Suscriptor digital

Marca registrada

Dalila Puzzovio y Charlie Squirru, pareja emblemática del arte de los años sesenta en la Argentina, vuelven juntos a escena en la galería Vasari, con motivo del 50° aniversario del mítico Instituto Di Tella
(0)
19 de abril de 2008  

En la galería Vasari se puede visitar lo que podríamos denominar una "muestra de riesgo", pues han pasado cerca de cuarenta años y se vuelven a exponer las mismas obras. La prueba de fuego es comprobar si resistieron el paso del tiempo. Los audaces son Dalila Puzzovio y Charlie Squirru, y el marco conmemorativo de esta muestra, los 50 años del Instituto Di Tella, aquel epicentro de corazones agitadores que siguen latiendo en la historia argentina con algunas arritmias y confusiones.

Dalila y Charlie se suman a las talentosas parejas que -sin contaminar sus lenguajes- jalonaron las rupturas del siglo XX. Basta recordar a Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely en Francia -popes del nuevo realismo- o a Georgia O Keeffe y Alfred Stieglitz en los Estados Unidos de posguerra. Los argentinos están juntos desde que tienen memoria y son una pareja que suma y multiplica inteligencia, agudeza, crítica severa y un glamour desbordado (sobre todo en el caso de la dama).

Dalila fue una artista tremendamente activa en los años sesenta, productora de obras paradigmáticas no solo de la década sino de la historia del arte argentino, como el zapato de doble plataforma y sus "yesos". También es recordada por el célebre cartel publicitario instalado en la esquina de Florida y Viamonte en 1965, en el que se veía su retrato, el de Squirru y el de Edgardo Giménez debajo de la pregunta: "¿Por qué son tan geniales?"

La obra de Charlie quizá sea menos estridente, pero gana en mordacidad y crítica. Los trabajos de Dalila participan de algunas consignas del arte pop, como el cruce entre objeto cotidiano, arte y cierta ironía narcisista de autoproclamación. Esto se comprueba en la selección de la galería Vasari: dos zapatos femeninos de doble plataforma y cuero fluorescente encerrados en cajas exhibidoras dignas de un negocio de Place Vendôme, y su Autorretrato (1966-68) de dimensiones inusuales, con el rostro de la artista empalmado en el cuerpo de la modelo Veruschka que se recuesta en la arena como una Barbarella babilónica.

A la distancia se puede advertir que Dalila acuchilla el pop dichoso para sondear un aspecto más sombrío, que por alguna razón la historia se ha encargado de disimular. Hay dos coronas fúnebres (1964-98), con crespones de luto, yeso ortopédico de pierna y bollos blancos y negros a la manera de flores y Lustrabotas , un cajoncito de lustrar y más yesos ortopédicos (también de 1964- 98).

¿La enfermedad, la muerte, el dolor y la pobreza son pop? En la temática de Andy Warhol, Jackie Kennedy está de luto, hay choques de autos, sillas eléctricas y revueltas raciales; Roy Lichtenstein pinta escenas de guerra y una chica que se ahoga; y ya en otro extremo -fuera del pop y dentro de otra categoría conocida como junk art - Edward Kienholz recicla basura urbana para denunciar abortos, miserias en hospitales públicos y vejez abandonada.

Pues bien, no todo es calma, lujo y voluptuosidad en la obra de Dalila; ella ha producido obras que enturbian la fantasía de una dicha artificial. La obra de Squirru aborda esta parcela crítica con más vehemencia aún; en Vasari se pueden ver perfiles de cerebros con escarapelas y banderas argentinas y con un bujía mal colocada; el tiro por elevación es claro: la inteligencia argentina ha perdido su brújula.

No menos interesantes son sus collages de 1961, deudores de la rebeldía dadaísta, particularmente de artistas como Kurt Schwitters, de la escuela de Hannover. El papel pegado se ha amarronado y la hojita de afeitar no solo se ha oxidado, se ha osificado. Lo que queda de aquel exceso es la sensación de que no fue tanto, esos collages -otrora escandalosos- son casi una poema de amor a esa juventud sesentosa e indómita.

La reedición de estos trabajos del 60, así como el conjunto de muestras homenaje que se suceden en la actualidad (como la de Liliana Maresca, Oscar Bony y Pablo Suárez, entre otras) no deja de ser sintomático; años antes del cambio de milenio comenzó una tendencia revisionista. ¿Fue por una necesidad de balance o el presente es tan poco atractivo que necesitamos zambullirnos en décadas pasadas para rescatar el poder transformador del arte?

FICHA. Dalila &Charlie en Vasari (Esmeralda 1357). Pinturas, fotografías, collages y objetos. Hasta el 30 de abril.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?