Pantalla chica, olvido grande

La desidia del cine contagia a la televisión: en los canales se conserva apenas el 16 por ciento de los programas anteriores a 1993
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21 de junio de 1998  

La TV argentina tiene mala memoria. De toda su historia, que comenzó a las 14.20 del 17 de octubre de 1951 con la imagen fija de Perón y Evita, apenas se salvaron, se rescataron o se guardaron escasos recuerdos. En pocas palabras: el archivo sistemático y organizado comenzó sólo en 1993.

Los 42 años restantes, en la mayoría de los casos, se borraron, se quemaron o, simplemente, se perdieron. Y lo que quedó en los estantes de las emisoras o lo que recuperó con paciencia oriental el canal de cable Volver, apenas representa un 16 por ciento de todo lo que se emitió por la pantalla chica a lo largo de su historia. Si se hace un cálculo algo arbitrario, en estos 47 años de existencia la TV sumó alrededor de 551.000 horas de transmisión (sin contar los productos enlatados). Pero no hay ningún lugar que reúna todo ese material: ni el Archivo General de la Nación ni los canales ni aquellos particulares que han contribuido más a la historia de la TV que los organismos oficiales. De todas esas horas, lo guardado en los canales suma apenas 93 mil horas.

Y aunque el 5 de septiembre de 1990 se sancionó la ley 23.820, que establece que "le compete al Archivo General de la Nación la recuperación de la memoria del pueblo argentino , debiendo detectar y conservar la documentación fílmica y televisiva", poco y nada se ha hecho en ese ámbito. De hecho, esa ley ni siquiera se reglamentó.

Claudia Perel, jefa del Departamento de Documentos de Cine, Audio y Video del Archivo General de la Nación, asegura que "esa ley se hizo sin consultar con este organismo y nunca fue reglamentada, así que actualmente no existe ninguna legislación que regule eso".

En defensa del organismo, Perel dice que "la ley proponía cosas imposibles, como que el Archivo se hiciera cargo de todas las transmisiones de los canales de todo el país, cosa imposible, porque no existe el sostén técnico para hacerlo aquí".

Y como para sumar fuego a un debate aún pendiente, Perel opina que "son los canales privados los que deberían entender la importancia de llevar adelante un archivo de imágenes. Creo que debería partir de ellos, como canales privados. No sólo por cuidar la memoria de todo un país sino también por el provecho que se puede sacar de esos archivos".

Lo cierto es que en los salones del Archivo General, apenas se puede encontrar "algún documental que hizo Proartel en la década del sesenta", según el recuento de Perel.

A falta de organismos estatales, entonces, los canales privados quedaron como pobres guardianes de la historia que se vio por las pantallas. Así, de todo el material emitido en la TV argentina, es el canal de cable Volver (que pertenece a Artear, Canal 13), el que más historia tiene acumulada: 25 mil horas prolijamente recuperadas. Una cifra que, aunque magra frente a todo lo perdido, convierte a ese canal de cable en el mayor representante de la memoria televisiva argentina.

Canal 9 no se queda muy atrás atrás. Aunque todavía no están ordenados en sus correspondientes estantes, como consecuencia de la mudanza al nuevo edificio de Palermo, la emisora atesora con celo cerca de 17 mil horas de programas. Pero en ese canal, que siempre se destacó por tener la mayor cantidad de producción propia, lo más viejo que se puede encontrar es la colección completa de "El pulpo negro", de Narciso Ibáñez Menta, que se realizó en 1984.

Aunque el número de horas que tiene el 9 corre más o menos parejo con los del canal Volver, hay que tener en cuenta que en la ex emisora de Romay sólo se encuentra lo que produjo el propio canal. Volver, en cambio, recuperó no sólo lo que emitió el 13, sino también producciones de otros canales. Es por eso que la señal fue invitada a formar parte de The International Federation of Television Archives (IFTA),un organismo que reúne los archivos de todos los canales del mundo. Y que la Argentina integrará sólo a partir de este año.

En esa lista sigue ATC, que en su sección Envasados guarda sólo 16 mil horas de ciclos nuevos y viejos.

Obviamente, en sus estantes falta mucho más de lo que hay. Sobre todo teniendo en cuenta que fue la primera emisora (cuando todavía se llamaba Canal 7), la que comenzó las transmisiones en el país y la que supuestamente debería guardar todo. Pero allí, en su archivo, el ciclo más antiguo que se puede encontrar es "Aníbal Troilo en el Teatro Colón", que salió al aire el 7 de diciembre de 1971. Es decir que los veinte años anteriores y todas sus proyecciones se esfumaron por obra y gracia del descuido.

Sólo a modo de ejemplo comparativo, TVN, el canal estatal de Chile, que comenzó sus emisiones en 1968, guarda en sus archivos 80 mil horas, según detalló la responsable de esa área, Amira Arratia Fernández. Y no es mucho, según reveló ella misma. "Es que los militares borraron casi todo el archivo. Nosotros sólo tenemos guardado todo a partir de 1974. Desde entonces, hasta los programas con más bajo rating están archivados en el canal", dijo Arratia Fernández a La Nación .

Historias de buena voluntad

Los guardianes de los archivos televisivos están de acuerdo: "En la Argentina nunca hubo preocupación por guardar las emisiones ni conciencia de la importancia que podía tener todo ese material". Las palabras exactas pertenecen a Carlos Pons, encargado de la sección Envasados de ATC desde 1980. Pero, de una u otra manera, es lo que repiten todos los que comparten esa misma ocupación en el resto de las emisoras.

Si algo quedó hasta ahora guardado en los canales fue por buena voluntad. O, para ser más justos y precisos, por suerte. Al menos, las anécdotas que se cuentan entre las paredes de los archivos mezclan esa falta de previsión generalizada con toques de tragedia y comedia que demuestran que los archivos sólo se mantuvieron por obra y gracia del azar.

Es que al descuido general hay que sumarle las diferentes políticas que siguieron las distintas administraciones e intervenciones de los canales, los incendios que eliminaron buena parte de los archivos, el deterioro natural y, sobre todo, una economía poco interesada en la inversión que requiere cualquier archivo televisivo con sus respectivas actualizaciones tecnológicas.

Hay que tener en cuenta que en la década del sesenta, los primeros tiempos de la TV, nadie guardaba absolutamente nada de lo que se emitía. Y más tarde, en los setenta y ochenta, la práctica más común era reutilizar los videotapes para grabar encima algún otro ciclo de último momento. Y, además, sumar a eso los cambios de soporte que hicieron que primero se trabajara con el formato cuádruplex, actualmente inexistente, y ahora con videotapes que amenazan con desaparecer a causa del futuro desembarco de los archivos digitales.

En ese reciclaje económico se taparon, como se queja Mariano Grondona una y otra vez, las primeras emisiones de "Tiempo nuevo" y "Hora clave". Y en esa lista de los irremediablemente perdidos hay que agregar también "Los Campanelli", los "Sábados circulares" que conducía Pipo Mancera, "Cosa juzgada" y los primeros tiempos de "Calabromas".

La iniciativa salvadora de Goar Mestre en Canal 13 salvó mucha programación de los primeros tiempos (ver recuadro), aunque el esfuerzo quedó trunco cuando el 2 de julio de 1980, a las 19, un incendio destruyó parte de la emisora.

Algo similar ocurrió en Telefé, donde también un incendio hizo desaparecer los archivos fílmicos de la emisora. Sin embargo, pese a la insistencia de La Nación , ni la Gerencia de Programación del canal, a cargo de González Roulet, ni la persona encargada del área de archivos respondieron las consultas. Por lo tanto, no se pudo precisar ni cuánto fue lo que se perdió ni qué cantidad de material guardan en la emisora.

La televisión secreta

En ATC no hubo incendios. Hubo economía de guerra, ordenes contradictorias y poco interés. El mismo Pons cuenta -aunque sin dar nombres- que "cada uno de los gerentes que venía decidía borrar algún ciclo para reutilizar la cinta o el tape. Una vez me pidieron que borrara toda "Historias de la Argentina secreta", de Roberto Vacca y Otelo Borroni. Decidí no borrarla y ahora todavía se puede encontrar, pero lo que hice fue desobedecer una orden".

En Canal 9, en cambio, el principal problema que tuvo afrontar la emisora fue el Secretaría de Información Pública (actual Secretaría de Prensa y Medios de Comunicación). "Cuando el canal volvió a manos de Romay, en 1983, la SIP se llevó varios rollos porque ellos determinaron que era de su propiedad. Allí estaba, por ejemplo "Fortín quieto", "El Rafa" y todo lo que se hizo durante los diez años que estuvimos intervenidos", cuenta Eduardo Jacobo, el celoso guardián de los archivos de la emisora desde 1969.

Aunque más joven, América tiene en sus archivos cerca de 15 mil horas guardadas. Pero su historia, según detalló a La Nación Carlos Siumarra, encargado de fílmicos de América, apenas se remonta a 1993. "Desde entonces guardamos absolutamente todo: copias de películas, las promociones del canal y algunos ciclos. Los que se borran son los programas diarios, como "Atorrantes", "Insólito TV", los noticieros, "Impacto a las siete" y los que se emiten los sábados. En general, de los programas diarios, sólo guardamos uno por semana".

Lo cierto es que con la llegada de algunos programas como "Las patas de la mentira", que comenzó por el simple interés de Miguel Rodríguez Arias, por entonces un psicólogo dispuesto a analizar los furcios de los políticos, y la decisión de Artear de formar el canal de cable "Volver", la TV comenzó a recuperar su memoria. Rodríguez Arias es hoy probablemente el particular que más horas de TV tiene archivadas en sus propias paredes. Y Volver, con la disposición que muestra por encontrar hasta lo que ya se da por perdido definitivamente, planea convertirse en el gran museo de la TV argentina.

Pero hay lagunas, mares a esta altura, que desaparecieron para siempre. Historias de la pantalla chica y sus protagonistas, que fueron condenadas para siempre al olvido.

Qué se conserva

  • BBC de Londres: todo, desde 1950.
  • TV Española: todo, desde 1953.
  • TVN de Chile: todo, desde 1974.
  • ATC: empezó a emitir en 1951. Nunca se guardó sistemáticamente. Tienen 16.000 horas archivadas.
  • Volver (Canal 13): 25.000 horas.
  • América: 15.000 horas.
  • La historia transcurre en nuestras pantallas

    ¿Cómo sería el mundo y, en particular, la Argentina sin la TV? Nadie puede saberlo, pero es seguro que las relaciones familiares no serían las mismas. Tampoco serían iguales los vínculos entre las personas: la televisión propone modelos que tienen una fuerte influencia en la conducta social.

    Más diferente aún sería la relación de los ciudadanos con los políticos. La política sería otra.

    La historia transcurre en nuestras pantallas. La televisión hace historia. Las declaraciones cotidianas del Presidente, de los ministros, de los legisladores, de los funcionarios, de los jueces, de los miembros de las Fuerzas Armadas, de los sindicalistas, constituyen en sí mismos hechos históricos.

    En los almuerzos de Mirtha, en el programa de Mariano Grondona, en los noticieros, en "Caiga quien caiga", algunas veces en "Memoria", se está escribiendo una parte importante de la historia política contemporánea.

    Situémonos en el 2010. Clase de historia argentina. Bolilla: década del 70. El profesor saca a relucir unos viejos videos de un programa llamado "Tiempo nuevo", que conducían un periodista llamado Bernardo Neustadt y un joven abogado, también periodista, Mariano Grondona. Antes de empezar la videoclase, el profesor cuenta a sus alumnos que el origen de los videos no fue el Archivo General de la Nación. Un amigo los había guardado durante años para mostrárselos a sus hijos. La televisión hace historia.

    ¿Acaso el debate en "Hora clave" sobre la legitimidad jurídica de la causa contra Videla, o las imágenes del ex dictador preso en una cárcel común no son un hecho histórico?

    ¿El espacio que en los años 90 otros poderes, por defecto, ceden a la televisión no merecerá ser estudiado en el futuro? Bill Kovach, de The New York Times, dijo una vez: "El periodismo es la primera versión de la historia". Claro que la televisión no cuenta la historia, la genera, la protagoniza. También la transforma. ¿Cómo no contar entonces con un archivo público de imágenes televisivas? ¿Por qué los sucesivos gobiernos democráticos no demostraron el menor interés en la conservación de la memoria colectiva?

    Basta ver el estado en que se encuentra el Archivo General de la Nación. Los libros y papeles antiguos no conviven bien ni con la humedad ni con las ratas.

    Escombros de la cultura

    Hace dos años la Biblioteca del Congreso llenó un volquete con documentos históricos. Su director alegó falta de espacio, y -lo que es más grave- agregó que el organismo no tenía la obligación de conservarlos.

    ¿Cómo olvidar la imagen de Guillermo Rodríguez Jurado entre los escombros del archivo de la Cinemateca Argentina? Y hace sólo unos días, Pino Solanas se lamentaba de uno de los hechos más humillantes que le había tocado vivir: encontraron copias de varias de sus películas y también algunas de Jusid, en un volquete frente al laboratorio en cuyos depósitos se guardaba el valioso material.

    Hoy, los canales de aire atesoran en sus archivos sólo una parte de su programación periodística. Y todos los programas, por supuesto.

    Cuando pertenecieron al Estado se borraron antiguos y queridos programas para regrabar las cintas, siempre con ATC a la cabeza.

    La última dictadura militar se encargó de eliminar gran parte de los archivos que documentaban su gestión. En 1983, cuando retornó la democracia, el gobierno de entonces tampoco se preocupó por el tema. Otras prioridades distrajeron su atención.

    El Archivo General de la Nación nunca contó con infraestructura para guardar material periodístico televisivo. A pesar de la ley 23.820, sancionada el 5 de septiembre de 1990, que determina que el material periodístico difundido por los canales deberá ser enviado a este organismo para que dupliquen aquellas notas que considere de valor histórico. La Argentina año verde.

    Afortunadamente no todo es así. Gracias a la iniciativa privada de investigadores del medio, de algunos programas de televisión, de coleccionistas y de una fantástica videoteca que está formando el canal de cable Volver, desde 1983 existen en el país archivos de la televisión.

    ¿Se habrá privatizado también la memoria?

    Criticada por algunos, admirada por otros, fascinante para casi todos, sin duda, la televisión es un registro histórico invalorable, un campo eficiente para enriquecer la percepción de la realidad política, económica y social del presente. Y el medio ideal para contar la historia en un mundo cada vez más seducido por la imagen.

    Lo que el agua se llevó

    Mucho de lo que quedó de aquellos viejos tiempos fue, en parte, gracias a la imaginación de Goar Mestre, el titular de Canal 13 en los años sesenta.

    La verdad es que Goar Mestre, interesado en vender sus producciones a los canales del interior -que por razones de costo no tenían todavía reproductoras de videotape-, ponía una cámara frente a la pantalla de un televisor y grababa en 16 milímetros los programas de ese momento. Esas latas viajaban por los canales provinciales y luego sólo algunas de ellas volvían al canal para ser guardadas en la filmoteca, sin que nadie les prestara la más mínima atención por más de treinta años. Hasta que el incendio de 1980 destruyó parte de la emisora.

    Según Walter Sequeira, asesor fílmico de Canal 13 y responsable de Volver, y Adrián Herzcovich, jefe de operaciones de esta señal, el problema no fue el fuego sino el agua. El incendio ocurrió en el tercer piso y los archivos se encontraban en el subsuelo. Pero el agua y la espuma que arrojaron los bomberos descendieron hasta allí y arruinaron buena parte de lo que había.

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