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Jueves 09.09.2010

"Hay que despolitizar la lucha contra la pobreza"

El sacerdote misionero vicentino Pedro Pablo Opeka, nacido en la Argentina y que trabaja desde hace 32 años en Madagascar, dice que el asistencialismo es una mala manera de ayudar a la gente

Lunes 30 de marzo de 2009 | 15:41 (actualizado hace 528 días)
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"Hay que despolitizar la lucha contra la pobreza"
Foto Archivo   /   Jesus Maria SilveyraVer mas fotos

Por Carmen María Ramos
Para lanacion.com

Si a veces se sostiene que no existen las casualidades sino las causalidades, la llegada del padre Pedro Pablo Opeka a Buenos Aires en días en que recrudece el debate sobre la inseguridad y la pobreza, echa un viento de refrescante frente a tanta desesperanza.

Este sacerdote misionero de los padres vicentinos, nació en Buenos Aires, se ordenó en una ceremonia en la Basílica de Luján en 1975 y desde 1976 vive en Madagascar, donde ha construido una obra que demuestra, después de más de tres décadas de lucha y perseverancia, que se puede salir de la pobreza con trabajo y dignidad.

Hasta 1989 el Padre Pedro, como todos lo llaman allí, atendió una parroquia en el sur de la isla, de 17 millones de habitantes, situada entre Africa y Asia, con una situación de pobreza crónica, y a partir de ese año fue trasladado a la capital, Antananarivo, para hacerse cargo del seminario de la Congregación para la Misión, de San Vicente de Paul.

Al ver la situación de indigencia y miseria que reinaba en la capital y sus suburbios, especialmente en los basureros donde la gente vivía en casas de cartón y los niños se disputaban la comida con los cerdos, se conmovió y resolvió hacer algo por ellos, siempre que estuvieran dispuestos a trabajar.

"El asistencialismo es una mala manera de ayudar al hombre. Hay que acompañarlo para que aprenda a bastarse por si mismo, a superarse. Puede ser un recurso para enfermos o discapacitados, pero a la gente en general hay que demostrarle que puede vivir de sus propias fuerzas", aseguró el sacerdote, que en estos días realiza una visita a su familia en Buenos Aires.

Hace 20 años, el Padre Opeka fundó con un grupo de jóvenes colaboradores la Asociación Humanitaria Akamasoa, que en lengua malgache quiere decir "Los Buenos Amigos", con el propósito de servir a los más necesitados. Con ayuda del exterior y el trabajo de la gente comenzaron a fundar pequeños poblados, con escuelas, dispensarios, pequeñas empresas y hasta un hospital. Hoy en los cinco poblados (uno en el campo y cuatro en los alrededores de la capital junto al basurero municipal) viven más de 17.000 personas, cerca de 9500 chicos estudian en sus colegios y unas 3000 personas trabajan en la Asociación, atendiendo escuelas, dispensarios, la cantera y una fábrica de muebles y artesanías. Además, desde su fundación casi 300.000 personas han pasado por su Centro de Acogida donde reciben ayuda temporaria.

"Los gobiernos que fomentan el asistencialismo están fomentando la delincuencia y la exclusión y están profundizando el problema. Y si no se atacan en serio las causas de la pobreza es para seguir aprovechándose de ellos, utilizándolos", se lamenta.

-¿Cómo se vence la pobreza?

-Viviendo en medio de los pobres, venciendo todos los días las causas que provocan esa caída en la pobreza extrema. Cuando la gente se levanta y ve los frutos de su propio trabajo, ve que sus hijos pueden tener un futuro mejor, siente que lo tiene que cuidar y ése es el primer paso para salir de la pobreza. Junto con la pobreza económica se viene abajo la autoestima y la moral. La familia explota y ya no hay un núcleo donde formar a la persona. Cada uno tiene que rebuscársela, salir a robar porque cada noche tienen que trae algo como sea, o no volver.

Cuando se le recuerda que en Buenos Aires por lo menos 500 mil jóvenes no estudian ni trabajan, el Padre Opeka no lo duda y asegura: "Es un huracán que se les viene encima a los argentinos y les hará mucho daño. Es una bomba en potencia que va a estallar y va a profundizar la inseguridad y el sufrimiento. La sociedad argentina tiene que reaccionar".

-¿Qué haría, si de usted dependiera?

-Como primera medida iría hasta donde está la pobreza, me metería en ella. Porque el primer paso para acabar con la pobreza es enfrentarla. Hay que entrar en la herida de la gente, curando sus necesidades básicas, creando puestos de trabajo, diversificando las oportunidades. Me duelen los discursos, los slogans, los preconceptos. En Argentina, en estos días, he sentido mucho de eso y también mucha demagogia. La riqueza la tiene que crear el trabajo genuino, la capacitación, la superación de las condiciones de vida para que las personas se puedan independizar de los gobiernos. Pero entonces se acaba el clientelismo. Más grave aún en el proceso se va infiltrando la droga, la delincuencia, la violencia. Hay que llegar a tiempo, porque cuando esto ocurre, después desandar el camino será una tarea ciclópea. Si usted me dice: Padre, venga a la Argentina, yo vengo, pero hay que saber que los primeros frutos los veremos dentro de 15 años.

Un continuo empezar

La tarea humanitaria del Padre Opeka en los basurales de Antananarivo está narrada en un libro cuyo título lo dice todo: "Un viaje a la esperanza" (Lumen), de Jesús María Silveyra. Este escritor católico viajó a Madagascar para dar testimonio de una obra donde la clave es compartir y la fuerza radica en el espíritu de unidad.

"Está demostrado que no necesitamos expertos de organismos internacionales que vengan a explicarnos en seminarios de dos días cómo combatir la pobreza desde hoteles 5 estrellas", dice el Padre Pedro.

"En la lucha contra la pobreza no se puede cantar victoria antes de empezar. Yo diría que es un continuo empezar. Hay que trabajar día a día, se avanza un paso y se retroceden diez, uno da su confianza y se siente defraudado, pone todo su ser y la respuesta es la mentira, la huída. Pero hay que quedarse en el lugar, perseverar. Con la gente del país, con la juventud del país y con medios y ayudas normales podemos vencer. Pero hay que despolitizar la lucha contra la pobreza, de lo contrario no se va a salir.

-¿Ha intentado replicar su modelo en otros lugares?

-Nuestro ejemplo se puede aplicar en cualquier lugar del mundo respetando a la persona; dándole responsabilidad; haciéndole tomar conciencia del lugar que tiene en la familia y en la sociedad y haciéndole comprender que es el actor de su propio futuro. Luego hay estrategias, ayudas financieras, pero el cambio debe generarse desde la persona. A la gente buena y honesta quisiera darle coraje para seguir.

24  comentarios
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  • 24anelim2008Ver perfil del usuario

    30.03.0923:47

  • Es increíble que mi mensaje haya sido reportado. La única nota que me interesó hoy, y me dió pié a buscar más info sobre el tema. Sólo quise acercar el dato a quien le pueda interesar VER la obra. Pero parece que eso es sumamente antirreglamentario. Y bueh, allá vos, reportador compulsivo, espero que lo estés disfrutando.
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  • 22OpitergiumVer perfil del usuario

    30.03.0917:37

  • En Rosario, el sacerdote salesiano Edgardo Montaldo hace lo mismo, y con iguales resultados, desde hace màs de 20 años. Y cuando aparece un polìtico a ofrecer dinero, lo saca corriendo. Es que cuando se recobra dignidad, no hay plata que la recompre. Bravo por ellos, en Madagascar o en Rosario.
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