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Jueves 18.03.2010

No hay a la vista nadie que reemplace su talento

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Viernes 30 de junio de 2006 | Publicado en edición impresa 

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No hay a la vista nadie que reemplace su talentoCon Dolores Fonzi y Ricardo Darín, protagonistas de "El aura"

Con apenas dos largometrajes como director, Fabián Bielinsky representaba la mayor esperanza del cine industrial argentino a partir de esa gran capacidad (tan infrecuente aquí como en el resto del mundo) para combinar con solvencia, sin esfuerzo, la excelencia artística con el éxito comercial. Cinéfilo apasionado y artista riguroso hasta la obsesión en cada aspecto de su trabajo, Bielinsky no vivía, paradójicamente, sumergido en el egocentrismo de muchos falsos "autores" ni pensando de manera calculada en la popularidad de sus películas. Escribía y filmaba exactamente lo que quería, con un grado de autoexigencia por momentos enfermizo.

Con "Nueve reinas" demostró que no todo estaba agotado en el terreno de los géneros clásicos dentro del cine argentino. Este thriller sobre tramposos de poca monta, manipuladores profesionales y cazadores-cazados tampoco resultó un mero ejercicio de ingenio o de astucia: fue una jubilosa explosión de gran cine, de sorprendente (sobre todo para un director debutante) madurez narrativa, de capacidad lúdica, de una apuesta por el entretenimiento con las herramientas más nobles.

Esa opera prima generó -cosa extraña en el mundo del séptimo arte-similar entusiasmo entre los críticos más exigentes y en los espectadores más reacios a consumir cine argentino; en la industria local y en la del mundo entero, donde se lo comparó con justicia con el guionista y director David Mamet y donde hasta le ofrecieron hacer una remake hollywoodense que finalmente filmaron otros sin demasiada suerte.

El gran legado

Cinco años tardó en estrenar su segunda película, la mucho más ambiciosa, oscura y extraordinaria "El aura". Siempre con Ricardo Darín como aliado fiel, como máscara exquisita, como objetivo perfecto para su impresionante capacidad de observación, Bielinsky construyó un largometraje dominado por climas subyugantes, imágenes demoledoras, personajes alucinados. Aquellos que esperaban otro efectivo despliegue dentro de los cánones más transitados de los géneros tradicionales se sintieron algo perplejos ante un film de alturas y alcances tan enigmáticos, pero -más allá de las discusiones acaloradas que generó- "El aura" es el gran legado que Bielinsky le ha dejado al cine argentino.

Los dos millones de espectadores que vieron ambas películas en los cines locales (y los muchos más que lo disfrutaron en video y en televisión), los críticos que aprendieron de y con su cine sin dudas lo extrañarán mucho. Por ahora, no parece haber reemplazo en el horizonte para su enorme talento.

Diego Batlle

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