Incómodo en el traje de mero seleccionador, Basile no vacila en anunciar que su verdadera gestión arrancará en 2007. Armará un equipo con futbolistas del medio local que tendrá dos o tres prácticas semanales en el predio de Ezeiza con la Copa América de Venezuela como gran objetivo. La larga abstinencia de títulos de la selección mayor obliga a una mirada corta, mucho más humilde. Ya habrá tiempo de pensar en Sudáfrica 2010. Aquella imagen de Ruggeri levantando el trofeo en Ecuador 93 está demasiado lejos en la historia como para decir que lo único que importa es el próximo Mundial.
El DT extraña los aún recientes días de Boca. No sólo por los exitosos resultados, sino también por el vínculo que genera un grupo con contacto permanente. El entrenamiento diario, la convivencia con el futbolista, los trabajos de campo fundamentales para imponer una idea y lograr funcionamiento, la formación de sociedades, dentro y fuera de la cancha. En definitiva, la creación de una mística...
"A este grupo se agregarán los jugadores de allá que realmente hagan la diferencia", dijo el ciudadano ilustre de esa Boca que ahora usa tupido bigote como nueva moda. No es una afirmación menor. Invierte el concepto de los tres ciclos anteriores. Con Passarella, Bielsa y Pekerman, el jugador de acá debía hacer la diferencia para sumarse al grupo integrado mayoritariamente por los de allá...
Las tres últimas listas mundialistas muestran muchos futbolistas (casi todos los titulares) con pasaporte y muy pocos (casi todos complementarios) con cédula o DNI para viajes de cabotaje. Todo comenzó a cambiar el 15 de diciembre de 1995. Ese día, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se pronunció sobre el caso entablado por Jean Marc Bosman, un futbolista belga que le había hecho juicio al Real Club de Lieja por recorte salarial y negativa a aceptar un pase a préstamo al Dunkerque de la segunda división francesa. La sentencia provocó un cambio fundamental: a partir del ejercicio 96-97, el jugador nacido en un país de la Unión Europea no ocupa plaza de extranjero. Así se abrió la primera gran puerta para los argentinos. Ya no debían competir contra los propios europeos por ese limitado cupo. Sólo brasileños y africanos podían pelearles ese tan codiciado lugar.
En el bimestre julio-agosto de 1996, justo antes de la primera temporada de la ley Bosman, fueron transferidos Crespo (de River a Parma), Verón (de Boca a Sampdoria), Kily González (de Boca a Zaragoza), Piojo López (de Racing a Valencia) y Almeyda (de River a Sevilla). Sólo en 1996, se vendieron 46 futbolistas al exterior por US$ 74.000.000. Meses más tarde (febrero del 97) Ortega pasó a Valencia.
Más allá del dinero, hubo una importante pérdida para el campeonato y el seleccionado. La segunda puerta, mucho más grande que la primera, se abrió en los consulados italianos. Allí, el jugador argentino descubrió que podía sacar el cotizadísimo pasaporte comunitario con el único requisito de contar con un abuelo nacido en la península que no hubiera renunciado a su ciudadanía natal. Hasta podía inventarlo o fraguarlo si no lo tenía en la familia...
Ventaja comparativa respecto de africanos y brasileños, el doble pasaporte provocó una segunda ola migratoria que se pareció al arca de Noé. Todos a bordo: buenos, regulares y malos. Y a cualquier lado: Bélgica, Suiza, Portugal, Escocia, Rusia, Turquía... No se resistieron a la tentación del euro y eligieron la tranquilidad económica en destinos deportivos de segundo nivel. De golpe, jugar en Europa dejó de depender sólo del nivel futbolístico y se convirtió en tarea de astutos representantes.
Esta semana, Boca anunció su intención de retener a Rodrigo Palacio hasta el año 2010. A contramano del éxodo masivo pero en sintonía con el proyecto de Basile de armar una selección industria nacional. Ayer, el mejor jugador del fútbol argentino demostró de qué está hecho con un segundo tiempo extraordinario. En River, Fernando Belluschi justifica minuto a minuto cada euro que costó su contratación. El grupo de destacados incluye a Montenegro, Gago, Lavezzi, Mauricio Romero, Pellerano, Ibarra, Cata Díaz y siguen las firmas...
Con la revalorización del campeonato argentino, la mirada a Europa no será automática y sólo enfocará en los jugadores que realmente hagan la diferencia allá. Acá intentará hacerla el equipo, con prácticas de campo y mística de vestuario. En 2007, Basile cambiará la historia y la ropa. Contra la moda vigente, se pondrá el buzo de entrenador, ese que le queda cómodo...