
Por Marcelo Stiletano
De la Redacción de LA NACION
"James Bond volverá" (James Bond will return ) es una frase que los fanáticos de 007 repartidos por todo el mundo conocen bien. Es una de las tantas señales que marcan a fuego una serie cinematográfica nacida en 1962 y a estas alturas inoxidable, como el tema musical compuesto por Monty Norman y la secuencia animada de los títulos iniciales. Lo que pocos imaginaban era que ese "James Bond volverá" con el que se cierran los créditos finales, para abrir las puertas a una nueva aventura, cobraría ribetes inusuales desde que Barbara Broccoli y su medio hermano Michael G. Wilson -herederos del legendario productor Albert R. Broccoli y, por lo tanto, "dueños" intelectuales de 007- decidieron reinventar al personaje y recomenzar desde cero su historia a través de un nuevo rostro, el de Daniel Craig.
James Bond regresa mañana en Quantum of Solace, la película que ocupa el número 22 en la extensa lista iniciada con El satánico Dr. No . Y lo hace -por segunda vez de la mano de Craig- en compañía de un par de llamativos hitos, que no hacen más que profundizar la idea del renacimiento de 007. Por lo pronto, Quantum of Solace se inicia una hora después del final de Casino Royale , momento en el que nuestro héroe atrapa al enigmático señor White (Jesper Christensen) y pronuncia, por primera vez en boca de Craig, las emblemáticas palabras con las que pasó a la historia en términos de identidad: "Mi nombre es Bond, James Bond".
Primera secuelaEn consecuencia, estamos por primera vez en los 46 años de recorrido cinematográfico de 007 frente a una secuela hecha y derecha. Pero no será este llamativo detalle el único en términos de novedad: Quantum of Solace es la película de duración más breve (106 minutos) de toda la historia de Bond, casi como para acentuar la idea de que se trata de un complemento -con peso e identidad propias- de Casino Royale . Y en tren de inauguraciones, también por primera vez un dúo (Alicia Keys y Jack White) interpreta el tema central, otra de las marcas indelebles del "modelo Bond" en la pantalla grande.
El título del film se corresponde con un brevísimo cuento de 26 páginas escrito por Ian Fleming -creador de Bond- en 1960 y, según cuentan los expertos, no abunda en situaciones de acción y de intriga. Más bien se limita a una aparentemente banal conversación protagonizada por Bond en medio de un cóctel en alguna isla del Caribe.
Ese título, que Columbia estrenará mañana entre nosotros y que conserva con exactitud el original en inglés, no remite tanto a hechos narrados por Fleming y correspondidos en el film, sino con un estado de ánimo. Habla de esa "pizca de consuelo o de bondad" que guarda Bond en su corazón devastado después de la pérdida, en los tramos finales de Casino Royale, de Vesper Lynd (Eva Green), la misteriosa espía de la que se había enamorado mientras seguía los pasos del siniestro Le Chiffre. Buena parte de los justificados elogios cosechados por Casino Royale se referían al modo en el que Craig retrataba allí a un Bond oscuro, violento y vengativo, distinto al que había conocido anteriormente el cine y, a la vez, más cercano a la inspiración original de los textos de Fleming.
Ahora, las ansias de venganza de Bond frente a la irreparable pérdida de Vesper Lynd se mezclan con una trama en la que abundan las conspiraciones, los agentes dobles, las traiciones, otra inquietante presencia femenina (la ucraniana Olga Kurylenko) y la incontenible ambición del villano de turno, Dominic Greene, personificado por el notable actor francés Mathieu Amalric ( La escafandra y la mariposa ). Detrás de un disfraz de filántropo ecologista, Greene pretende adueñarse de estratégicos recursos naturales sudamericanos. Para ser preciso, los busca en Bolivia, donde tiene como aliado a un siniestro dictador militar, un detalle que no les hizo mucha gracia a los bolivianos -que elevaron una protesta diplomática formal- y tampoco a los chilenos, ya que la producción eligió el desierto cercano a Antofagasta para rodar algunos de los tramos centrales del film y ambientarlos como si fueran bolivianos, pasando por alto el eterno diferendo entre ambos países por la salida al mar.
"El mundo en el que vive Bond en esta película es un verdadero lío. Todo está dado vuelta. Todo está pensado para que salga al revés. Nadie confía en nadie", señala Craig sobre el escenario general que rodea a un film en el que las peleas cuerpo a cuerpo y las persecuciones cargadas de adrenalina prevalecen sobre el humor o los sofisticados gadgets tan habituales en otros films de 007.
Lo que no cambió es un rodaje de alto costo (más de 200 millones de dólares), que dio la vuelta al mundo, pasando por Italia, Austria, Panamá y, por supuesto, Londres. Tampoco la presencia de la infaltable M, a cargo de Judi Dench. Y mucho menos la frase que vuelve a cerrar los títulos finales. Es un hecho que, en un par de años, James Bond volverá.
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