En la ruleta del torneo Apertura todo puede cambiar. Pensar que antes de que Boca jugara con River, San Lorenzo disfrutaba de la cima y le llevaba ocho puntos de diferencia... El equipo de Carlos Ischia venía en baja y debía ir al estadio Monumental. Muy pocos eran capaces de apostar que iban a conseguir, a partir de allí todos los puntos en juego. Ni eso ni que el Ciclón, con su andar sólido y eficaz, perdería ocho de las últimas nueve unidades en disputa.
Las cuatro victorias consecutivas de los xeneizes ante River (1-0), Central (2-1), Banfield (1-0) y San Lorenzo (1-0) le devolvieron la vida en el certamen local y, por primera vez en varias fechas, lo ubican en una posición de privilegio: no sólo por la primera ubicación, sino también porque depende de sí mismo para ser campeón, algo que hasta la fecha pasada sólo era propiedad de San Lorenzo y Tigre. ¿Cuáles fueron las claves del resurgimiento de Boca?
1. El grupo se antepuso a la interna. Si bien los jugadores no se hicieron más amigos tras la exclusión de Mauricio Caranta ni la pelea entre Juan Román Riquelme y Julio César Cáceres, el grupo, liderado por Martín Palermo, se reunió justo antes del partido decisivo con River para decirse de todo frente a frente, dejar cada postura clara y coincidir en que, más allá de las diferencias, todos iban a tirar para el mismo lado. En otro momento o en otro grupo, no se hubiesen buscado las soluciones. Total, a lo sumo se hubiera ido el entrenador (el fusible de siempre) más algunos futbolistas y la vida hubiera continuado. Pero no. En medio del cabaret y las desprolijidades, tras el caos todos pusieron a Boca por encima de todo. Por lo menos, hasta nuevo aviso.
2. Las decisiones de Ischia. El mayor mérito del entrenador fue que empezó a evaluar momentos puntuales y se jugó por eso. Como ayer puso como titular a Pablo Mouche por Noir, antes hizo lo mismo con Javier García y Caranta; le dio minutos a Gaitán por encima de Gracián y a Viatri antes que Figueroa, independientemente de los carteles o las trayectorias. Otra prueba fue cuando se decidió por Facundo Roncaglia o Juan Forlín para reforzar la defensa. Después, se lo podrá apuntar por forzar muchas veces un Riquelme irreemplazable o algún cambio, pero en general las modificaciones que hace son acertadas.
3. El factor anímico. Además del valor de los resultados y pese a sufrir sofocones por momentos, Boca fue superior a los últimos rivales que enfrentó y, anímicamente, se vio potenciado porque entre los escollos que superó estaban nada menos que River y San Lorenzo. Ayer, además, influyeron las ganas del plantel de dedicarle el triunfo a Pedro Pompilio, presidente del club que falleció el jueves pasado. Fue otro impulso para la sed de revancha.
4. Los rendimientos individuales. Riquelme no mejoró en su estado físico, pero fue más gravitante en el juego de Boca. Desde la inteligencia para moverse frente a River, un nuevo centro para Viatri en el 1-0 a Central, hasta el gol que anotó ayer frente al Ciclón. Sin estar al ciento por ciento, se las arregla para marcar diferencias. Viatri sigue defendiendo en la cancha su titularidad: ayer no convirtió, pero fue importante. Como Gaitán, que cada vez que entra aporta su granito de arena. Igual que Roncaglia, que con su actitud se ganó a la hinchada y sin sobreactuar. Igual que Battaglia, emblema del resurgimiento. Igual que Paletta, que también creció en la adversidad.
En líneas generales, todo Boca se reacomodó. No ganó la batalla final, pero se levantó y se puso en guardia ante las realidades de San Lorenzo y Tigre. Recuperó fuerzas y, decidido, va por más.
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