Los salones de las conferencias se mostraron llenos en todas las sesiones; abajo, una mesa de políticos y empresarios. Entre otros, Gustavo Ripoll (Dell), Eduardo D Foto: LA NACION
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Mauro V. Rizzi
Oliver Galak y Francisco Olivera
Enviados especiales
MAR DEL PLATA.? ¿Por qué no somos competitivos o, al menos, tanto como se espera de nosotros? ¿Por qué nuestras empresas no logran explotar todo su potencial? Al sector privado no lo convence del todo la idea de que tiene alguna responsabilidad en el fracaso argentino. Tampoco hurgan demasiado en causas estructurales, como la educación o la cultura. Prefieren apuntar todos sus cañones a la responsabilidad del Gobierno, a las deficiencias de las políticas públicas y a las dificultades de adaptación de los dirigentes nacionales a los nuevos desafíos.
El 45° Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), que se desarrolló en esta ciudad la semana pasada, cerró un ciclo trienal centrado en la competitividad. Y, entre las conclusiones de los debates a los que asistieron cerca de 800 empresarios, ejecutivos y consultores, surgió un dato revelador cuando se conocieron los resultados de la encuesta electrónica que se estrenó en este foro.
¿Cuál es el factor central que causa el retroceso de la Argentina en el ranking de competitividad mundial? Para casi 6 de cada 10 empresarios, son "las políticas públicas que desalientan las mejoras macroeconómicas". Uno de cada tres eligió una opción que tampoco deja muy bien parado al Gobierno, aunque reparte culpas: "Falta de adaptación de políticos y empresarios al entorno internacional". Totalmente en minoría quedó el 8% de los que culparon a los "factores vinculados con la educación y la cultura", y casi nadie (un triste 1%) optó por una verdadera autocrítica, que se expresó en el señalamiento a la "falta de concientización de empresas para adoptar mejores prácticas".
Esta fue una de las numerosas respuestas que dieron cerca de 130 empresas mediante dispositivos electrónicos distribuidos en las mesas del salón del hotel Sheraton marplatense, sede del Coloquio. La mitad de las compañías que participaron del relevamiento, ejecutado por D?Alessio Irol, pertenece al sector de servicios. El 28% se enrola en la industria y un 5% pertenece al agro. Los restantes fueron consultores y otros asistentes al encuentro empresarial.
Entre las preguntas, hubo algunas que permitieron vislumbrar las bases sobre las cuales los empresarios creen que debería construirse el camino hacia la competitividad. Por ejemplo, el 77% dijo que se requería una "adecuación gradual de precios relativos (de sectores como la energía y el transporte) a sus verdaderos valores, con esquema de subsidios a sectores vulnerables". En este sentido, sólo el 16% de las empresas dijeron que no podría competir globalmente si los costos de infraestructura no estuvieran subsidiados y se equipararan a los regionales. Al resto no las asustan los aumentos de tarifas.
La mención al ranking de competitividad se refiere al listado que elabora anualmente el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) de Davos. En su última edición, de 133 países relevados, la Argentina ocupó el puesto 85°. Pero en la evaluación de los factores parciales, surgen datos aún más llamativos, como que la Argentina es la nación con la confianza más baja del mundo en los estándares éticos de sus políticos, por debajo de Burundi, Zimbabwe, Nigeria, Paraguay, Paquistán, Venezuela y Brasil.
InstitucionesEn el panel "Inserción internacional de la Argentina, factor clave para el progreso", durante la segunda jornada del Coloquio, el economista de la Universidad de Harvard Robert Lawrence abordó la posición de la Argentina en ese listado. "En ese ranking, la Argentina ocupa el puesto 59° en ingresos per cápita, pero cae al puesto 126° en las consultas sobre las instituciones del país. Es todo un símbolo de que la calidad de las instituciones es un ingrediente clave que explica la competitividad y debe ser el foco de cualquier estrategia destinada al crecimiento del país", dijo el ex asesor del ex presidente norteamericano Bill Clinton.
Ahora, ¿cómo se traduce este quiebre institucional en la realidad cotidiana y cómo repercute en la vida empresarial?
Una de las respuestas la dio Héctor Méndez, que llego aquí con la misión de ser el primer presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) en participar de un panel del Coloquio de IDEA. "Si yo tengo los cinco accesos a la Capital Federal cerrados, a mí no me interesa invertir en un país así. Tiene que haber un gobierno que arbitre los medios para que eso no ocurra", afirmó, ante una consulta de la prensa. Y luego amplió el concepto: "Si yo me siento maltratado, quiere decir que hay un clima de crispación. La economía se va a resolver porque los empresarios saben cómo resolverlo. Necesitamos un clima normal. ¡Normal! Ni siquiera digo algo del otro mundo".
En la central industrial no ocultan su preocupación por algunos de estos temas. Dicen, por ejemplo, que ahora se registran entre 1200 y 1300 litigios por día, proceso que potenció, como nunca, la industria del juicio. El año pasado eran entre 200 y 300. El monto en juicios pendientes en empresas asciende a 2300 millones de dólares.
Varios empresarios que pasaron por aquí expresaron su convencimiento de que "la economía no es el problema". Un relevamiento del Observatorio Pymi de la UIA, correspondiente al tercer trimestre, indica que el 72% de los consultados considera que lo peor de la crisis ya pasó.
A tanto llega el vacío de liderazgos, que muchos hombres de negocios han llegado incluso a aceptar como posible referente al cacique peronista Eduardo Duhalde, a quien criticaron durante la mayor parte de su gobierno.
El caso más gráfico: acababa de terminar la exposición del ex presidente y a Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Argentina, no se lo oyó tan terminante como en 2002: "Duhalde fue sensato; fue normal. ¡Estamos tan acostumbrados a la anormalidad! De todos modos, no me olvido de que estuvimos a una hora de tener como ministro de Economía a Carbonetto". Daniel Carbonetto es un economista heterodoxo, muy resistido por el establishment.
Las últimas señales que dio el Gobierno, como la reapertura del canje de deuda, parecieron no alcanzar para despejar las incógnitas sobre el aporte del Estado a la competitividad de las empresas.
"Está muy bien regularizar los aspectos financieros, pero no es suficiente para garantizar la expansión de la inversión. Para eso tiene que haber también reglas claras", dijo el empresario agropecuario Gustavo Grobocopatel. "Un buen ejemplo para empezar sería ponernos contentos cuando hay un empresario que gana, porque eso genera trabajo y hace que pague más impuestos."
Fue notorio, en esta edición del Coloquio, que más empresarios aceptaron hablar y brindar sus opiniones sobre el Gobierno on-the-record. Además, significó el regreso (no total, sin embargo) de algunos hombres de negocios con mayor peso en las decisiones de su compañía. Aquí estuvieron, entre otros, Eduardo Caride (Telefónica), Santiago Soldati (Comercial del Plata), Horacio Cristiani (Gas Natural Ban), Cristóbal López (Casino Club y Alcalis de la Patagonia), Carlos Alberto de la Vega (Camuzzi), Gustavo Grobocopatel (Los Grobo), Carlos Leone (Paraná Metal), Gustavo Lopetegui (LAN), Guillermo Murchison (TZ), Guillermo Noriega (Tenaris), Decio Oddone (Petrobras), Carlos Ormachea (Tecpetrol), Cristiano Rattazzi (Fiat Auto), Gustavo Ripoll (Dell), Enrique Pescarmona (Impsa), Bernardo Velar de Irigoyen (Central Puerto), Mario Vicens (ABA), Oscar Vicente (Entre Lomas), Martín Berardi (Siderar), Guillermo Cascio (IBM) y Héctor Méndez (UIA).
Las autoridades de IDEA creen que, de esta manera, comenzó a ser superado el "efecto Coto", el estigma que mortificó al Coloquio desde que el entonces presidente Néstor Kirchner vapuleó al supermercadista Alfredo Coto, al que acusó públicamente de usar el atril de este foro para cuestionar políticas gubernamentales porque había leído los resultados de una encuesta entre los asistentes, que revelaba expectativas de inflación mayores que las previsiones del Gobierno. "Acá cada uno vino y dijo lo que quiso. Esta no es una entidad gremial empresarial; no defendemos intereses de un sector en particular", resaltaron en la organización.
La necesidad de una mayor continuidad en las políticas macro fue otro de los tópicos recurrentes en las charlas con los empresarios. "La Argentina tiene grandes oportunidades de seguir creciendo. Para eso se necesita el mantenimiento de las reglas de juego en el largo plazo ?dijo Julián Rooney, vicepresidente de Asuntos Públicos de Minera Alumbrera?. Por ejemplo, se ha hablado mucho de las oportunidades que tiene la el país en industrias como la minera o la forestal, pero para invertir ahí es imprescindible tener reglas de juego a largo plazo."
Seguridad jurídica"¿Qué busca un inversor?", se preguntó Héctor Daza, presidente de Aon Risk Services Argentina. "Sin duda, previsibilidad en los resultados de una empresa. Si no tenés institucionalidad de las políticas en el tiempo, la previsibilidad no existe", afirmó, en diálogo con La Nacion. Y explicó que, si no está ese factor, "aumenta el costo por riesgo país y en lugar de calcular su business plan con una rentabilidad del 7 por ciento, calculan que debe haber un margen del 25 o 30 por ciento por ese costo extra".
Aunque en forma algo más sutil, muchas de estas ideas aparecieron en el documento final del Coloquio. "Captar inversiones y ampliar nuestro comercio internacional depende de lograr consenso en torno a políticas de Estado, reglas simples y sustentables, y con compromisos fuertes en la búsqueda de la excelencia competitiva", figura en el documento que fue leído por el presidente del Coloquio, Alberto Schuster, socio director ejecutivo de la consultora KPMG. "Cualquier política de Estado exige no sólo acuerdos multipartidarios, sino recuperar la confianza de la población en general, y de los inversores en particular, respecto de la credibilidad acerca de su permanencia", agregó.
Tantas singularidades juntas en una nación con notable potencial para crecer llaman la atención entre los recién llegados. "¿Cómo se ve la Argentina desde California?", preguntó La Nacion a Jeffrey Davidow, presidente del Instituto de las Américas y ex embajador norteamericano en México. Davidow hizo silencio un segundo, sonrió y se encogió de hombros, en señal de desconcierto. "Mire ?dijo?, en México dicen «México es México». Yo le explico: ¡la Argentina es la Argentina!"
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02.11.0915:19