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La población preserva su memoria

Especialistas consultados por La Nación sostienen que los hallazgos contribuyen a defender el patrimonio histórico.
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16 de junio de 1998  

El aumento de los hallazgos arqueológicos conocidos en la ciudad de Buenos Aires y en otros rincones del país durante los últimos meses esconde un renovado interés de la población por preservar la memoria histórica y cultural que marcaron nuestros ancestros.

Como indica la infografía que acompaña esta nota, los diarios han reflejado en los últimos meses nueve hallazgos arqueológicos de singular valor histórico, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en el interior.

Al parecer, el interés que despierta en la gente el hallazgo de vestigios que revelan costumbres de quienes nos precedieron es más fuerte ahora que en otros tiempos, en los que tal vez muchos descubrimientos quedaban ocultos bajo las excavaciones de obras en construcción.

Para el arquitecto Daniel Schavelzon, especialista en arqueología y en restauración de monumentos, la gente se interesa más ahora en descubrir lo que se esconde bajo las baldosas de la vereda.

"La arqueología urbana hace a la identidad de los porteños. Se descubren cosas concretas y recientes, cosas que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos. Y uno se termina enganchando porque toca más de cerca a la memoria de la ciudad", dijo, sumergido en un pozo de excavación ubicado en Virrey Liniers e Hipólito Yrigoyen, de Almagro.

Allí funcionó el Hospital de Niños de las Damas de Caridad San Luis Gonzaga. Los restos de ese pasado volvieron a ver la luz cuando una empresa inició la construcción de dos torres y los devolvió a la superficie.

La protección oficial

El equipo de Schavelzon excavó la semana última un sótano cubierto de azulejos franceses de 1880 y se encontró con botellas de cerveza inglesa, frascos de remedios de la época del hospital, fragmentos de soperas y platos, baldosas de Marsella y monedas de 1891, 1897 y 1926.

Schavelzon también cree que la arqueología está siendo más protegida por el sector oficial: "El Gobierno de la Ciudad se está preocupando por cuidar el patrimonio cultural urbano. Ha cambiado la perspectiva. Antes de esta gestión, la Municipalidad tenía una falsa idea de progreso, que consistía en destruir lo viejo para hacer lo nuevo. Ahora también ayudan a valorar lo antiguo", dijo.

Su equipo, que también trabaja en Parque Patricios, Flores, Quilmes, Adrogué y Mendoza, intenta salvar los tesoros subterráneos del empuje devastador de las empresas de construcción y las convence de esperar unos días, hasta que se rescata el esqueleto del pasado.

La influencia de los medios

Para la directora del Instituto Nacional de Antropología y Folklore, Diana Rolandi, la clave es la difusión de los hallazgos a través de los medios. Ello beneficia, dijo, a quienes tienen "más cancha" con el periodismo.

"Los arquitectos como el señor Schavelzon hacen mejor promoción de los hallazgos, mientras que los arqueólogos nos dedicamos a trabajar y buscamos sólo el reconocimiento de nuestros pares", dijo, con acento despectivo.

Entre los investigadores que tienen "cancha" con los medios se autoincluyó Marcelo Weissel, un arqueólogo egresado de la UBA que se define como "generador de noticias" y que realizó su tesis sobre los último 150 años de esta ciudad.

"Yo llamo a los periodistas y les cuento lo que se ha descubierto", confesó. Weissel tiene como objetivo "instalar en la conciencia de las autoridades la importancia de la arqueología".

En 1996 trabajó sobre la Vuelta de Rocha, en la Boca. Allí, una empresa estaba sobreelevando los muelles de la ribera boquense y dejó al descubierto restos de la actividad marinera del siglo último que hoy pueden verse en el Museo Quinquela Martín.

Weissel recordó especialmente a un vecino de una casa de la calle México, entre Balcarce y Defensa: "El dueño estaba haciendo una reforma en una habitación interna y empezó a encontrar bacinetas y huesos de animales muy antiguos. Llamó al Museo de la Ciudad, que dirige José María Peña, y ahora estamos llegando a los cuatro metros de excavación", explicó.

Para él, la gente se interesa en la arqueología porque la ayuda a despegarse de los problemas del presente y del futuro. "El pasado es algo metafórico, hasta misterioso, que entretiene a la gente", dijo Weissel.

"¿No considera positivo que los resultados de las investigaciones sean dados a conocer a la comunidad en general?", le preguntó La Nación a Rolandi, ante su aparente disgusto por la relación entre investigadores y medios periodísticos.

Luego de pensarlo un poco, la directora Rolandi respondió: "Sí. Puede ser que el arqueólogo deba acercarse más a la gente. Además, nuestros trabajos son financiados con dineros del Estado, así que es nuestra obligación devolver a la comunidad lo que ella nos da", dijo.

En Almagro, una carrera contra reloj

Un equipo de arqueólogos de la Secretaría de Cultura porteña trabaja contra reloj para recuperar diversos objetos de la vida cotidiana del siglo pasado, ocultos en un terreno del barrio de Almagro, antes de que una empresa constructora sepulte esos restos de historia bajo una mole de hormigón.

Hace un siglo, en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Virrey Liniers había una quinta suburbana. Muchos dicen que allí vivió el virrey Santiago de Liniers, pero los expertos aseguran que la versión es inexacta. En realidad, aseguran, la finca fue el hogar de la familia Lange, una de las primeras en asentarse en lo que hoy es el barrio de Almagro.

Años más tarde, el predio albergó a un asilo de mujeres (fundado en 1870), al primer hospital de niños de Buenos Aires (creado en 1875) y luego a comercios y conventillos, hasta que en la década de los sesenta todo fue demolido.

Hoy, aquella quinta, con muchos valiosos tesoros arqueológicos aún escondidos entre los antiguos escombros, pertenece a manos privadas y, a partir de la semana próxima, yacerá bajo un enorme edificio.

Los investigadores del Programa por la Memoria de Buenos Aires ya encontraron piezas de loza, arcilla, porcelana, vidrio -que formaban parte de vasos, vasijas y botellas- y herraduras. Los objetos datan en su mayoría de los primeros años del siglo XIX.

El arqueólogo Daniel Schavelzon comentó a La Nación que los restos hallados "eran de uso habitual en la vida cotidiana de una familia que vivía en las afueras de la ciudad".

El trabajo de los especialistas continuará hasta esta semana, cuando deben proseguir las obras de construcción. "De todas maneras -dijo Schavelzon-, los fondos con que contamos no nos hubieran permitido trabajar muchos días más."

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