Por Silvia Pisani | LA NACION
20.08.2012 | Publicado en edición impresa

WASHINGTON.- En discreto silencio a lo largo de todo el día, la Casa Blanca pareció quedar ayer en incómoda posición ante la encerrona diplomática a la que, ante los medios de todo el mundo, la empujó el fundador del sitio de Internet WikiLeaks en alianza con buena parte de los países de América latina.
Julian Assange, el excéntrico ex hacker y fundador de WikiLeaks, es enemigo declarado del gobierno de Barack Obama, que podría acusarlo de "traición" por la revelación de documentos secretos, tanto diplomáticos como militares, de Washington.
Para quien se juega la reelección dentro de 80 días, no parece redituable encontrar a un adversario que lo ridiculiza ante los medios de comunicación del mundo.
"El pueblo, unido, jamás será vencido", coreaban ayer sus seguidores reunidos frente a la embajada ecuatoriana en Londres, desde cuyo balcón Assange le pidió a Obama que "detenga la caza de brujas".
También, de paso, el australiano le exigió que libere al soldado norteamericano Bradley Manning, a quien Assange elevó a la categoría de "héroe".
Preso desde hace dos años y a la espera del proceso judicial, el gobierno norteamericano lo acusa de ser el responsable del "robo" de centenares de miles de documentos militares que luego fueron filtrados por WikiLeaks.
Aquel escándalo de 2010 incluso obligó a la Casa Blanca y al Departamento de Estado a disculparse ante varios líderes mundiales por las comprometidas filtraciones.
La referencia a Manning es una gota más en la tensión que viene escalando en intensidad en los últimos cinco días y de la que, de manera sutil, el gobierno del ecuatoriano Rafael Correa reprocha a Washington.
Hasta ahora, la única posición pública que adoptó el gobierno de Obama fue la de negar intervención alguna.
"No nos hemos involucrado" en esta cuestión, que consideramos "un asunto bilateral entre Quito y Gran Bretaña", sostuvo formalmente el Departamento de Estado.
Pero anoche una de las impresiones en esta capital apuntaba a que, más que un cruce de supuestas responsabilidades políticas, lo que se estaba pasando era un mensaje para abrir una puerta de salida a este conflicto.
La hipótesis se nutre en el hecho de que, por debajo de todo en esta crisis, lo que late es el temor de Assange al fantasma de que el derrotero judicial con el que está amenazado -y cuya primera escala sería Estocolmo- termine en un proceso en Estados Unidos y en una condena a la pena de muerte. Nada ha ocurrido aquí que indique ese camino. Pero su defensa se maneja con esa hipótesis y para prevenirla busca garantías.
GarantíasMás allá de la bravata verbal, el llamado de Assange a "terminar con la caza de brujas" parecía exponer exactamente eso: la pretensión de una garantía para iniciar "conversaciones" tendientes a destrabar este nudo diplomático a varias bandas -Ecuador, Gran Bretaña, Suecia y Estados Unidos, para empezar a contar- y facilitar una salida.
Esa es la respuesta que en las próximas horas se buscará del gobierno norteamericano, al que le pesa en contra no sólo la campaña electoral, sino, además, la escasa simpatía que existe en el Congreso norteamericano -ahora en receso- hacia las políticas del presidente Correa, un feroz crítico de Washington y aliado del venezolano Hugo Chávez, demonizado en Washington.
"¿Por qué seguimos siendo blandos con gobiernos que no son aliados nuestros?", clamaron, días atrás, senadores de ambos partidos en una reunión del Comité para el Hemisferio Occidental de ese cuerpo. Se referían a Ecuador, cuyos lazos con Irán tienen bajo la mira.
No parece que dar cobijo a una persona sospechosa de "atentar" contra "la seguridad" de la "sociedad norteamericana" mediante la divulgación de material confidencial ayude a mirar mejor al gobierno de Quito.
Desde que, hace dos años, Julian Assange divulgó documentos diplomáticos norteamericanos así como material referido a las guerras de Irak y de Afganistán, Washington lo calificó como un "anarquista" cuyas acciones "pusieron en riesgo" a la sociedad norteamericana, de acuerdo con la posición del Departamento de Estado.
Esa es ahora la persona que está pidiendo "garantías" de no ser extraditada a este país y una respuesta concreta de Obama, en plena campaña electoral y con los republicanos sobrevolando en círculo, a la espera de una ocasión para atacar a su contrincante.