Si para controlar la inflación el Gobierno sólo tiene entre manos los acuerdos de precios, sería razonable decir que el alza del costo de vida se estacionará en niveles superiores al 10% anual.
No parecen haber tenido gran resultado los acuerdos con productores, supermercados y otros comercios minoristas. No había ningún motivo razonable para que el alza del costo de vida fuera en diciembre último inferior a la registrada en noviembre, y el resultado confirmó la sospecha.
La presidenta del Centro de Educación al Consumidor, Susana Andrada, señaló que las rebajas pactadas con los supermercados no tuvieron efecto en el bolsillo de los clientes. Y detalló que en el caso de los lácteos apenas unos pocos productos incluidos en las rebajas de precios forman parte de la canasta básica. Además, recordó que si bien es cierto que el conjunto de productos básicos no tuvo casi variación en diciembre, había aumentado el 3% en noviembre. "En diciembre aumentaron las bebidas, la carne y los productos que componen la canasta navideña", explicó Andrada.
Con la demanda interna en niveles muy altos y una gran disponibilidad de liquidez incentivada por las compras de divisas que realiza el Banco Central con emisión, es poco probable que el alza de precios pierda velocidad.
El presidente Néstor Kirchner ha dicho además que quiere recobrar durante el año en curso las reservas sacrificadas para pagarle al Fondo Monetario Internacional. Eso no puede significar otra cosa que un fuerte ritmo de compras y de emisión monetaria. Ya no está Roberto Lavagna en el gabinete para tratar de moderar las medidas más audaces que se le ocurren al Presidente. La pregunta es entonces si a Kirchner no le preocupa la inflación. Y queda la sensación de que, más allá de algunos discursos altisonantes para la tribuna, no le preocupa demasiado, ya que las decisiones económicas que toma van en el sentido de avivarla.
Si el Presidente está tan pendiente de las encuestas como dicen quienes afirman conocer sus preocupaciones, entonces no sería raro que no estuviera genuinamente preocupado por la inflación. A fin de cuentas, los sondeos de opinión dicen que crece la imagen presidencial gracias a los enfrentamientos mediáticos con los supermercadistas. Y la misma gente que dice que le gusta ver al Presidente denostando a los empresarios del comercio minorista reconoce que es muy probable que las medidas para controlar los precios no alcancen su objetivo.
No parece que Kirchner esté dispuesto a hacer algo contrario a lo que su voluntad le dicta para ocuparse de algo que otros consideran un problema. El Gobierno se muestra convencido de que en los próximos meses el ritmo de aumento del índice de costo de vida será mayor de lo deseado. La ministra Felisa Miceli cree que la calma retornará en mayo próximo, pero no dice si entonces piensa aplicar medidas para lograrlo o si cree que el proceso se dará solo.
No parece haber motivos a la vista para que enero produzca una variación menor que la de diciembre. Andrada cree que en marzo, con el incremento estacional de los productos escolares, puede haber otra vez malas noticias. Hasta ahora, el Gobierno no sufre costos políticos.
Tal vez la clave la tenga el historiador Roberto Cortés Conde, que dice que el mal recuerdo de la deflación hace ahora tolerar la suba de los precios.
Por Jorge Oviedo
De la Redacción de LA NACION