El planeta Once

Con una instalación en una galería comercial, Eduardo Navarro reflexiona sobre lo clandestino y lo precario
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26 de abril de 2008  

Para LA NACION -- BUENOS AIRES, 2008

Las experiencias que propone Eduardo Navarro no son comunes en el circuito de artes visuales. Su obra es un alivio: puede transportar al espectador hacia una dimensión más fresca del arte contemporáneo y a otro nivel de cuestionamientos e inquietudes. Fabricantes Unidos , su nuevo trabajo, forma parte de la programación de la galería de arte Daniel Abate, en el Pasaje Bollini, pero ocurre en la galería comercial La Dulce, en pleno corazón del barrio de Once. La Dulce toma su nombre en irónica competencia con La Salada, ambas dedicadas al mismo rubro: la venta de ropa que parece de primera marca pero no lo es.

Al llegar al sitio, nada indica dónde está la obra. Uno deambula por los puestos de ropa, celulares, anteojos de sol o juguetes, preguntándose si alguna de las situaciones podría ser la que el artista propone. La búsqueda ya es parte de la obra. Y podría serlo todo Once: un laberinto tanto público como clandestino donde se cruzan objetos de distinto tipo, ordenados de diversas formas en vidrieras o depósitos; casi una galería de arte contemporáneo infinita.

Un estímulo que, como describe Inés Katzenstein en el prólogo del proyecto, toma en el caso de Navarro una particularidad esencial: no son los objetos o las estructuras formales del Once los que se trasladan al circuito del arte y se disuelven dentro de salas como readymades , sino la obra, el circuito y sus actores los que se trasladan para disolverse en el Once.

Luego de buscar un rato quedan dos opciones: preguntar a los puesteros o aventurarse sin destino previsible por la escalera del fondo, el único lugar que falta explorar. Ambas conducen a Mari, una chica que trabaja en el último local y se ofrece a subir para mostrar el proyecto. Esta "visita guiada" es fundamental porque une el mundo comercial de Once y de La Dulce con el emprendimiento de Navarro: una fábrica de budines. El recorrido con Mari no durará más de lo necesario: "Esta es la sala de espera"; en la siguiente habitación: "acá es donde él cierra sus negocios". Y a través de una puerta, "acá hace los budines, los hornea y los decora".

Fabricantes Unidos podría ser una fábrica de budines pero no lo es, aunque todo esté preparado para ese objetivo: su estética, los materiales, la distribución de los espacios y su funcionalidad. Hace varios años que Navarro se sumerge en lo real, no para provocar una fuerte ruptura con la ficción, sino para amalgamarse y provocar fisuras o desbarajustes sutiles con cierto absurdo pero, sobre todo, con un realismo abrumador y estudiado que no alcanza su deber ser. Es ahí donde aparece la obra.

Navarro podría haber fabricado y vendido budines, pero el sentido se hubiese disuelto en lo político-relacional: el artista desarrollando un emprendimiento real y temporario con gente hacinada en un rincón del Once. El énfasis, en cambio, está puesto en otro aspecto: congelar esta situación con una instalación, para contar y vivenciar una experiencia espacial y arquitectónica particular. En un barrio con calles en constante ebullición, pero que oculta el mayor porcentaje de movimiento en garajes, galpones y departamentos con instalaciones ad hoc . A su vez, trabajar sobre la estética pragmática y precaria de estos espacios: los materiales usados, la selección y ubicación de los objetos decorativos, la disposición de ingredientes e instrumentos de cocina, incluso el ruido del reloj de pared donde se realizan las ventas.

Si bien Fabricantes Unidos ocurre en el Once, no se abre a un público general. Hay que conocer su existencia. Como esos espacios ocultos para microsociedades específicas -el restaurante coreano en el segundo piso de un edificio o la peluquería en un sótano-, la fábrica de budines es un rincón para el mundo del arte. Es que hay ciertas experiencias que, para aprehenderlas, deben ocurrir por fuera del circuito instituido y sus modelos prefijados.

FICHA

La galería Daniel Abatepresenta la instalación Fabricantes Unidos, de Eduardo Navarro, en la galería comercial La Dulce (Av. Rivadavia 2627). Hasta el 27 de mayo.

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