Hace unas semanas que Sergio, de 10 años, está más inquieto que de costumbre. Salta, corre, juega, ríe; se ríe con esa carcajada contagiosa que su madre, Graciela Ferrarotti, disfruta cada segundo y que la traslada a un mundo maravilloso y anhelado por años. Es que después de siete años de tratamientos intensivos y dolores insoportables, trasplante de médula incluida, a Sergio le retiraron el catéter por donde le suministraban los medicamentos necesarios para su recuperación. Una señal de que la leucemia que asomó desde que tenía tres años empieza a quedar atrás.
Video: sueños de Navidad
"Está feliz, contento, juega todo el tiempo y quiere hacer deporte, todavía no sabemos cuál, porque le gusta todo", dice Graciela, relajada, mientras su hijo se dispersa en alguno de los juegos que hay en la Fundación Flexer de ayuda al niño con cáncer, en donde acompañaron desde el principio la evolución de Sergio.
Mientras transcurre la entrevista, detrás del camarógrafo otras madres toman un café con galletitas, contentas por lo que están viviendo Graciela y Sergio.
Sergio desborda alegría Foto: lanacion.com Foto: Alan Goldfarb"Acá somos como una familia, de hecho, con otras madres que pasaron por lo mismo seguimos en contacto. A las que vienen hace poco siempre les digo que no hay que bajar los brazos, hay que seguir luchando, que se le puede ganar a la enfermedad". cuenta Graciela.
Cuando concluye la entrevista, Sergio está al lado de su madre. Graciela se saca el micrófono inalámbrico y le pregunta:
- ¿Vos querés decir algo, papi?
Sergio se encorva para dentro y mira el suelo y susurra:
- ¡Feliz Navidad para todos!
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