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Jueves 18.03.2010
Murió a los 62 años la actriz Farrah Fawcett

El rostro más angelical de la televisión

Tras una larga batalla contra el cáncer, dejó de existir la estrella de Los ángeles de Charlie , que en los 70 fue la mujer más fotografiada del mundo

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Viernes 26 de junio de 2009 | Publicado en edición impresa 

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El rostro más angelical de la televisiónn 2006, con Kate Jackson y Jaclyn Smith, durante un homenaje a Aaron Spelling, creador de Los ángeles de Charlie

Por Marcelo Stiletano
De la Redacción de LA NACION

Como hace tres décadas, el rostro de Farrah Fawcett recorre el mundo. A fines de la década del 70, era la cara femenina más fotografiada de todo el planeta; desde ayer al mediodía esa misma y sonriente imagen resurge en la memoria y las primeras planas, pero ahora rodeada de tristeza y dolor.

Hollywood vive hoy una jornada triste como pocas, porque la estrella de Los ángeles de Charlie era un fruto genuino de esa gigantesca fábrica de sueños. Allí, en un hospital de Santa Monica, Farrah Leni Fawcett falleció ayer, a los 62 años, en el hospital St. John, de Santa Monica (California), después de luchar tres años contra un cáncer rectal.

En 2006, cuando recibió el primer diagnóstico, pidió respeto por su privacidad. Hace unas semanas, cuando su estado se agravó, decidió hacer pública su batalla contra la enfermedad a través de un video casero de dos horas que la actriz filmó durante todo el tratamiento con su propia cámara de video. "Nunca había entendido por qué la gente está interesada en cualquier cosa que hago. Hasta ahora. Tengo cierta responsabilidad con aquellos que están llevando a cabo sus propias batallas y que pueden beneficiarse de mi paso", confesó al presentar esta producción.

La vida pública de Farrah se abrió y se cerró así con una generosa exposición mediática. En el final, un reality show documental muestra a una actriz diezmada por la pelea contra una cruel dolencia. Tres décadas atrás, la misma estrella tenía el poder para adueñarse del mundo, porque su rostro sonriente y vital aparecía por todas partes. Para 1979 era la mujer más fotografiada del planeta, con todo un récord: 47 tapas de revistas en apenas 12 meses. Cualquier producto que acompañaba con su imagen tenía su éxito casi garantizado: ropa, cosméticos, muñecas, vitaminas, champúes. El famoso póster que la muestra en traje de baño y gesto sexy llegó a vender ocho millones de copias.

Cuando se hizo famosa, la muchacha nacida el 2 de febrero de 1947 en un hogar católico de Corpus Christi (Texas) dividió aguas: algunos se deslumbraban y veían en ella a la sucesora perfecta de Marilyn Monroe; otros sólo hablaban de una actriz mediocre, beneficiada por la desmesura de una gran campaña de marketing.

Lo cierto es que Fawcett revolucionó las ideas tradicionales de ascenso al estrellato y se convirtió, según Playboy (la publicación en la que posó desnuda dos veces, la última cuando había llegado a los 50 años), en el primer gran símbolo sexual de alcance masivo, precursor de la actual ola globalizada.

Para lograrlo se valió de dos armas irresistibles: una dentadura perfecta y esa cabellera rubia única, vaporosa, llamativa e impresionante, que llevó a algunos maliciosos a investirla con el título de "reina del brushing". "Cada vez que enfrenta las cámaras, parece que acaba de levantarse de la cama y el estado de su bellísima cabellera fuera el resultado de una noche de insomnio o de pasión", se dijo de ella por aquellos años en la revista LA NACION.

Llegó a ser la estrella más famosa de su tiempo sin necesidad de protagonizar una sola película: su trampolín fue la aguerrida Jill Munroe, uno de los tres ángeles de Charlie, exitosísima serie televisiva que protagonizó apenas una temporada y puso en marcha una trayectoria que encontró siempre más repercusión en la pantalla chica, por lo general con papeles más decorativos que exigentes y títulos que casi nadie recuerda ( Alguien mató a su mujer , Un verano peligroso , Saturno 3 ). De todas maneras, supo responder en su momento a las exigencias dramáticas de Acorralada (1987), su mejor papel en el cine, como una mujer acosada por un maniático sexual, y alcanzó unos años más tarde igual reconocimiento en el telefilm The Burning Bed . De bella y glamorosa pasó a lucirse en papeles de víctima.

Su vida privada dejó en evidencia los mismos altibajos que caracterizaron su carrera. Dejó a su primer marido, Lee Majors ( El hombre nuclear ), cuando éste temió que su popularidad se eclipsara frente a ella; denunció los golpes y las agresiones del director James Orr, y compartió el romance de su vida junto a Ryan O´Neal, fascinado como tantos por el atractivo de la mujer más deseada de su tiempo.

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