Ahora, el cine va directo del video online a la TV

Ariel Torres
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24 de mayo de 2008  

Estados Unidos ya hablan del “fin del videoclub”, pero el fenómeno, en realidad, afecta todo el circuito de distribución de cine y series, así como los canales televisivos de todo tipo. El mayor videoclub online, con más de 8 millones de usuarios, permite ahora ver las películas a sus socios por Internet, directamente en el televisor, con un aparato que cuesta apenas 100 dólares.

La semana última, Netflix, el videoclub en cuestión, se alió con el fabricante Roku para combinar el alquiler de DVD, Internet y el televisor sin necesidad de descargar el film. Ahora sus socios pueden ver un largometraje sólo minutos después de elegirlo de un menú.

El dispositivo que lo permite, llamado Netflix Player, se conecta por un lado al aparato de TV y, por el otro, a Internet, para acceder a un catálogo de 10.000 películas. Luego transmite el DVD al televisor por streaming, es decir, prácticamente al instante.

Con esto, el precursor de los medios digitales y de las comunidades en línea dio un paso crucial y causó ondas sísmicas por toda la industria. Uno de los puntos más admirados del modelo de Netflix, aparte de sus costos bajísimos, es el sistema de recomendación de películas basado en los propios usuarios. Amazon fue un pionero en este sentido.

Con su comunidad virtual y su sistema de entrega por correo, el videoclub online norteamericano se convirtió en un coloso.

La tarifa es plana y el cliente recibe su DVD por correo postal. No hay fecha de devolución; la puede conservar hasta que se canse. Una vez que la devuelve, usando el sobre prepago provisto por Netflix, recibe la siguiente película de su lista. En febrero Netflix celebró el despacho de su DVD número 1000 millones. Pero no todo ha sido celebración.

Por 18 dólares se puede crear una lista de envío de 3 DVD por vez. La cuota más baja, de unos 6 dólares, limita el número de películas a dos por mes, y la lista de envío, a una.

En 2004, luego de una demanda judicial por publicidad engañosa, Netflix debió cambiar los términos de uso de su servicio, aclarando que tendrán prioridad los clientes que alquilan pocas películas por mes; aquellos que acaparan títulos ( throttling , en la jerga de Internet) pueden recibir algunos de sus DVD con algún retraso.

El eslabón perdido que conecta este exitoso servicio directo a la tele apareció la semana última y conmovió la ecología de Internet.

El Netflix Player es una pequeña caja negra con un control remoto sencillo. Sólo hace una cosa, conectarse al sitio del videoclub para elegir y ver películas. Su costo es muy bajo, menos de la mitad del AppleTV y un tercio del de Vudu, y permite ver las películas de inmediato, sin límite de alquileres y, obviamente, sin tener que devolver el DVD por correo. Para los miembros de Netflix que pagan las cuotas más altas, equivale a acceder a 10.000 películas en DVD sin ninguna restricción. De hecho, si la película que empiezan a ver no les gusta, simplemente pueden pasar a otra. Sin pagar un centavo. Sin usar la PC. Sin ir al videoclub. Sin esperar el correo.

Aunque el Netflix Player ha recibido muchos elogios, se le critica lo escaso (¿escaso?) del catálogo de 10.000 títulos y, sobre todo, su notorio añejamiento. Para el mercado norteamericano, habituado al frenesí del eterno estreno, esto es muy negativo, aunque no difícil de resolver.

Un poco de historia

En el principio fueron las antenas, que cubrían la ciudad como una surrealista exposición de espinazos de pescado. Luego llegaron el videoclub y los canales de cable. Los espinazos fueron remplazados por postes y antenas satelitales. Y entonces, a principios de la década de los 90 en los Estados Unidos se encendió Internet.

Pasarían más de diez años hasta que la velocidad de transmisión de datos fuera lo bastante alta para permitirnos recibir audio y video con una calidad decente. Entonces, los sitios de televisión en la Web, como Joost ( www.joost.com ), Adobe Media Player ( www.adobe.com/products/mediaplayer/ ) o LA NACION TV ( www.lnteve.com.ar ), empezarían a congregar audiencia. El cine, entre tanto, seguía confinado al videoclub y el canal de cable. Es que no tenía mucho sentido ver una película en la pequeña pantalla de la PC. Y además, un largometraje tardaría de 3 a 5 horas en descargarse.

Apple dio un primer puntapié al anunciar la conexión de su dispositivo AppleTV directamente a la tele, en febrero último, pero sigue siendo necesario bajar la película al disco duro del dispositivo antes de verla.

En 2007 un producto llamado Vudu había empezado a ofrecer streaming de largometrajes; el costo del equipo trepaba a 400 dólares en los Estados Unidos, lo mismo que un iPhone. Tuvieron que bajarlo a 295 para competir con Apple. Un año antes, Amazon había lanzado el Unbox, pero también hay que bajar las películas, y sólo es compatible con Windows XP. No se conecta al televisor, sino a la PC, aunque es posible "quemar" las películas en un DVD.

Faltaba algo que uniera todos los puntos, sin complicaciones, sin largas esperas y a bajo precio.

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