El enorme predio que ocupa el hospital Moyano será sede de dependencias del gobierno de la ciudad Foto: Hernán Zenteno
No hay motivos para dudar de que el cierre de los hospitales Braulio Moyano y José Tiburcio Borda, sobre el que ayer informó La Nacion, está inspirado en un programa de modernización del sistema público de salud mental de la ciudad de Buenos Aires. Pero esa decisión posibilitará la que, acaso, sea la operación más ambiciosa del gobierno de Mauricio Macri: el emplazamiento de un centro cívico en esas casi 40 hectáreas del barrio de Barracas que quedarán libres.
Hasta esa zona, situada en la Comuna 4, según la nueva organización administrativa de la ciudad, serán llevadas casi todas las dependencias del gobierno porteño, que hoy se distribuyen en unos 50 edificios. También la sede de la jefatura, ubicada frente a la Plaza de Mayo desde 1892, se trasladará a esa área.
El palacio de Bolívar y Avenida de Mayo, construido en tiempos del intendente Francisco Bollini, se convertirá en un centro artístico conectado a la Casa de la Cultura, que hoy ocupa la antigua sede del diario La Prensa. La Legislatura es una de las pocas instituciones que mantendrán su alojamiento, en Perú e Hipólito Yrigoyen.
Este plan de reforma para la zona sur de la Capital es uno de los secretos mejor guardados de la administración metropolitana. Está en manos del ministro de Desarrollo Urbano de la ciudad, Daniel Chaín, quien aspira a llamar a una licitación internacional para el proyecto dentro de los próximos 60 días.
El criterio que preside esta reurbanización es que el área no se vuelva fantasmagórica durante las horas en que las oficinas públicas estén cerradas. Se pretende que ese centro administrativo cobije las actividades cotidianas de cualquier barrio. Por eso, en su diseño, están comprometidos los ministros de Cultura, Espacio Público, Desarrollo Económico, Hacienda y Salud.
La iniciativa de llevar el gobierno de la ciudad hacia los barrios del Sur, como un modo de desarrollar esa zona, cumple con anuncios muy reiterados del jefe de gobierno durante la campaña electoral. Desmiente, en alguna medida, a los médicos que afirman que la clausura del Borda y el Moyano enmascara un negocio inmobiliario.
Sin embargo, es bastante previsible que, con esta reconversión, la ciudad ofrezca una fabulosa oportunidad a los empresarios de bienes raíces. No sólo porque los edificios que en la actualidad alojan a agencias destinadas a mudarse serán puestos en venta.
Desarrolladores importantes confiesan que ya es imposible encontrar en el área circundante al nuevo emprendimiento de Barracas algún terreno o edificio de valor. Al parecer, todos fueron adquiridos, aunque es difícil saber la identidad de los compradores.
Tarea para investigadores suspicaces: localizar a quienes llenarán sus bolsillos por haberse enterado más temprano de que Macri puso su corazón mirando al Sur.
Es imposible saber si esta ambiciosa iniciativa dará a la gestión de Pro una marca de la que todavía carece. Quedó claro que ese emblema no será la política de seguridad. El alcalde apostó, contra el consejo del propio ministro del área, Guillermo Montenegro, a la creación de una fuerza propia que tardará dos años en constituirse. Se trata del plan que, en su momento, había elaborado el diputado Eugenio Burzaco bajo la inspiración del comisario Jorge Palacios, principal asesor de Macri y de Montenegro en este programa.
De festejosEn el gobierno nacional festejan. Entienden que la trampa que le tendieron al líder porteño funcionó a la perfección: habilitar mediante la reforma de la denominada ley Cafiero la creación de una policía local para, después, negar la transferencia de los fondos necesarios para constituirla, con el argumento de que la Nación no debe financiar la seguridad del distrito porteño.
El macrismo no consiguió desbaratar la falacia: en este momento y a través del presupuesto de la Policía Federal, la Nación financia la seguridad en el distrito. Ahora, la oposición kirchnerista de la Capital se dispone a pedir a Macri que acelere la creación de su policía cada vez que haya un incidente desagradable en la Capital.
Si la gestión de Seguridad no será, al menos por ahora, el ícono del gobierno del ex presidente de Boca, tampoco su gestión consiguió dar hasta el momento un golpe de efecto en cuestiones tan demandadas como la limpieza de las calles, el arreglo de las veredas o la contaminación visual (cuestión que acaba de provocar una saludable revolución en San Pablo, por ejemplo). Por no ir a asuntos más complejos, como la gestión del tránsito o las inundaciones.
Bogotá, Barcelona, Madrid, El Cairo, Ciudad de México, por mencionar metrópolis de distinto porte y riqueza, ofrecen muchos aciertos en soluciones urbanas de bajo costo y rápida instrumentación. En la London School of Economics, el arquitecto Richard Burdetts creó el atractivo "Cities Program", alrededor del cual se formó una red internacional de alcaldes.
La expresión más interesante de esa iniciativa fue la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2006, consagrada al estudio de 16 ciudades entre las que, claro, no estaba Buenos Aires. Son fuentes en las cuales el gobierno de Macri podría abrevar.
En el gabinete porteño existe preocupación por la demora en dar un giro que revierta la imagen de decadencia que ofrece la ciudad en tantos aspectos.
La estrategiaLa estrategia más aceptada hasta ahora fue la elaboración de un plan intensivo que ataque varios problemas (calidad de las veredas y calles, iluminación, polución visual, limpieza, tránsito, etc.) de manera simultánea en un recorte urbano que resulte muy visible. Se eligió la zona del Centro, es decir, la que circunscriben las avenidas Leandro N. Alem, Rivadavia, Callao y Santa Fe.
Además de un programa de administración, este tratamiento de emergencia podría ser un plan de campaña si, como está previsto por ley, el próximo 10 de agosto se eligiesen las autoridades de las 15 comunas en que quedó dividido el mapa de la ciudad. De realizarse esos comicios, serían la única disputa electoral del año en todo el país.
Por Carlos Pagni
Para LA NACION
04.04.0809:15