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Jueves 09.09.2010
Theaterformen

La escena alternativa del mundo

Espía a una mujer que se mata , de Veronese, brilló en el festival de Hannover

Miércoles 27 de junio de 2007 | Publicado en edición impresa 
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La escena alternativa del mundo
Una escena de Pornografía, la obra alemana de Simon Stephens.

HANNOVER, Alemania.- No se exagera cuando se dice que el teatro argentino es uno de nuestros más importantes embajadores culturales ante el mundo. Y cuando una foto de la actriz María Figueras que empuña un arma ocupa un lugar destacado dentro del circuito turístico e histórico de una ciudad europea, uno confirma que esta frase es mucho más que eso: es la realidad de un teatro que supo volverse atractivo para el mundo.

La ciudad de Hannover es una típica urbanización alemana, atravesada al mismo tiempo por el progreso y la historia. Fue destruida casi íntegramente durante la guerra y luego reconstruida en su totalidad, con iguales medidas de inversión económica y prepotencia. Y si bien Hannover es mundialmente conocida por sus ferias, hoy la redescubrimos gracias a la reaparición de un festival de singular importancia dentro de la cultura germana: el Theaterformen o Formas del Teatro.

El encuentro, que existía desde hace ya unos cuantos años, había sido desarticulado, hasta que por aquellas cuestiones de los cambios en la política a alguien se le ocurrió que podría ser importante recuperarlo. Y así es que hoy el Theaterformen se encuentra con un nuevo director y programador, que a su vez le da una nueva apariencia. Stefan Schmidtke es quien tiene la responsabilidad de seleccionar los espectáculos del mundo que mostrarán sus formas estéticas. Y Schmidtke tiene como particularidad el haber desarrollado sus estudios en Rusia, y ser por ello una de las personas que más conocimientos tiene sobre el llamado por nosotros Teatro del Este. Y en este primer festival que dirige pudo verse un teatro sumamente diferente al que ha desarrollado el mundo occidental y capitalista, pero no por ello menos interesante.

De Uzbekistán a Veronese

La diversidad de las estéticas, problemáticas y búsquedas de las obras de los once países invitados (Argentina, Australia, Brasil, Francia, Canadá, Austria, Rusia, Sudáfrica, República Checa, los Estados Unidos, Alemania) hace que sea imposible hallar una única línea en la selección. El criterio, más bien, parece haber sido el de hacer honor a su nombre: simplemente mostrar los caminos que cada teatro pudo construir o encontrar, así como ciertas problemáticas vinculadas a sus respectivos países e identidades. Las obras pasan de una actualidad rigurosa en lo político y en lo social a un intimismo arrolladoramente doloroso. De Alemania por ejemplo, pero con autoría de Simon Stephens, uno de los dramaturgos ingleses más importantes y representativos, se mostró Pornografía , uno de los primeros espectáculos teatrales en representar, sin golpes bajos ni pretensiones figurativas el atentado sufrido por Londres en 2005. Muy diferente fue una de las representantes de Brasil que, salida de las favelas de Río de Janeiro, ofreciera un recital de hip-hop intentando dar a conocer su trabajo social, seguramente más significativo que su aporte estético.

Un párrafo aparte merece Uzbekistán, un país al que seguramente muy poca gente podría ubicar en el mapa, pero que se alzó orgulloso con importantes aplausos.

En lo que hace al uso de la espacialidad, de la circularidad y del factor ritual de la escena, no se puede dejar de señalar cierta presencia del espíritu del teatro de Peter Brook, pero que, a su vez, no pretende negar ni rechazar su propia idiosincrasia. La puesta en escena del Theater Ilkhom que puede ser traducida al español como Blanca, blanca, negra cigüeña pone en escena una obra en la que, islamismo mediante, la homosexualidad es el problema, el conflicto, el disparador para la tragedia.

Y no deja de resultar llamativo que en 2007 una cultura tenga la necesidad de tematizar de esta forma la homosexualidad.

Espía a una mujer que se mata encontró en esta vieja fábrica de hielo al sur de la ciudad, una sala que no permitía extrañar al camarín de las musas. Si bien la capacidad era limitada, el público que colmó el lugar en las dos funciones ofrecidas no se fue sin antes aplaudir, incansablemente, emocionando de forma visible a los actores, para terminar con un zapateo, que es el gesto germano con el que se manifiesta un agrado superior al habitual. Y pese a las dificultades que tiene llevar este espectáculo a un país no hispanohablante (la excelente traducción de Hedda Kage debió ser resumida en el subtitulado), se pudo disfrutar y entender cómo esta versión del Tío Vania de Chejov puede representar una situación de crisis que aparentemente, y según la opinión de esos espectadores, no es exclusiva de nuestro país.

Se dio en paralelo con una versión austríaca muy personal de Tío Vania , llamada Vania I (un viaje por las tierras del realismo) , a cargo del grupo Toxic Dreams. Esta producción tuvo como único atractivo la presencia de un video en el que se proyectaba un viaje que el equipo creativo hizo por las tierras de Chejov, sus teatros y los lugares mencionados en sus obras. Una buena producción, pero carente de las intensidades propias de la versión de Veronese.

Por Federico Irazábal
Para LA NACION

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