Diario LA NACION

Turismo

Jueves 18.03.2010
Alma de valija

No siempre es caro comer en Nueva York

Pistas para gastar menos y disfrutar más

Noticias de Turismo: anterior | siguiente
Domingo 18 de febrero de 2007 | Publicado en edición impresa 

En 1923, el mismo año en que Aristóteles Onassis llegó a Buenos Aires y le sirvió un café a su admirado Carlos Gardel en Corrientes y Talcahuano, otro griego lo hacía en Nueva York. No tenían ningún parentesco, salvo la nacionalidad y el deseo de hacerse la América .

Gus Poulos tenía 16 años y trabajó en un bar. En su primeras vacaciones en Miami descubrió las frutas tropicales y, en especial, la papaya, considerada el melón de árbol, mamón, o fruta bomba y lechosa. Comprendió las ventajas de ese alimento bueno y barato, y se le prendió la lamparita. Se instaló en el 179 de la calle 86, entre Lexington y la 3ra. Avenida, con el local Papaya King. Luego, siempre con un menú supereconómico, le agregó un gigantesco hot dog al que calificó de más sabroso que un bife.

El éxito le trajo la competencia de Gray Papaya, cerca del Lincoln Center, en Broadway y la calle 71. En los dos negocios, más los franquiciados, se consume de pie igual que en el mostrador de las pizzerías. He comido muchas veces en los dos, y muy bien, por menos de 2 dólares por un almuerzo, con un vaso enorme de jugo y un pancho extra largo. Hasta la misma Guía Zagat los incluye elogiosamente.

Tips: datos y propinas

El dato es útil para un gasolero en Nueva York que desee salir de las hamburguesas con papas fritas. Es lo que llaman un tip , que significa propina y dato, lo que llamamos la precisa .

Además de estos boliches al paso y los puestos ambulantes donde hay de todo, están los llamados restaurantes de inmigrantes, con pocas mesas y venta para afuera ( take away o take out ). Son similares a los que prosperan en la Pequeña Lima, al sur del Abasto, o en el Chinatown, en Belgrano, y allí se puede comer por menos de 25 dólares platos afganos, indios, ucranianos, ecuatorianos y medio mapamundi. He conocido varios porque ser periodista es la manera más divertida de ser pobre. Disfruté de la gastronomía no convencional, limé bastante mis prejuicios y me entendí con sonrisas a pesar de la diferencia de idioma y costumbres.

Otra alternativa es desayunar o almorzar en las grandes tiendas o centros comerciales. En Macy s, por ejemplo, lo mismo que en Bloomingdale s hay diferentes propuestas, desde la onda diet hasta tallarines a precios menores que en la calle porque su interés comercial es que uno se quede en el negocio. O en el subsuelo de Takashimaya, con un menú japonés no tan económico, pero rodeado por las compradoras más sofisticadas de la Quinta Avenida. Sume el patio de comidas del nuevo Time Warner, en la esquina de Columbus Circle, que no es un comedero, sino un sitio por demás grato sin dejar de ser económico.

Lo mismo sucede en los grandes museos, que tienen buenas cafeterías y a veces restaurantes con mozos: el Metropolitan, el MoMA o el Guggenheim, y hasta especialidades austríacas en la Neue Galerie o preparaciones kosher en el Museo Judío. En la renovada Morgan Library se puede tomar por US$ 15,50 un té completo a la inglesa.

Por último, están las delikatessen tipo Kat z, con porciones enormes y precios acomodados, donde incluso se puede pedir una doggy bag , y llevarse el resto de su plato. Sin olvidarse de los minimarkets, en los que uno puede armarse un sándwich de salmón por menos que un especial cargado de jamón y queso.

Por Horacio de Dios
almadevalija@gmail.com

Noticias | Turismo | Nota
Noticias de Turismo: anterior | siguiente

Ranking de notas