Se pisan al hablar, se ríen, lanzan una humorada, paran y vuelven a arrancar como si nada. Se mueven como si estuvieran en un almuerzo del domingo al mediodía. No constituyen una familia, pero sí una banda, una "banda teatral" con un nombre de peso en las tierras del teatro local: Los Macocos.
Y esta banda ahora depositó su mirada en otra familia, los Albornoz. Una familia de esta bendita clase media que ni va al paraíso ni a Miami a comprarse el último electrodoméstico que, seguramente, no funcionará porque falta el adaptador correcto.
Son Daniel Casablanca, Martín Salazar, Gabriel Wolf, Marcelo Xicarts y Javier Rama. Son los que el jueves estrenan "Los Albornoz (Delicias de una familia argentina)", en el Teatro de la Ribera, del porteño barrio de La Boca.
Apenas se enciende el grabador, Xicarts toma la punta y aporta datos: "A los Albornoz les pasa lo que a todos, pero todo junto", apunta. Como otras familias de este bendito país, se compraron un montón de cosas porque se dejaron llevar por las tentadoras propagandas que prometen realidades mágicas. Así se llenaron de teléfonos celulares, tarjetas de crédito o electrodomésticos comprados en rigurosas cuotas.
Pero, claro, la ilusión de un futuro perfecto duró poco. "Tan poco -continúa Xicarts- que en algún momento para esta gente hasta la luz y el agua se transformaron en un lujo. Se quedan con lo mínimo. Ya no pueden pedir créditos, iniciando la cruel pelea por la subsistencia. Pero hay algo que no negocian: la televisión por cable."
Y aunque andan mendigando el peso, se la pasan prendidos a la tele viendo un programa de un tal Ernesto Network que se filma a él mismo como si fuera un reality show de muy bajo presupuesto .
"Así, la televisión, junto a la crisis económica, se convierte en el otro eje del espectáculo. Para la abuela, la tele es fundamental", apunta Rama, el director de la obra. Por eso habrá seis televisores en escena con imágenes grabadas y otras emitidas en vivo.
"La sala será como una especie de zapping . En otro momento se verá a un tipo que hace un juego que siempre ven los Albornoz hasta que las mismas cámaras entrarán en escena", comenta Martín Salazar. "El único problema es que la gente se entusiasme más viendo el programa de televisión que a nosotros actuando", ironiza Daniel Casablanca.
"Los Albornoz" promete ser una radiografía del complicado estado social en que se encuentra el país. "La violencia actual lleva a este grupo familiar a comportarse violentamente. Así se cierra un círculo vicioso. Y en el juego entre la realidad televisiva y aquella de la violencia diaria -agrega Salazar-, cuando la ficción se vuelve realidad, la realidad deja de existir."
-Explicate.
Salazar: - Cuando un diariodedica media tapa a la ganadora de "Expedición Robinson", pone en el mismo plano la realidad y la ficción. Porque, obviamente, lo de "Robinson..." estaba armado. Y cuando ese mismo día comparte la tapa la chica de "Robinson..." con una nota sobre Menem, todo se torna falso. Pero que la gente no tiene un mango , no es ficción. O que ahora estamos negociando una deuda para que nuestros hijos sigan endeudados, tampoco es una ficción. De estos límites también trata el espectáculo.
Wolf: - Lo cierto es que hasta que no toquemos fondo no habrá una reacción. Mientras tanto hay una gran franja de la clase media que aguanta, que se las va arreglando como puede, pero transando en un montón de cosas.
Xicarts : -Si la estadística señala que los pibes menores de 18 años son pobres, da cuenta del país que se viene. Un país terrible.
Con estas conclusiones, el humor macoquero militará en las tierras de lo heavy, de lo dark . "Porque en esta familia no se duda de si deben prostituir a la hija para pagar la televisión por cable, o donar un órgano con tal de pagar la luz", explica Wolf. Así, la historia de los Albornoz promete convertirse en un recorrido por la marginalidad social. "Pero va a estar bien arriba, a ritmo de comedia para que no decaiga", agrega Daniel Casablanca.
Creación colectivaCon este montaje, que hoy hará su función de prensa, Los Macocos volvieron a escribir sus propios textos colectivamente. "La historia de esta familia apareció por primera vez cuando montamos "Macococrisis" (1996), que contenía tres escenas de esta familia. Pero como nos quedaron datos dando vuelta y el país aporta lo suyo, decidimos retomarla. Así revisamos la trama y la desarrollamos como una comedia de enredos en tres actos", apuntan.
Pero antes de largarse al delicioso mundo de los Albornoz, habían pensado en representar un sainete. "Es que siempre nos interesó trabajar con la idea de lo popular -señala Salazar-. Quizás eso tenga que ver con que hacemos humor, y hacerlo para una elite es una contradicción."
-¿Por qué la necesidad de expresarse en términos ideológicos?
Xicarts: -Nos gustaba dar una opinión política. Está mal acostumbrarse a ver pibes pidiendo en la calles.
Wolf: -Por otra parte, siempre nuestro humor tuvo opinión y no creo que por eso se trate de un humor político tipo panfletario.
Casablanca: - "La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi" era un espectáculo homenaje, "Androcles y el león" era una pieza de autor y ahora apareció esta familia. Más aún, estamos pensando en un espectáculo sobre los militares...
Salazar: -Uno siempre tiene la ilusión de que algo cambie. Gracias a Dios, no nos hemos peleado lo suficiente como para deshacer Los Macocos y -quizá por ese motivo- tenemos ganas de decir todo aquello que está mal.
Y se largaron con todas las fuerzas. Hasta hace pocas semanas presentaron "Turandot", en el Teatro Argentino de La Plata. Dentro de poco van a cumplir la fantasía de tener cuatro espectáculos en repertorio ("si no nos dan los números nos pondremos a vender scones", acota Casablanca) y, en pocos días, se largarán a hacerse la España, ya que forman parte del Festival Grec, que comenzará a fin de mes en Barcelona.
"Nuestra fórmula es no perder la sensibilidad y la buena puntería", explica Marcelo Xicarts. Y aunque con algunos altibajos, hace 16 años que Los Macocos vienen apuntando a un público que los hizo suyos.
Alejandro Cruz
Los Albornoz poseen valores de vida un tanto particulares. Por eso, Mamma Dora, la abuela, pone las cosas en su lugar: "Está bien. Si querés usar esta plata para extenderle artificialmente la vida a ese despojo que alguna vez fue tu marido, usala. Pero te advierto que estás apostando a la muerte con dinero que es vital para tu familia. Este dinero que es gas; este dinero que es luz; que es alumbrado, barrido y limpieza; que es ropita para Noemí; este dinero que es fundamentalmente el integrante anónimo de esta familia, la novia ausente, compañero en la salud y en la enfermedad, la alegría de los domingos a las 7 de la tarde. ¡Estoy hablando de nuestro fiel y querido cable!"