Apocalypto (Estados Unidos/2006). Dirección: Mel Gibson. Con Rudy Youngblood, Dalia Hernández, Jonathan Brewer, Morris Birdyellowhead, Carlos Emilio Báez, Amilcar Ramírez, Israel Contreras e Israel Ríos. Guión: Mel Gibson y Farhad Safinia. Fotografía: Dean Semler. Música: James Horner. Edición: Kevin Stitt y John Wright. Diseño de producción: Tom Sanders. Producción de Icon y Touchstone, hablada en dialecto maya con subtítulos en castellano y presentada por 20th Century Fox de Argentina. Duración: 139 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: buena
En su cuarto largometraje como director, Mel Gibson sostiene, tal como ya lo había demostrado en La Pasión de Cristo y en Corazón valiente , su predilección por un tono épico sustentado en amplias tomas panorámicas y escenas de masas, por la exaltación de la carne y de la sangre, por una violencia explícita y muchas veces en primer plano que roza lo insoportable, y por un despliegue visual tan subyugante como poderoso.
Después de su controvertido acercamiento a la figura de Cristo, rodado en arameo, ahora Gibson reconstruye -también respetando el dialecto original- la decadencia y las sangrientas luchas intestinas dentro de la otrora poderosa civilización maya, justo antes de la llegada de los españoles.
La película arranca con la caza de un tapir narrada con varios largos y vertiginosos planos secuencia, elaborados por el fotógrafo australiano Dean Semler (ganador del premio Oscar por el western Danza con lobos ) con cámaras de video de alta definición. La brutalidad de la escena inicial -con ingestión de los testículos del animal incluida- marca la pauta de lo que vendrá en las siguientes dos horas y pico de metraje.
La trama tiene como héroe y conductor del relato a Garra de Jaguar (el actor estadounidense Rudy Youngblood), joven líder de una tribu que vive en armonía con la naturaleza hasta que su aldea es víctima de un ataque devastador por parte de indios bastante más guerreros (y sádicos). Si bien alcanza a salvar a su esposa y a su hijo sumergiéndolos en un pozo, el protagonista es atrapado y conducido junto con la mayoría de los otros hombres hasta la gran ciudad maya para ser utilizado en sacrificios rituales.
Sin el lirismo ni la elegancia de la que hizo gala Terrence Malick en la reciente El Nuevo Mundo ni la tónica operística de un Werner Herzog en Aguirre, la ira de Dios , el principal mérito de Gibson es trasladar al espectador a un tiempo (siglo XVI), una geografía (la selva más virgen) y una civilización (del esplendor al colapso de los mayas), y lograr que ese viaje resulte a la vez creíble y conmocionante.
La larga secuencia que transcurre en la enorme y caótica urbe maya justifica por sí sola la visión de la película a partir de la espectacularidad de sus movimientos de masas y de sus pirámides, pero también por el cuidado por el detalle en aspectos que van desde lo religioso hasta la descripción del despiadado mercado de esclavos.
Si la película luce mucho en términos visuales y consigue poderosas actuaciones por parte de un elenco dominado por intérpretes no profesionales o de mínima experiencia, el aspecto más cuestionable -claro- tiene que ver con la exposición de una violencia que nada tiene que envidiarle al género gore (la vertiente más sangrienta del terror).
Si bien es cierto que en muchos pasajes Apocalypto es una experiencia entretenida casi hasta lo hipnótico, en otros resulta un mero festival de excesos (violaciones, descuartizamientos) e imágenes extremas, que se parece demasiado al regodeo y que desemboca en el grotesco. Una decisión artística que no pocos especialistas, como también había ocurrido en el caso de su film anterior, han catalogado como "puro sensacionalismo amoral". Más allá de las elaboraciones intelectuales, lo cierto es que Gibson, con todo su talento y su arbitrariedad, nos invita (y nos somete) a un nuevo y doloroso calvario: la pasión del maya.
Diego Batlle
31.05.0710:41
16.05.0717:07
08.05.0701:02