Ayer al mediodía, Pastrana, presidente de Colombia, visitó a Córdoba y Bermúdez Foto: Reuters
El ritmo de "La gota fría", el hit de Carlos Vives, sonó entre guitarras y bombos en pleno predio de Casa Amarilla a muy pocos metros de la Bombonera. Un grupo musical con chicos de no más de doce años marcó los pasos de baile y otras cincuenta personas, todas ellas de traje y corbata, aplaudieron al compás.
Claro, la visita de Andrés Pastrana, presidente de Colombia, al plantel de Boca no pasó inadvertida. Operadores de seguridad con handy en sus manos pusieron orden al desfile. "En sus puestos que ya llega...", se escuchó de fondo. No pasaron 15 segundos hasta que un empleado de seguridad del club abrió el segundo portón, el que da a las canchas auxiliares, donde juegan las divisiones inferiores xeneizes. Ruido de sirena y un desfile innumerable de personas manejando el pelotón de bienvenida. Entonces, se contabilizsaron ocho Peugeot 405 grises, siete motos de la Policía Federal, dos camionetas de civil y un helicóptero.
En ese momento, las 12.45, la mayoría de los jugadores de Boca que estaban comiendo el asado en el quincho se asomó por las ventanas para ver qué sucedía. Enseguida bajó Pastrana y saludó a Oscar Córdoba, Jorge Bermúdez y Mauricio Serna, los colombianos que integran el plantel. Pero como los propios futbolistas se dieron cuentade que todos los colombianos no entraban en el quincho, fueron ellos los que salieron al patio. "Venga ese abrazo", fue el pedido de Pastrana a Chicho, al Patrón y a Córdoba. El mandatario colombiano se dio el gusto de sacarse una foto con ellos, y éstos, en agradecimiento al gesto del presidente, le regalaron una camiseta de Boca.
Pastrana la tomó y se la puso sobre el pecho: "Soy un fanático del fútbol y quise brindarles mis saludos a los embajadores futbolistas que están aquí. Ellos son la verdadera cara de Colombia. ¿Si Angel y Yepes se van a enojar? A ellos también los voy a visitar, pero saben muy bien que de chiquito soy fanático de Boca", sorprendió Pastrana.
Los dirigentes xeneizes Juan De Turris y Patricio Colombo le dieron la bienvenida a Pastrana y, más tarde, Mauricio Macri, titular de la entidad de la Ribera, lo saludó telefónicamente. Después de veinte minutos, Pastrana y toda su comitiva se retiraron.
Fue un reflejo de la confianza que reina en Boca, que ayer se entrenó en la Bombonera. Aunque no lo confirmó, Bianchi alineraría así este equipo: Córdoba; Ibarra, Bermúdez, Matellán y Fagiani; Battaglia, Serna, Gustavo Barros Schelotto y Riquelme; Delgado y Palermo.
El panorama de River es muy distinto, sobre todo porque está seis puntos abajo de Boca en las posiciones. Los números condicionan los ánimos y también alteran algunas costumbres. Como la de Américo Gallego, que antes cumplía con el protocolo de las conferencias de prensa de los martes y viernes, pero esta semana prefirió el silencio.
A horas del enfrentamiento con los xeneizes, el DT atraviesa un momento crucial en River y no quiere dar un paso dialéctico en falso. No pronunció frases provocadoras, como aquellas previas al último superclásico en la Bombonera ("Si ellos ponen a Palermo, yo pongo a Francescoli"), y buscó refugio junto con sus dirigidos en el country Mapuche, en Pilar, bien lejos del griterío de Núñez.
Y en Pilar se entrenó ayer el equipo, todavía con los ecos de un supuesto conflicto entre el técnico y Coudet, Gancedo y Zapata, quienes no fueron convocados para este partido. Una versión había indicado que Gallego se dirigió en malos términos hacia esos jugadores tras el partido con Chacarita y que el tema fue planteado por los futbolistas ante el Consejo de Fútbol.
Eduardo Berizzo aclaró cómo es la relación con el plantel: "Gallego es de sangre caliente y es común que nos marque errores en las prácticas. A la vista de todos parecen retos, pero es su forma de manejarse".
La única tranquilidad en River se sustenta en que estarán todos los titulares: Bonano; Lombardi, Trotta, Yepes y Placente; Husain y Berizzo, Ortega y Aimar; Angel y Saviola.