El escritor chileno Antonio Skármeta entrega el galardón al director Tristán Bauer
Foto: EFE
SAN SEBASTIAN.- Es una tradición. No es la primera vez, ni será la última. El público con su opinión, la crítica con la suya (por lo visto más contradictoria que ninguna otra) y el jurado con su directiva de dictaminar quiénes serán los elegidos u olvidados. Todo el mismo día en que la inmensa estructura levantada por meses y por cientos de personas comienza a desmontarse. No hay que preocuparse, porque en estos casos el sentido común de los jurados (también de la crítica y del público) suele ser el menos común de los sentidos. Así y todo, al menos la mitad de los premios de esta 53a. edición de San Sebastián son inobjetables. Entre ellos el Gran Premio Especial del Jurado que se lleva "Iluminados por el fuego", de Tristán Bauer (ver Pág. 4), que será, seguramente, muy festejado por todo el cine argentino.
Con la satisfacción de haber logrado un festival con apoyos importantes, esta vez con el fundamental aporte de la Televisión Española (TVE), con el respaldo de un mecanismo de relojería en todo lo que tiene que ver con las promesas de mucho cine a un público leal (que llenó todas las funciones) y una atención a la prensa impecable, los organizadores y el jurado elegido para la ocasión, integrado por Anjelica Huston, su presidenta, Verónica Forqué, Claude Miller, Antonio Skármeta, Enrico Lo Verso, Lone Scherfig y Dean Tavoularis, entregaron ayer los premios oficiales.
Todo comenzó el jueves, con el anuncio de la ganadora del bloque Cine en Construcción 8, “E proibido proibir”, del brasileño Jorge Durán, los Signis para la misma película, la mexicana “El violín”, de Francisco Vargas Quevedo y la argentina “Al borde del tiempo”, de Jorge Rocca, destinados a la posproducción, y el de la TVE para el documental franco-cubano “El telón de azúcar”, de Camila Guzmán Urzúa. Siguió anteayer, cuando se supo que otro documental, en este caso el mexicano “Toro negro”, de Pedro González Rubio y Carlos Armella, mereció el importante premio de la sección Horizontes, acompañado por dos menciones especiales, una para la argentina “Monobloc”, de Luis Ortega (“por la fuerza y sensibilidad de su inteligencia poética”), la otra para la mexicana “Cómo las García pasaron su verano”, de Georgina García Riedel. Luego comenzó la escritura del capítulo final de esta edición 2005 del festival donostiarra.
La madrugada de ayer, tras la exitosa proyección como cierre de Zabaltegui, de la esperada “Match Point”, última película de Woody Allen, y la primera de su cosecha filmada en Inglaterra con respaldo de la BBC, comenzaron a circular por los pasillos y los alrededores del centro Kursaal las listas con los potenciales triunfadores de esta 53a. edición. “Que ésta, que aquélla…”, se dijo por aquí. Pocos acertaron.
En esa lista sólo estuvieron la mitad, es decir, dos y medio de los cinco títulos que, finalmente, se alzaron con los palmares.
La Argentina se llevó el segundo premio. No es una Concha ni de oro ni de plata, sino el codiciado Premio Especial del Jurado. Quizás el menos discutido por los cronistas presentes en la inmensa sala de prensa, más llena –incluso de cámaras de televisión– que nunca antes. Después de que los presentes españoles aplaudieron la decisión de Signis al premiar a la luso-española “Sud Express” y de que bufaron con la de Fipresci frente a “Tideland”, del norteamericano Terry Gilliam, llegó el momento esperado.
Premio sorpresaLa gran triunfadora con la Concha de Oro resultó, sorpresivamente, la eslava “Algo como la felicidad”, de Bohdan Sláma. Es la historia de familias de clase trabajadora vecinas, devaluadas por la crisis de su país, hombres y mujeres, grandes y chicos, atrapados y sin salida que forman parte de un coro excesivamente depresivo. La actriz Ana Geislerová, por su trabajo en la misma película, se llevó, ella sí justificadamente, el premio como mejor actriz. Otra sorpresa fue el premio al chino Zhang Yang, director de “Girasol”, que sigue la historia de un joven desde su nacimiento en los últimos años de la Revolución Cultural, encabezada por Mao Tse-Tung, con una extensa lista de complicaciones en su camino por la vida, hasta llegar al presente. Como si fuese poco para una producción de lenguaje en extremo comercial-occidental para provenir de China (el de un telefilm norteamericano), se llevó el premio del jurado destinado a mejor fotografía.
Sin embargo, muy bien recibidos fueron los destinados a mejor actor, para el joven Juan José Ballesta, por “7 vírgenes”, y a guión, para Wolfgang Colase, que cuenta la historia de dos mujeres jóvenes que hacen lo que pueden para ser felices en la tragicomedia con fondo social “Verano en Berlín”, de Andreas Dresen.
Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION