En diciembre de 1991 quedó sellado el Tratado de Asunción. Su artículo primero es claro: "Los Estados Partes deciden constituir un Mercado Común, que deber estar conformado al 31 de diciembre de 1994, el que se denominará Mercado Común del Sur (Mercosur)". Catorce años después de aquella cumbre, la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay no lograron hacer realidad siquiera este primer artículo, al menos literalmente.
La idea era crear una unión aduanera, con la consiguiente eliminación de los aranceles nacionales y restricciones no arancelarias y la adopción de un arancel externo común para el comercio extrarregional, pero además diseñar una política comercial única para los cuatro países del bloque. Poco de eso sucedió como se había planeado.
"El Mercosur hoy no pasa más allá de un área de libre comercio con una serie de restricciones y medidas de tipo no arancelario. Desde hace un buen número de años, el movimiento del Mercosur hacia la unión aduanera está paralizado, retrocediendo y fragmentando más el mercado en relación al nivel de integración que había logrado en el pasado", evaluó Roberto Bouzas, investigador de Flacso y especialista en relaciones y negociaciones internacionales, ante una consulta de LA NACION.
En la década del 90 se habló reiteradamente de ir más allá de los objetivos meramente comerciales y profundizar un esquema de integración regional que diplomáticos, políticos y analistas imaginaban como una adaptación del modelo de la Unión Europea en América del Sur.
Es cierto que se avanzó mucho desde la mañana del Tratado de Asunción: por lo pronto, el comercio entre los países miembros se multiplicó por cinco. Pero también es real que aunque hubo anuncios y resoluciones para profundizar la integración, a través de los años se zigzagueó en el camino de los choques continuos de los dos socios más influyentes: Brasil y la Argentina. Y aunque cambiaron los presidentes y los ministros de Economía en Buenos Aires y en Brasilia, los conflictos de intereses siempre terminaron estallando en las primeras planas de los diarios y resolviéndose a medias en abrazos o fotos de ocasión.
En la década de la convertibilidad, los industriales argentinos se quejaban por la falta de competitividad de un peso alto frente a los precios brasileños. Así y todo, la balanza era superavitaria para la Argentina. La devaluación cambió las cosas, pero no para bien: en el 2004 la balanza fue 2089 millones de dólares deficitaria, pero para la Argentina. Los reclamos se intensificaron, a tal punto que el ministro de Economía, Roberto Lavagna, propuso el año pasado a Brasilia un sistema de salvaguardas para regular los desfases. Formalmente, todavía no tuvo respuesta. Y sobrevino, naturalmente, la crisis. "¿Es viable el Mercosur como proyecto común?", parece ser la pregunta obligada luego de la crisis más reciente que volvió a enfrentar a los gobiernos de Brasilia y Buenos Aires.
El presidente Néstor Kirchner admitió que es un planteo válido para los tiempos que corren, cuando dijo días atrás: "Tenemos asimetrías profundas y, hasta que no las solucionemos, el Mercosur no va a tener la viabilidad que tienen otras integraciones".
El politicólogo brasileño David Fleischner, desde su despacho en la Universidad de Brasilia, cree que "en principio el Mercosur es viable, porque en estos últimos catorce años el bloque se presentó como un incentivo de cambios comerciales entre los cuatros países. Lo que sucede es que el problema del señor Kirchner es político, porque está organizando sus próximas elecciones y quiere presentar un resultado populista, y es claro que para retomar el proyecto de desarrollo industrial en la Argentina necesita protección contra las exportaciones brasileñas, pero tiene que entender que eso debe ser negociado".
Dice Bouzas: "Si uno entiende al Mercosur por un proceso de cooperación político, diplomático e incluso económico en la región creo que no sólo es viable, sino que es inevitable, pero si se entiende al Mercosur como algo más preciso, como por ejemplo lo que los documentos fundacionales del bloque plantean, que es una unión aduanera y eventualmente un mercado común, está claro que como unión aduanera el Mercosur ha tenido un desempeño bastante pobre".
En los últimos meses, el Presidente culpó concretamente a los empresarios brasileños, más precisamente de la influyente San Pablo, de ser "duros" e intentar bloquear el desarrollo industrial de la Argentina. "Tienen que abrir el juego a toda la región", les advirtió Kirchner esta semana.
"Cuanto mejor le vaya a la Argentina, mejor para Brasil. Somos solidarios", dijo a LA NACION Rubén Barboza, presidente del Consejo de Comercio Exterior de la poderosa Federación de Industriales de San Pablo (Fiesp). Pero también recordó que "el arancel externo común es perforado muchas veces, las reglas no están internalizadas, hay muchas cosas que no se cumplen. La visión de los empresarios de San Pablo es que los gobiernos tienen que hacer cumplir el Tratado de Asunción, que falta voluntad política no empresarial".
Cuando Lula Da Silva ganó las elecciones en 2002 y un año más tarde se acomodó en la Casa Rosada Néstor Kirchner, un presidente identificado con el llamado "progresismo", su mismo espacio político, muchos analistas presagiaban que finalmente, había llegado el momento de la sintonía política necesaria entre los dos socios mayores para avanzar en la consolidación del Mercosur ante el mundo.
En los años 90, el ex presidente Carlos Menem se había concentrado sólo en lo comercial, como lo había hecho en Brasil Fernando Collor de Mello hasta la llegada de Fernando Henrique Cardoso. Después vinieron las fricciones, primero por la crisis brasileña a partir de la salida del Plan Real, y luego la recesión en la que la Argentina cayó a partir de 1998.
En la gestión de Fernando de la Rúa nada fue mejor, producto de los sofocones internos en la que se concentró la breve gestión de la Alianza argentina.
De allí que, cuando Lula da Silva se acomodó en el Palacio del Planalto, y Kirchner levantó con sus dos manos el bastón presidencial en el Congreso, las expectativas se instalaron dentro y fuera del bloque.
¿Por qué no sucedió lo que todos esperaban?
Bouzas lo explica así: "Hay una serie de tensiones desde la década del 90 que tienen que ver con visiones distintas con respecto de hacia adónde los países querían orientar sus economías, la Argentina tenía una política más abierta y Brasil una política con preservación del modelo industrial. Hoy en día esas diferencias en la superficie parecen menores, pero hay otras que colocan obstáculos. En el campo de la política, hay diferencias sobre los recursos para invertir en la economía. Brasil tiene una política activa en muchos campos que generan asimetrías, como los estímulos para la inversión. Y la Argentina colocó esos temas de fondo sobre la mesa".
El analista de Flacso no es el único que cree que el problema central, hoy por hoy, tiene que ver más con la política que con la economía. "Desde el punto de vista comercial no hay mayores problemas. Además, la Argentina está creciendo un 8 por ciento y Brasil un 3,5 por ciento. Pero en relación al Mercosur hay un problema porque lo que necesitamos es voluntad política de los cuatro países para cumplir el acuerdo. El acuerdo no está siendo cumplido, y ése es el gran problema del bloque", insiste Barboza.
Falta de voluntadEl argentino Eduardo Amadeo, jefe de Gabinete de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur que preside Eduardo Duhalde, apuntó también a la falta de voluntad de los países del bloque para profundizar la integración, más allá de los protocolos y discursos de las cumbres presidenciales.
Consultado por LA NACION, Amadeo admitió que "el Mercosur tiene un gravísimo déficit de institucionalidad, es decir, que menos del 50 por ciento de las normas comunitarias han sido incorporadas a las legislaciones nacionales; todavía no tenemos normas agrosanitarias comunes, ni código aduanero común, y efectivamente lo que hay que hacer es poner toda la energía posible para consolidar la institucionalidad del bloque". Y fue más claro: "Detrás de cada norma hay ganadores y perdedores, y es razonable que los sectores defiendan sus espacios, la gran pregunta es si los cuatro países entienden o no que ganan con el espacio unido".
Desde el principio, los conflictos de intereses frenaron la integración, la relación entre Brasil y la Argentina marca los tiempos de fortaleza y debilidad del Mercosur como bloque insertado en el mundo. Y en los últimos años, otro elemento se sumó a los desencuentros bilaterales: la estrategia que el presidente Lula diseñó para posicionar a Brasil como el líder indiscutido de la región.
"El Mercosur resulta poco interesante para Brasil, Lula se ha convertido en un embajador comercial de su país en todo el mundo y actualmente Brasil usa el Mercosur para ganar nuevas partes del mercado", afirmó la semana pasada Stephane Monclaire, de la Universidad de la Sorbona, en un coloquio sobre el futuro del Mercosur que se realizó en París.
Hubo un cambio de actitud en Brasilia. Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, sostiene al respecto que "la constitución de la Unión Sudamericana de Naciones, que nació en Cuzco el 9 de diciembre de 2004, marca un cambio en la prioridad de la política regional de Brasil. Hasta esa fecha fue el Mercosur, desde entonces pasó a ser América del Sur como región". Lo mismo cree el politicólogo brasileño Fleischner: "Brasil está utilizando al Mercosur como plataforma para la Unión Sudamericana de Naciones y para las negociaciones con Estados Unidos. Por eso para su diplomacia el Mercosur es importante".
"Si Brasil quiere cumplir su rol de líder, debe también recordar que los líderes son generosos, como lo fue Alemania con Francia en la Unión Europea", razonan en la Cancillería, todavía en voz baja. "Brasil debe asumir que su liderazgo real requiere a veces de cierta benevolencia", opina Fraga. Desde la Universidad de Brasilia, Fleischner agrega con idéntica apreciación: "Brasil tiene que ser más flexible con la Argentina".
Nadie duda de que los destinos de Brasil y la Argentina están unidos inexorablemente, aunque también desde los dos países las voces coinciden en que tampoco puede continuar tal como está ahora. Bouzas es contundente con lo que puede venir: "Ningún acuerdo internacional se disuelve, salvo cuando se entra en guerra. Lo que pasa con los acuerdos de integración generalmente es que languidecen y se tornan irrelevantes. El problema principal del Mercosur como acuerdo comercial es que en la práctica se transforma en un acuerdo irrelevante para los países del bloque". Ese es el riesgo de los días que corren.
Por Ana Gerschenson