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Miércoles 17.03.2010
Editorial I

Cinturón de seguridad obligatorio

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Lunes 20 de setiembre de 2004 | Publicado en edición impresa 

La gravísima realidad padecida por nuestro país en materia de accidentes viales, producto de la frecuente inobservancia de las reglamentaciones de tránsito y del mal comportamiento de muchos conductores, es tan conocida, aquí, que exime de su descripción puntualizada. Esta circunstancia subraya lo positivo de la reciente determinación del gobierno porteño de promover el empleo del cinturón de seguridad en los automóviles y, en el término de un mes, comenzar a cobrarles multas de entre 50 a 500 pesos a quienes no cumplan con esa razonable obligación.

Se estima que alrededor del 20 por ciento de la mortalidad en accidentes de tránsito es provocada por la no utilización de este imprescindible elemento. No obstante y a pesar de inobjetables estadísticas y de la certeza, largamente establecida, de que el cinturón de seguridad disminuye entre el 50 y el 80 por ciento de las muertes o las heridas graves en esa clase de percances, los porteños se resisten a acatar lo dispuesto en la ley, que estableció la obligatoriedad de su uso y las sanciones por desacatarla.

Cuando aquella norma entró en vigencia, los automovilistas se apresuraron a instalar los cinturones de seguridad en todos los asientos de los vehículos. Y muchos de ellos, se puede decir con similar premura, se dedicaron a elaborar fútiles e inmaduras explicaciones acerca de por qué los consideraban inútiles y molestos. Arguyeron, al margen de otras excusas, que tenían temor de quedar atrapados en sus asientos (cuando la garantía de supervivencia suele radicar, justamente, en la permanencia en el asiento); que eran incómodos, o que en épocas invernales el cinturón se sumaba al espesor de la vestimenta de abrigo para constituirse en una insalvable atadura que les restaba libertad de movimientos.

Esos prejuicios, viciados de desidia y desaprensión, contaron en su favor con cierta tolerancia de la autoridad de fiscalización, la Policía Federal. En 2002, hubo sólo 4821 controles y fueron verificadas 511 infracciones, mientras que hasta fines de julio último se llevaban realizados 3175 controles y habían sido verificadas apenas 204 infracciones. Es notorio que un considerable porcentaje de los conductores, ya sea de vehículos particulares o de alquiler, y sus acompañantes -en especial, quienes viajan en los asientos posteriores y los niños- no se colocan el cinturón de seguridad.

¿Qué es más importante, la comodidad o el evitar riesgos potencialmente gravísimos? La respuesta es obvia. Pronunciarse por la primera de esas opciones equivaldría a incursionar en el terreno de la necedad.

Es prudente y plausible, pues, que las autoridades hayan escogido iniciar esta acción mediante una amplia y aleccionadora campaña educativa. Sería de desear que la población dejase de lado ciertos erróneos prejuicios culturales y les prestase la debida atención a esos sanos consejos. Unicamente por este camino se podrá llegar a redondear la aspiración ideal de que los infractores se avengan a corregir el desatino de rebelarse contra la utilización obligatoria del cinturón de seguridad de los automóviles y, asimismo, que las generaciones futuras asuman ese mandato legal y lo conviertan en hábito social arraigado.

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