El Mayo rebelde: legado y actualidad del 68 francés

Cuatro décadas atrás, lo que comenzó como una revuelta estudiantil en la universidad francesa de Nanterre se convirtió en una de las más festivas y contradictorias expresiones de protesta contra el orden establecido. Y aunque el movimiento fue finalmente sofocado, algo de su original impronta y su herencia perduran en el tiempo. ¿Qué quedó de los ideales del mayo francés? El debate sigue abierto Por Luisa Corradini
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4 de mayo de 2008  

PARIS .- Hace 40 años, un incontenible maremoto que comenzó en la Universidad de Nanterre, se propagó al Barrio Latino de París y se extendió a la velocidad de la luz por el mundo consiguió resquebrajar los cimientos de la sociedad, la autoridad y las estructuras de poder en Francia.

Desde el 22 de mayo hasta el 16 de junio de 1968, mientras los adoquines llovían sobre los policías en París y los estudiantes gritaban desde las barricadas que estaba "prohibido prohibir", tal vez nadie imaginara que ese movimiento juvenil -el más festivo, vasto y pacífico que conoció la historia moderna- se convertiría en una bomba de tiempo que terminaría con la sociedad patriarcal, permitiría la emergencia de las mujeres y los jóvenes como actores sociales de pleno derecho y, 21 años después, provocaría el derrumbe de los regímenes comunistas.

La revolución rusa de 1917 y Mayo del 68 plantearon, de hecho, dos visiones de sociedad que se enfrentaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

"Mayo del 68 fue la primera revolución en presente. Todos los otros grandes movimientos de la historia fueron revoluciones para el futuro, que convocaban al sacrificio y la muerte. La primavera juvenil de 1968 desdeñó ese sentido trágico de la historia para protagonizar la primera revolución lúdica y pacífica de la historia: la mayor reivindicación -la aspiración a la felicidad ´aquí y ahora - neutralizó el espíritu destructor que tiene la noción de ´un futuro mejor ", resumió el filósofo Gilles Lipovetsky.

Cuatro décadas después, ¿qué quedó de todo aquello? Como en cada uno de los aniversarios anteriores, tampoco esta vez las conmemoraciones en Francia tuvieron ribetes líricos. El aluvión de análisis, trabajos universitarios, coloquios, emisiones de televisión, DVD, discos con canciones de la época, publicaciones de libros (más de setenta) y revistas sobre el tema, estuvo dedicado a debatir cuál fue la verdadera herencia de aquel episodio.

Como hace 40 años, Mayo del 68 sigue despertando pasiones y provocando arreglos de cuentas. Aquella primavera de la juventud sigue siendo para muchos un momento contradictorio, símbolo de alegría, provocación, libertad, fraternidad y evolución social. Para otros, significó el triunfo del relativismo moral e intelectual responsable de todos los males actuales.

El año pasado, durante su campaña electoral, Nicolas Sarkozy fue el primero en abrir las hostilidades al lanzar un llamado a "liquidar la herencia de Mayo del 68". Un movimiento "que confundió el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo", dijo. "Al proclamar que todo estaba permitido, los líderes de aquel movimiento consiguieron que desapareciera el concepto de autoridad", insistió.

Sin ninguna indulgencia por ese movimiento que conoció cuando todavía estaba en la escuela primaria, Sarkozy afirmó que "la impugnación de toda referencia ética y de todo valor moral ( ) preparó el terreno para un capitalismo sin escrúpulos y sin ética".

La mecha estaba encendida, las reacciones no se hicieron esperar.

"Imputar a Mayo del 68 todos los males de la sociedad, hasta el punto de cargarle la responsabilidad de los pecados actuales del capitalismo financiero, es extraordinario. Hay que sentir un menosprecio sin límites por los interlocutores para proferir semejantes enormidades. Observo, sin embargo, que la gente no lo escuchó", respondió el filósofo socialista Henri Weber, protagonista de aquellos episodios, que acaba de publicar el libro ¿Hay que liquidar Mayo del 68?

Es verdad. Aunque los franceses se muestran preocupados por la ausencia de autoridad, rehúsan "liquidar" la herencia de Mayo del 68 y la reivindican masivamente: el 74% tiene una visión positiva de aquel movimiento y no ve ninguna relación entre aquellos acontecimientos y los problemas actuales, según un sondeo.

Para Weber, Mayo del 68 fue un movimiento idealista y romántico que, por el contrario, rechazaba la sociedad de consumo y cuyo balance es más que meritorio: "Significó la libertad de la contracepción y el aborto, la autoridad parental compartida, la posibilidad para las mujeres de abrir una cuenta bancaria sin autorización del marido, el derecho a la igualdad profesional entre hombre y mujer", señala. En el terreno de las conquistas sociales, el filósofo enumera "la mensualización de los salarios (en lugar de la quincena), el reconocimiento de los sindicatos en la empresa, el aumento de 35% de los salarios más bajos, la creación del salario mínimo, la formación permanente, el seguro de desempleo, etcétera". Mientras Sarkozy incita a los franceses a "liquidar" Mayo del 68, Weber los invita a "superarlo".

Otro apasionado promotor de dar vuelta la página es el célebre líder de aquellos días de barricadas. En un libro cuyo título no podía ser más elocuente - Forget 68 -, Daniel Cohn-Bendit conmemora estas cuatro décadas reivindicando las ideas de aquella primavera juvenil, pero pidiendo a los jóvenes que pasen a otra cosa: "Esto no significa que el pasado haya muerto, sino que ha quedado sepultado bajo 40 toneladas de adoquines que desde entonces han cambiado el mundo", dice aquél a quien todos llamaban Dany, el rojo ("por el color del pelo, no por mis ideas", advierte).

Diputado europeo por los Verdes, Cohn-Bendit cree que la prensa debería dejar de preguntarse si se trata de un nuevo Mayo del 68 cada vez que se produce un movimiento de protesta estudiantil: "La gran diferencia reside en que nosotros éramos prometeos". Nosotros decíamos "nuestro porvenir nos pertenece y queremos administrarlo. Estamos hartos de los que piensan y deciden por nosotros". Los jóvenes de hoy se preguntan ´¿Cuál es nuestro porvenir? Este mundo no tiene nada que ver con el nuestro", insiste.

De paso por París, Cohn-Bendit se reunió con Sarkozy y le entregó un ejemplar de su libro con una dedicatoria lapidaria: "Para Nicolas. ¿Para cuándo la imaginación al poder?" Cohn-Bendit ironiza sobre la condena contra Mayo del 68 lanzada por el presidente francés: "Pero si él es un perfecto producto del 68. ¿Quién hubiera imaginado antes un presidente dos veces divorciado en el Elíseo?"

Para otros, la herencia de Mayo del 68 no ha sido tan ilustre. Sin condenarlo al patíbulo, hay quienes piensan que ese legado fue simplemente imposible. "Una utopía que fracasó", anota el sociólogo Jean-Pierre Le Goff en su reciente libro El legado imposible . Para él, el movimiento no sólo careció de proyecto político, sino que fue incluso infrapolítico: "Mayo del 68 no fue una revolución, sino una catarsis: cuando reabrieron las estaciones de servicio, todo el mundo se fue de fin de semana", señala. "Incapaz de construir una alternativa seria de sociedad, con el tiempo terminó por provocar en la gente un auténtico desapego de la política", lamenta.

Es más o menos lo que piensa también el ex primer ministro liberal Edouard Balladur, que escribe, en su reciente libro El árbol de mayo : "El problema de Mayo del 68 fue el rechazo a toda autoridad, a toda regla. Fue la confusión entre moral y conformismo, entre sentido cívico y sumisión. En realidad, se trató de un sueño anarquista", arguye. Balladur, que organizó en 1968 las negociaciones que pusieron fin a la crisis, admite que "desde hace 40 años, todos los gobiernos franceses intentaron corregir las consecuencias de ese episodio: conservar los elementos positivos y terminar con los excesos". De acuerdo con Sarkozy, afirma que "no se puede construir el futuro afirmando: Está prohibido prohibir o Sean realistas, pidan lo imposible". Para el ex premier, "la única forma de hacer sobrevivir una sociedad es pagando el precio del respeto a ciertos principios".

Hay incluso algunos que son más duros que Sarkozy y Balladur con Mayo del 68, aunque quizás por otras razones.

Bajo su apariencia profética y altruista, la generación del 68 habría sembrado la duda y la inercia. Esa es la teoría del filósofo Marcel Gauchet, que lanza una andanada de grueso calibre contra todos aquellos intelectuales de izquierda que reivindican el legado de Mayo del 68. ¿Héroes, los baby-boomers ? Esos impostores, afirma, son los culpables de que la sociedad francesa no deje de seguir cayendo, hasta hoy, en el abismo.

Para Gauchet, la generación del 68 no sólo fue incapaz de producir algún intelectual digno de ese nombre: "Son sólo avatares de mayor o menor talento, seguidores más o menos originales" de Lacan, Derrida, Foucault y Bourdieu, dice en el último número de la revista Le Débat . La sociedad francesa debe a esa generación de "discípulos" lo peor. Bajo la apariencia de modernidad le debe la perpetuación de los arcaísmos "y la consolidación de nuestro fatal modelo estato-aristo-clerical", que hizo de Francia un país "en estado de secesión endémica ante todo aquello que pretende dirigir o representarlo".

Pero esos "discípulos", que también tiraron adoquines en 1968, no constituyen un bloque homogéneo. Los herederos de Mayo de 68 también están divididos por razones ideológicas, rivalidades o celos. El filósofo Alain Finkielkraut es el principal iconoclasta. "Tengo muy buenos recuerdos de aquellas semanas: las calles liberadas de autos, la presencia electrizante de las mujeres en las barricadas, la descrispación de la sexualidad. Pero 1968 fue el año de dos primaveras: la de París y la de Praga. Muchos trataron de confundirlas. Sin embargo, por un lado había una ola de narcisismo revolucionario, mientras que, por el otro, hubo un momento de escepticismo posrevolucionario que Milan Kundera caracteriza como "la rebelión popular de los moderados". Yo terminé escogiendo la herencia de Praga", afirma.

"¿Por qué no tratar de asumir ambas cosas a la vez: Praga y París, Vaclav Havel y Cohn-Bendit?", responde por su parte Bernard-Henri Lévy. "En política, yo también le temo al lirismo. Pero cada vez más creo que Mayo del 68 fue un momento aparentemente lírico que jugó, en realidad, un importante papel en la evolución de las sociedades occidentales. Un movimiento que dio origen al antitotalitarismo actual", agrega.

En Mayo del 68, el belga Raoul Vaneigem publicó su Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones . Rápidamente, ese libro se transformó en el símbolo de aquellos liberal-libertarios conducidos por Dany, el rojo . Cuarenta años después, a los 74 años, el pensador situacionista hace quizás el balance más alentador de aquellas semanas de locura que representaron uno de los mayores acontecimientos sociales de la historia de Francia junto con la revolución de 1789 y el Frente Popular de 1936.

"Nada podrá disimular las mutaciones de civilización puestas a la luz por Mayo del 68. La ruptura con los valores patriarcales fue definitiva. Desde entonces, nos hemos encaminado hacia el fin de la explotación de la naturaleza, del trabajo, del intercambio, de la depredación, de la separación del hombre de sí mismo, del sacrificio, de la culpabilidad, de la renuncia a la felicidad, del fetichismo del dinero, del poder, de la autoridad jerárquica, del menosprecio de la mujer, de la subordinación de los niños, del ascendiente intelectual, del despotismo militar y policial, de las religiones y las ideologías", afirma Vaneigen.

Y en forma lapidaria agrega: "No es una constatación: es una experiencia en marcha. Ella reclama solamente un poco más de vigilancia, de conciencia y de solidaridad. Necesitamos volver a fundar, a construir sobre bases humanas un mundo derruido por la inhumanidad que propaga el culto de la mercancía".

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