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Miércoles 10.03.2010

Pellegrini y su Gran Premio

Juan Pablo Varsky
Para LA NACION

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Lunes 17 de abril de 2006 | Publicado en edición impresa 

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Pellegrini y su Gran PremioCon el pulgar hacia arriba. El chileno Manuel Pellegrini hace historia con Villarreal, semifinalista de la Liga de Campeones

Tiene cara de prócer, de esos que salen en los billetes. Junto con sus jugadores, logró un objetivo que se mide en dinero y se valora en historia. Pasado mañana, Villarreal jugará ante Arsenal la primera semifinal de la Liga de Campeones, el torneo más importante del mundo a nivel de clubes. Su equipo puso en el centro del planeta fútbol a una localidad periférica de Europa. Un pueblo de 46.000 habitantes es conocido en todo el mundo gracias a la obra de un hombre ilustrado que ejerce de entrenador.

Manuel Pellegrini tiene 52 años y se recibió de ingeniero civil estudiando durante las noches mientras jugaba de zaguero central en Universidad de Chile (450 partidos, sólo uno en la selección, amistoso con Brasil en 1986). Desarrolló su profesión universitaria en algunos edificios, casas y un centro deportivo del que es propietario. No figura en su currículum la construcción de los codos del Nuevo Gasómetro, como anunció despectivamente un periodista apenas llegó a San Lorenzo, en 2001. De todas maneras, no hubo quejas por el trabajo terminado: campeón del Clausura, con 11 victorias seguidas y 47 puntos, vigente récord de torneo corto.

Después de darle al Ciclón su primer título internacional (la última Copa Mercosur), José María Aguilar se lo llevó a River en su primer proyecto como presidente para reemplazar a Ramón Díaz. Esta vez, la cuestión no pasó por los codos, sino por los pasillos: no conocía los del Monumental. Pero armó un buen equipo que ganó el Clausura 2003. Una dura derrota con Boca y la caída en la final de la Sudamericana contra Cienciano precipitaron el final de un ciclo subvalorado.

“Cuando uno gana, debe acordarse de que va a volver a perder”, dijo en un reportaje al diario El País en noviembre último. Ya era el entrenador de Riquelme en Villarreal. Lejos de mimarlo y consentirlo, lo exigió a la altura de su potencial. Ahí está el resultado: resolutivo como siempre, participativo como nunca. Más allá de alguna tormenta en la relación, Riquelme respeta al entrenador que lo ayudó a salir de un estancamiento peligroso para su carrera. Los excelentes rendimientos de Romagnoli en San Lorenzo 2001 y D’Alessandro en River 2003 confirman que este lector de “Más Platón y menos Prozac” sabe interpretar la filosofía del futbolista creativo, virtuoso, a veces incomprendido…

Cree que el rol de conductor le obliga a manejar herramientas que no figuran en el libro del DT. En el manual de Manuel, hay mucha bibliografía ajena al fútbol y permanente diálogo con sus futbolistas para conocer su personalidad, sin necesidad de tocar la pelota. El vínculo tuvo su momento más emotivo en Escocia cuando Riquelme y Forlán le dedicaron los goles ante Rangers, enterados de un grave problema de salud de su mujer, Carola, ya recuperada afortunadamente. Su último programa de estudios incluye clases de alemán rumbo al Mundial (sabe hablar inglés, francés e italiano) y lecciones de piano (antes había experimentado con la pintura).

Sus equipos parten desde la pelota y, cuando no la tienen, presionan hacia ella. Por eso, todos los ejercicios de entrenamiento, pretemporada incluida, se hacen con balón. Le gusta que toquen de primera, que se junten y se muevan para involucrarse en el juego asociado. Marca la diferencia entre un corte y una recuperación cuando se trata de defender y detesta la reiteración de faltas, tan frecuente en el fútbol actual. Es uno de los poquísimos entrenadores que hablan de una “responsabilidad estética” con la gente que va a la cancha a ver un partido de fútbol.

Nadie podrá reprocharle falta de eficacia: también ha ganado títulos en Chile, con Católica, y en Ecuador, con Liga de Quito. Ahora quiere seguir haciendo historia en la Champions, justo ante su admirado Arsenal del francés Wenger, otro elegante embajador del buen gusto futbolero. En Villarreal, Pellegrini ganó su Gran Premio y es un prócer aunque no salga en los billetes…

jpvarsky@lanacion.com.ar

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