Un juego de espejos espera a la presidenta Cristina Kirchner en Lima al final de esta semana.
En las poco más de 24 horas que estará allí, se reunirá con el español José Luis Rodríguez Zapatero, cuando aún está fresco el malestar que causaron en Madrid las presiones del Gobierno para que el grupo Marsans cediera el control de Aerolíneas Argentinas. Y le tocará cruzarse con el venezolano Hugo Chávez por primera vez desde su inesperada decisión de estatizar la metalúrgica Sidor, que controlaba el holding argentino Techint.
El viaje a la Cumbre de América Latina-Unión Europea (ALC-UE) servirá entonces a la Presidenta como un test de la relación con los dos principales aliados externos de su gobierno.
Pese a los parecidos (la Argentina, preocupada por Techint; España, por Marsans), hay diferencias de expectativa en cada caso. La relación con Chávez parece encarrilarse después de la promesa que el líder bolivariano hizo a los ministros Julio De Vido y Carlos Fernández de enviar más gas a la Argentina para evitar una crisis invernal y de comprar bonos por otros 1000 millones de dólares. Dos ayudas vitales para equiparar el impacto económico del paro agrario. Con España, en cambio, existe incertidumbre: el Gobierno recibió señales dispares sobre cuánto molestó a Zapatero la "reargentinización" de Aerolíneas.
Por eso, en la Casa Rosada esperan con especial ansiedad la reunión bilateral de Cristina Kirchner y Zapatero, prevista para el sábado. El gobierno español acumula preocupaciones -según dejó trascender- por otras supuestas maniobras kirchneristas para que capital argentino ingrese en otras empresas de servicios controladas por españoles (como Edesur y Telefé).
La charla privada será una medida. La expectativa argentina es que el reclamo no enturbie la declamada alianza estratégica. Cristina Kirchner acordó viajar en julio a Madrid y Zaragoza para una visita de Estado que la reubique en el escenario europeo. La negociación estancada con el Club de París por una deuda de 6500 millones de dólares urge a la Argentina a avanzar en esa línea de relaciones.
Para ese plan también se negocia desde la Cancillería un encuentro a solas con la canciller de Alemania, Angela Merkel, estrella central de la cumbre que reunirá a autoridades de 57 países. Se quedó casi sin competencia al confirmarse las ausencias del premier británico, Gordon Brown; el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y el flamante primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.
El fantasma del paroHasta ayer la cita con la líder conservadora alemana no estaba confirmada. Pero las dos jefas de gobierno -junto con el propio Zapatero- compartirán uno de los paneles oficiales, el viernes por la tarde.
La elección del debate en el que se anotó la Presidenta (había media docena de opciones) anticipa que no dejará de lado el conflicto con el campo que marca su gestión. Hablará sobre "pobreza, desigualdad e inclusión social", un tópico que ha ligado en su discurso a la decisión de aumentar las retenciones a las exportaciones. Su llegada a Perú coincidirá con el fin de los ocho días de paro agrario.
La Cumbre ALC-UE es un foro creado hace 10 años para fomentar la integración política y el libre comercio entre los bloques. Uno de los grandes objetivos planteados, hasta ahora sin avances, ha sido el acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur. Cristina Kirchner ratificó anteayer su deseo de promoverlo, pero las probabilidades de avanzar en Lima son escasas, según los expertos.
Las deserciones europeas levantaron el precio de los problemas latinoamericanos que se ventilarán en la cumbre. Sobre todo, la tensión entre Colombia y Ecuador, con Venezuela en el medio. Cristina Kirchner prevé reunirse con el ecuatoriano Rafael Correa. Y podría dialogar con el boliviano Evo Morales, que enfrenta una crisis tan dramática en su país que hace que el conflictivo escenario argentino parezca un juego de niños.
Por Martín Rodríguez Yebra
De la Redacción de LA NACION
11.05.0808:01
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