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Leer y escribir para escapar del horror

Por Livia Manera Corriere della Sera
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26 de abril de 2008  

Parece que ningún varón dominicano murió virgen. "¿Es así, verdad?" Oscar, de diecinueve años, le pregunta a su compañero de habitación en un college estadounidense. Y este, serio, le contesta: "Oscar, para un dominicano morir sin haber cogido al menos una vez en la vida es ir contra la ley". Oscar de León es el héroe por siempre virgen de la primera, extraordinaria, culta y soez novela de Junot Díaz, La maravillosa vida breve de Oscar Wao.

En 1996, Junot Díaz, que en ese entonces tenía veintisiete años, publicó Drown [Los boys], una colección de cuentos memorables, y se transformó en la nueva gran esperanza de la literatura estadounidense. Después desapareció por once largos años. "Fukú", hubiesen sentenciado los protagonistas de la nueva novela, escrita en el angloespañol lleno de vida de los guetos hispanoamericanos. Fukú es el mal de ojo, la superstición hegemónica de América. Porque como dice el casi cuarentón Junot Díaz, oriundo de Santo Domingo, "la sociedad caribeña no existiría sin la superstición: incluso cree quien no cree". Es decir, cree en el poder del fukú de explicar todas las desgracias, empezando por la que se abatió sobre el joven Oscar y sobre el resto de su familia: Lola, su hermana sexy; Beli, la mamá-mastín; y, yendo más atrás, los abuelos maternos, culpables de haber tenido una casa e hijas tan bellas que desencadenaron la avidez del dictador Rafael Trujillo, culpables de haber permitido que se llevaran todo de la manera más cruel que el lector pueda imaginar, los bienes, las hijas, la vida, todo salvo la pequeñísima Beli.

"A los siete años, llegué a Perth Amboy -cuenta Junot Díaz en el loft neoyorquino de su agente Nicole Aragi-, un barrio construido junto a una recolectora de basura. Cientos de camiones que pasaban por allí todos los días. Miles de gaviotas hambrientas. El día que cerraron la recolectora nos dimos cuenta de que lo que más odiábamos era lo que nos había permitido vivir allí. Los precios se fueron por las nubes y mi familia tuvo que dejar el barrio." Su familia: un padre obrero que los deja cuando Junot tiene trece años y una madre que trabaja en una fábrica para criar a cinco hijos. Junot el rebelde pasa el tiempo con los amigos e inmerso en sus lecturas. Y tiene una intuición que lo salva: escribir un reportaje de los hechos cotidianos del barrio. "Hay un momento en Blade Runner en que el replicante dice: ´He visto cosas que ustedes, humanos, no podrán nunca imaginar . Yo vi padres infieles, gente sin trabajo, niños abandonados, profesores de cuarenta años que se acostaban con alumnos de catorce, policías que dormían en sus autos mientras a su alrededor enteros edificios ardían en llamas. Quizá no sea un mundo excepcional, pero es algo que no se ve en televisión y que yo mismo no hallaba en los libros que leía. Y me angustiaba la idea de que si yo hubiese muerto, nadie hubiera sabido nada del mundo en que mis amigos y yo habíamos crecido." De allí viene La maravillosa vida breve de Oscar Wao, una novela que no se parece a ninguna otra novela y que, para capturar la locura que describe, usa muchas voces narrativas y una gran cantidad de referencias a géneros disparatados: punk-rock, realismo mágico, melodrama, guiños posmodernos. La novela es el resultado de la fricción entre la realidad cotidiana de una América miserable, el deseo de evasión de un chico que crece saqueando las bibliotecas del barrio y las historias de los inmigrantes como la madre de Junot, que, "a los diecisiete o dieciocho años llegaban para hacer la América dejando a sus espaldas historias de horror". DiceJunot: "Fue Estados Unidos el que adiestró a un monstruo como Trujillo, por lo cual mi pregunta es: ¿quién es más perverso, el criminal o la persona que le paga? Trujillo era un demonio, pero al menos era sincero, mientras que los senadores americanos que lo financiaban y por la noche regresaban a sus hermosas casas con sus esposas, no".

[Traducción: Alejandro Patat]

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