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Opinión

Sábado 13.03.2010

Los valores de las crisis

Alejandro Rozitchner
Para LA NACION

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Sábado 22 de noviembre de 2008 | Publicado en edición impresa 
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Puestos a vivirla, ya que la tenemos, no estaría mal verla más allá del temor, para poder sacar de ella lo posible, al necesario modo del crecimiento y la evolución. Se me ocurren las siguientes ideas sobre los aspectos positivos de la crisis (sin pretender desconocer las decadencias que ocasiona, que son seguras y temibles, pero aún inciertas en su alcance):

Cada crisis lleva a la participación social a miles de personas. La crisis de 2001 significó, para muchos, el estímulo o la llamada de atención para dar el paso de involucrarse en las cuestiones sociales.

Ejemplos: uno estaba trabajando afuera, ganando mucha plata, y decidió volver para hacer algo por su país (lo conozco, es un caso sonado y real, y resignó su futuro promisorio como hombre de bancos para asumir una posición de trabajo político en áreas técnicas o de gestión). Otro creó una ONG. Otros se acercaron a ella. Alguno empezó a tratar los temas políticos en su trabajo intelectual sin haberlo hecho nunca antes, llevado por la necesidad de participar en el diálogo social con el que se intentaba elaborar algo (mi caso, como el de tantos otros). Otros crearon un partido político, se decidieron por la búsqueda de liderazgo para avanzar en temas puntuales o para intentar avanzar hacia la presidencia. Otros se metieron más de lleno en emprendimientos de responsabilidad social desde la empresa en la que trabajaban o por las suyas, ayudando en obras de barrio o parroquiales.

(Sí, muchos otros se deprimieron y no hicieron nada, creyendo, de todas formas, que su depresión era un aporte, cosa que no fue?, o generando descripciones tremendistas, perfeccionándolas, sin intentar romper el círculo vicioso de la producción de desastres.)

¿Tendrá esta crisis el mismo efecto? ¿Tendrá que ser muy dura para producirlo? ¿Podemos contar con que las ganas de desarrollar la plenitud social posible requiera esta vez un estímulo menos cruento?

Por otra parte, ¿son útiles y valiosas estas iniciativas, o quedan, por lo general, sin resultados?

Llevados por la invitación de Nietzsche a pensar la utilidad de las guerras para el avance de las virtudes más sofisticadas de las comunidades ?o, simplemente, aceptando la mera verificación de que muchos adelantos técnicos y organizativos nacen paridos por necesidades militares?, tenemos que observar con frialdad lo que aportaron las dos espantosas guerras mundiales a la constitución, décadas después, de la Unión Europea.

¿Se habría llegado a la creación de tal comunidad política sin esas guerras? O sin lo que aportó la guerra civil norteamericana a la construcción de los Estados Unidos, o el enfrentamiento entre fanáticos y delincuentes en los años 70 de la Argentina para lograr esta democracia sin violencia política en nuestro país.

(No sólo tenemos que aprender a pensar el efecto positivo de las peores cosas; también es necesario que sepamos apreciar los logros cuando aparecen. La historia es lenta y se mueve a un ritmo muy distinto del de los deseos personales.)

¿Para qué decir esto? La evolución (a la que no hay que entender como el camino de la derrota del mal, sino como el de la sofisticación de la cultura, ya que lo primero, lamentablemente, no es posible) vive de las crisis, de los conflictos, de todo lo que desde el sentido común vivimos como la basura de la realidad, aquello que quisiéramos eliminar, pero sin lo cual la vida no es vida ni la misma evolución resulta posible.

Recibir la crisis como si fuera la llegada de un horror que transgrede el orden mismo de la realidad equivale a hacer lo peor que podemos hacer con ella: agravarla, agregarles a las limitaciones reales que trae limitaciones de orden simbólico o afectivas que nos paralizan. Y, como se sabe, lo mejor que uno puede hacer con los problemas es hacerles frente, faltándoles el respeto, por decirlo así, o sea, desdramatizando en lo posible para continuar siendo capaces de inventar, querer, entusiasmarnos, producir, desafiar nuestras circunstancias.

Una cosa es la crisis y otra, un sentido de sacralidad ligado a la llegada de este límite, que, bien entendido, es una presencia recurrente en nuestras vidas y en las de nuestras civilizaciones. La vida contiene en su desarrollo normal estas subidas y bajadas de la línea con la que representamos nuestro desarrollo. La realidad no admite la cura que nuestro idealismo cree que debería ser la forma normal de las sociedades. La realidad es cruda, salvaje, desbordante, compleja, conflictiva y sensacional.

Una cosa es la crisis y otra la angustia que nos genera. Si creemos que la angustia es la sintonía con la verdad, nos equivocamos. La angustia agiganta el obstáculo y nos impide reaccionar adecuadamente frente a él. La crisis no debe hacernos concluir que éste es tiempo de gravedad y conservadurismo. La gravedad no genera; el entusiasmo, el deseo, la aventura de vivir, sí. La crisis debe recordarnos que estamos aquí para desafiar los principios y los valores convencionales y poner otros más adecuados en su lugar. La crisis no debe hacernos bajar la apuesta, sino llevarnos, por el contrario, a subirla. Aceptemos el desafío de responder con atrevimiento, más allá del miedo, más allá de lo sabido. La línea de crecimiento permanente sólo existe como una bella ilusión. Vinimos a la vida para estar en ella con realismo, no para decepcionarnos con cada aparición de la inevitable dificultad.

La economía propone la observación objetiva de variables concretas y reales, mensurables. Pero lo posible de las sociedades está también determinando lo que parece ser una variable "blanda" e injustamente menospreciada: el factor anímico, el sentido espiritual, el sentido de la vida, los aparatos conceptuales que hacen que un grupo humano reaccione de una manera u otra. ¿Será hora de incorporar más plenamente estas variables desatendidas y difíciles de comprender? Lejos de significar la derrota del capitalismo, esta crisis global está llamada a generar una mejora sustancial de tal sistema. ¿Cómo será esta nueva versión? Mejor aún: ¿cómo queremos que sea? e_SCrt La Nacion

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  • 11riyattahVer perfil del usuario

    22.11.0820:44

  • Cierto que los acontecimientos históricos se encadenan en lo colectivo y lo individual. Es destacable lo que dice usted a que las épocas críticas dan margen anímico para enfrentarlas en aras de un futuro mejor "Elogio de los sufrimientos" (Kovadloff) muestra de tales ideas. No obstante hay algo que queda en el tintero y no se refiere a las crisis de la Revolución norteamericana o de la francesa. Es nuestra época de la que somos testigos "in situ" usted, todos y yo. No tengo la impresión de que lo que nos envuelve desde hace varias décadas (digamos desde los 70) implica "aceptarlo" como un fatalismo histórico según ideas de Toynbee. Aquí entre nosotros hay (y hubo)algo más: varios caminos alternativos que nos hubiesen salvado de lo que vivimos (tanta angustia en nuestro pueblo, enfermedades incluidas) y es que adrede se buscó lo peor y eso tiene nombres y apellidos (aparte de las sombras). Por lo cual no es cierto que vivimos en "demos-kratos" El sistema está en lo "aparente" pero no en el "fondo" de la sociedad y los 25 años que se "celebran" son de desencanto en todos los aspectos, lo que obliga a mucha gente "honesta" a re-pensar en los fines de los setenta y en los primeros años de los ochenta (matanza, barbarie, genocidio cívico y militar) como si con ello retrocediéramos. La saga del cuarto de siglo fue diseñada con perversidad (agentes políticos y económicos mediocres e ineptos). Sugiero releer "Informe de Ciegos" (Sábato) la ceguera al mando (subterránea,inmombrable).
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  • 10capitankirk49Ver perfil del usuario

    22.11.0817:26

  • cUANDO ERA ADOLESCENTE Y MI GUIA ESPIRITUAL ME DECÍA QUE LAS CRISIS SON NECESARIAS PARA EL CRECIMIENTO PERSONAL no alcanzaba a comprender el sentido de sus palabras. Luego, con las decepciones de amoríos adolescentes, empecé a saber de qué me hablaba. Sin embargo, si bien las crisis son capaces de sacar lo mejor de nosotros también pueden extraer lo peor. Y una de esas cosa es pretender reeditar, como supone el autor del artículo, las mismas condiciones (aggiornadas) de aquello que nos frustró. Nadie sale de una crisis como entró. de allí deviene el crecimiento que es causado por conocimientos que la crisis aportó. Pero cuando a causa de las crisis MUEREN PERSONAS O SE EXTRAVÍAN FUTUROS PERSONALES EL ANÁLISIS NO PUEDE SER TAN SUPERFICIAL. LA SOCIEDAD APRENDERÁ SOBRE EL CUERO DE LAS VICTIMAS DE LAS CRISIS Y ES TAN GRANDE Y DOLOROSO ESE PRECIO QUE NADA DEBERÁ SER DEJADO AL AZAR NI INTENTANDO REPRODUCIR ANTIGUOS ERRORES. DE LAS CRISIS SE SALE CON NUEVOS PARADIGMAS O NO SE SALE. SI SE CREE QUE LA COSA ES ASÍ SE ESTARÁ ANTE POTENCIALES RECAIDAS QUE, COMO TODOS SABEMOS, SUELEN SER MAS NEFASTAS QUE LA CRISIS MISMA. yO APRENDÍ DE CADA CRISIS QUE TUVE EN MI VIDA, QUE NADIE VUELVE A SER EL MISMO Y NADA VUELVE A SER IGUAL A LO QUE SE VIVIÓ ANTES DE LA CRISIS. FUI SOLDADO CONSCRIPTO EN EL 76 Y VIVO CON LA CRISIS DE ENTONCES AUN A CUESTAS...SE DE LO QUE HABLO. AQUELLA CRISIS Y ÉSTA ESTÁN EMPARENTADAS Y NO DEBE SER EL SER HUMANO NI SU FAMILIA, UNA VARIABLE PARA ENSAYOS POCO AUSPICIOSOS.
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  • 9feel_is_bustersVer perfil del usuario

    22.11.0815:16

  • ¿Y de la crisis cultural, de la crisis de conversión en masa digitada, de la crisis de falta de capacidad de crítica, cómo se vuelve?. Claro que la crisis puede servir a la evolución, y también se puede convertir en un estilo de vida, últil a algunos. La crisis puede servir a la evolución de individuos animados por un espíritu de confianza en sí mismos, de autonomía, de inquietudes personales y sociales, para otros la crisis es lo mejor que pueden conseguir, dado lo que pueden o están dispuestos a ofrecer, y otros simplemente la sufren, desarmados. La crisis puede, es cierto, ser una herramienta muy útil, pero para saber usarla hay que tener con qué.-
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