorios de Sciarpelletti -arrestado el 25 de mayo y liberado bajo fianza al día siguiente-, aparecen tres nombres (cifrados con las letras X, Y y W) de personas que le dejaron al empleado informático de la Secretaría de Estado documentos para entregarle al mayordomo del Papa.

"Recuerdo haber recibido de W un sobre para darle a Gabriele...", reveló Sciarpelletti, según los papeles divulgados por la Santa Sede. "Paolo Gabriele me pidió si podía reunirme con W, para, a través suyo, conocer a Y", agregó. "Recuerdo ahora haber recibido un sobre similar por parte de X en diciembre de 2011 o enero de 2012", puede leerse, en la misma declaración de Sciarpelletti.

¿Quiénes son X, Y y W? En la requisitoria y sentencia de la magistratura vaticana aparecen un total de 25 nombres protegidos, ocultos con letras de la A a la Z. De éstos, sólo trece son testigos. Entre ellos, aparece un misterioso "padre espiritual B", del mayordomo, a quien Gabriele le dio fotocopias de los mismos documentos que le pasó a Nuzzi, pero que él prefirió destruir.

Gabriele es descripto por los peritos que lo evaluaron a nivel psiquiátrico como un hombre inestable, "manipulable", pero no como un loco. Siempre según las actas del sumario, el 23 de mayo pasado -día del arresto del infiel servidor del Papa-, fue el mismo secretario privado de Benedicto XVI, Georg Gaenswein, quien le comunicó a Gabriele la noticia.

Entonces, según el testimonio de Georg, "éste dijo que de este modo había sido encontrado el chivo expiatorio de la situación". "Muy fríamente, después me dijo que estaba tranquilo y sereno, porque tenía la conciencia limpia", agregó.

¿El mayordomo es el culpable? Sin dudas, él fue quien robó los documentos, tal como confesó. Pero no actuó solo. Los mismos magistrados en sus actas destacaron que cerraban "parcialmente" la investigación, porque, es evidente, el thriller no está esclarecido.

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