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El origen de barrio y las primeras páginas gloriosas

Impulsado por el cura Lorenzo Massa, el Ciclón creció con rapidez; las tres conquistas amateurs, el título de 1933 y las figuras del amanecer azulgrana
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1 de abril de 2008  

Un grupo de chiquilines jugando en la calle con una pelota de tiento y destrozando a diario vidrios y macetas. Un barrio en el que crecían la pasión por el fútbol y la necesidad de una plataforma formal desde la cual desplegarla. Un cura, Lorenzo , sabio intérprete de esas ansiedades y de cómo canalizarlas. Comienzos del siglo XX en Buenos Aires.

El cura Lorenzo entendió que esos pibes y adolescentes que pateaban y corrían sin cansarse en el campito del oratorio de San Antonio necesitaban organizarse y los impulsó a hacerlo. Federico y Juan Monti, José y Alberto Coll, Luis Gianella, Antonio Scaramusso y Francisco Xarau eran algunos de ellos. Un día, el 1° de abril de 1908, se reunieron sobre la calle México, cerca de Agrelo, y fundaron el club que les permitiría tomar parte en torneos. Hubo que buscarle un nombre y los chicos pensaron en uno rimbombante: Los Forzosos de Almagro, alusión al ímpetu que los movía y a su origen barrial.

Pero al cura Lorenzo no le gustó demasiado ese nombre. Entonces empezaron a barajarse variantes insólitas: El Centinela de Quito, Gestos y Canastas, El Triunfador de Almagro, El Invencible, El Almagreño, Almagro, Río de la Plata... Hasta que alguien comprendió que había que homenajear al inspirador y propuso bautizar al club naciente San Lorenzo. Obviamente, el cura se resistió, pero terminó aceptando cuando pidió que ese nombre invocara a la batalla que abrió la gesta del general San Martín. Y fue el sacerdote quien también impuso para siempre los colores del club: un día apareció con camisetas a bastones azules y rojos, que se aceptaron de inmediato.

Un terreno sobre la calle México fue útil para los primeros partidos, sucedido por una cancha en el parque Chacabuco. El embrionario espíritu de hierro apareció al superar una dura crisis entre 1912 y 1913, pero luego llegaron los tiempos de bonanza. El 1° de enero de 1915, en la cancha de Ferro, el Ciclón consiguió el ascenso a primera al vencer a Honor y Patria por 3 a 0. Entonces sí se abrió una etapa de un crecimiento sostenido, tanto en lo deportivo como en lo social. Empujados por el entusiasmo florecían los proyectos, como el de alquilar un solar sobre la avenida La Plata y comenzar a levantar el estadio.

Juntar el dinero para la obra fue un despliegue de voluntad, modestia y generosidad que sólo podía tener lugar en aquellos tiempos. Páginas amarillas de viejos diarios recuperan un diálogo que se dio en esos días.

–¿Usted no puso nada en la colecta? –le preguntó Antonio Mulet, vicepresidente del club, a Antonio Scaramusso, el presidente.

Scaramusso bajó la cabeza.

–En la medida de mis precarias fuerzas he hecho lo humanamente posible...

–Tome trescientos pesos. No es posible que el presidente no contribuya con una cantidad apreciable. Ya me lo devolverá usted con el tiempo.

Mientras, germinaban los primeros grandes equipos del Ciclón. La década del 20 proyectó a San Lorenzo hacia el lugar que hoy ocupa entre los grandes, con tres títulos. El primero llegó en 1923, con cuatro puntos de ventaja sobre River e Independiente, y figuras como Luis Doble Ancho Monti –subcampeón mundial con la Argentina en 1930 y campeón mundial con Italia en 1934– y Alfredo Carricaberry. Se repitió la conquista al año siguiente, y cuando el profesionalismo aparecía en el horizonte, en 1927, llegó la tercera y última estrella en la etapa amateur.

En esa era el club entró bajo la presidencia del recordado Pedro Bidegain, que hoy le da su nombre al estadio del Bajo Flores. El equipo que consiguió el primer título en la etapa rentada del fútbol nacional, en 1933, impulsó el mote de Los Gauchos de Boedo, porque se reforzó con jugadores procedentes del interior, como Canteli, Magán y Chividini. Tuvo como goleador a Diego García. La década tenía reservados otros grandes momentos para el Ciclón, como la instalación de un sistema lumínico para el Gasómetro, en 1936, y otra bisagra futbolística: la llegada de Isidro Lángara, en el 39. El debut del delantero español quedó marcado a fuego en los libros del fútbol: fue el 21 de mayo, y en media hora ya le había hecho cuatro goles a River, en un estadio repleto.

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