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"Siempre que me dijeron no vayas a un lado, fui y salió bien"

Fiel a su estilo ganador, Diego Simeone aceptó el desafío de dirigir al tumultuoso River y lo llevó al título: "El equipo aprendió a convivir con las diferencias", aceptó; En una intensa charla, no esquivó ningún nombre propio: Ortega, Francescoli, Alonso y Verón, entre otros
Cristian Grosso
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10 de junio de 2008  

"Me siento raro , un poco triste Ya sé que puede sonar algo loco, pero el vértigo del fútbol es así. Vivimos soñando y esperando algo que después en un segundo se consume. Ya hay que pensar en el segundo semestre, en cerrar de la mejor manera el torneo con Banfield, en ganar para terminar con 44 puntos porque sería una cosecha buenísima, en la vuelta al trabajo para el Apertura, en volver a convencer..." Quizá, nadie llegue a entenderlo muy bien al dueño de estas palabras. A Diego Simeone le gusta sentirse reflejado, o representado, en relatos de otros. Alguna vez contó que leyendo un libro de Valdano se había enterado de que Jorge había soñado toda su vida con ser campeón del mundo, y el día que lo logró, en México 86, algo más tarde sintió un vacío enorme. «¿Y ahora qué? ¿Ya está?» , se preguntaba entonces el ex delantero de Real Madrid. "Quiero explicarme bien... Algo de eso siento el día después de este título Tanto sufrir, tanto pelearla desde atrás, tanta carga de adrenalina... y de repente todo ya se terminó. «¿Te diste cuenta de que ya se terminó todo?» , me dije solo esta mañana, después de llevar los chicos al colegio. ¿Ahora me explico mejor?", pregunta el Cholo. Sí, es el hombre que acaba de conducir a River a un desahogo que el club esperó cuatro años.

Vaya si el día de ayer fue alocado. La consagración de anteayer activó una agenda apretadísima, antes de retomar mañana la actividad al frente del plantel millonario. De varios puntos cardinales del mundo llamaron y el Cholo una y otra vez respondió vía telefónica. Dialogó en programas radiales, concedió entrevistas a diferentes medios gráficos y atendió las invitaciones de varios programas de la franja horaria de Fox Sports y TyC Sports. También conversó con amigos, claro, como Enrique Cerezo, el presidente de Atlético de Madrid, que llamó para felicitarlo. El patrón de los colchoneros lo sigue de cerca, casi con marca personal. Irremediablemente, ambos se encontrarán en el futuro, pero ésa será otra historia...

A última hora, una persistente ronquera acompaña su voz. Está cansado. Pero vuelve a encenderse si la charla se trata de fútbol. "Cuando tomé River todos me decían «vas a ir a River ahora, no es el mejor momento, hay líos de acá, hay líos de allá » Casi siempre que me dijeron no vayas a un lado, fui y salió bien", cuenta Simeone. Se sabe: convicciones no le faltan. Tampoco coraje para arriesgar. "Por donde pasé, dejé una marca", le confiaba a LA NACION un día después de Navidad, el año pasado. Como otros veranos, había vuelto a elegir Punta del Este para descansar. Hasta el 2 de enero se pensaba quedar en las arenas de la Barra de Maldonado, camino a José Ignacio. Pero ya quería arrancarle algunas hojas al almanaque... Estaba ansioso por abrir su capítulo en River, como si se imaginara un final feliz

"No sé, como si fuese una premonición o algo así... Pasaban las fechas del campeonato y, después de algunos resultados que se daban, yo pensaba «por algo está pasando todo esto...» ¿A qué me refiero? Conseguimos dar vuelta el partido con Gimnasia de La Plata después de un mal primer tiempo y en un ambiente raro Le ganamos a Colón, en Santa Fe, cuando todos sacaban cuentas y pensaban que ahí íbamos a dejar puntos Le ganamos Huracán, tomamos la punta, Estudiantes empezó a empatar . «Esto es un mensaje, alguien nos está queriendo decir algo» , pensaba. Y era así nomás. En aquel partido con Gimnasia, que hicimos tres goles en 15 minutos, nos terminamos de convencer de que se podía, de que teníamos herramientas. Desde ese momento todos entendimos que se podía. El grupo aprendió a convivir con las diferencias; entendió que se puede salir adelante, pese a las diferencias, cuando hay un objetivo en común.

-Entonces, ¿aceptás que es un grupo con diferencias?

-Pero en todos lados hay diferencias. Nunca son todos amigos ni van todos juntos a cenar. Aun así, y ésta creo que ha sido la mayor conquista, se logró que pensáramos todos como equipo. Y ahí el valor del banco de suplentes fue fundamental; cada uno desde, el lugar que le tocaba ocupar, aceptó la situación porque teníamos un objetivo en común. Cuando todos tiran para un mismo lado, ves que se puede.

-Eso incluye a Ortega

-Siempre creímos en Ortega: le dimos la capitanía, algo que nadie antes había hecho. Tras su recaída, le costó volver a la mejor forma futbolística. Después, paulatinamente, entendí que en menos minutos nos podía igual dar cosas importantes. Tuvimos una charla franca después de Independiente, donde cada uno nos dijimos lo que pensábamos y lo que necesitábamos. Creo que Ariel no compartió mi posición y lo entiendo, él querrá jugar siempre, pero sí aceptó lo mejor para River.

-Esto quiere decir que Ortega está en tus planes para el segundo semestre

-Yo siempre quiero lo mejor para River y Ortega es una parte importantísima de River. Esperamos tenerlo de la mejor manera, eso es lo que queremos todos, tanto los hinchas como yo.

-La adversidad los motorizó.

-No sirven los rencores... En el fútbol, por momentos estás solo; el equipo lo entendió y tiramos todos para el mismo lado.

-¿Las críticas que recibiste de Enzo Franscescoli antes del torneo y las Alonso después del superclásico también fueron combustible para tu motivación?

-No. Todos tienen derecho a opinar, nadie es dueño de la verdad. Sabemos que hay cosas por mejorar. Siempre que no advierta conveniencias personales, serán bienvenidas las críticas. Pero si veo conveniencias, si noto que se busca algún beneficio con esa crítica, ahí sí me molesta.

-¿Creés que los títulos fortalecen la idea de que, naturalmente, el puesto de entrenador del seleccionado te llegará después del Mundial de 2010?

-El fútbol es hoy y de nada sirve mirar más allá. Soy un técnico joven y quizás aún me falta algo de experiencia, como dicen algunos. Tengo grandes objetivos para mi carrera, pero cada uno a su tiempo. Hoy sólo pienso en River.

-Decís que no sirven los rencores, pero en la vuelta olímpica hiciste algunos gestos que parecían llevar una dedicatoria con bronca

-Me salió espontáneamente, fue lo que sentí. Un poco, fue expresar el sentimiento de todo el grupo. Después de San Lorenzo hacía falta huevo y este equipo tuvo huevos. Quizá, las formas no fueron las mejores, pero yo vengo del ambiente del fútbol, y más allá de tener un traje, soy pasional.

-Si tuvieses que atribuirte una virtud en la campaña

-Lo más lindo que nos pasa como cuerpo técnico, más allá del campeonato, es dejarles cosas a los futbolistas. Ya nos pasó en Estudiantes cuando apostamos por Sosa, ubicamos a Braña de número 8, le cambiamos el perfil a Galván, creímos en Andújar, cobraron otra relevancia Angeleri, Benítez... En River siento que está ocurriendo algo similar: jugadores que ya eran muy buenos cuando nosotros llegamos, hoy han crecido, como Matías [por Abelairas], como Villagra, como Diego [por Buonanotte], como el mismo Oscar [por Ahumada]. Nos encontramos con un equipo que siempre quiso, que estuvo dispuesto a escuchar, a aprender. Pero siempre partiendo de los grandes jugadores. Así, es más fácil.

14 títulos tiene ahora Simeone en su carrera deportiva. Con River sumó el segundo como entrenador, después del Clausura 2006 con Estudiantes. Antes, como futbolista, había ganado doce: Copa América 91 y 93, Copa Rey Fahd 1992, Copa Kirin 92 y Copa Artemio Franchi 93, en la selección; Liga y Copa del Rey 95/96, en Atlético de Madrid; Copa UEFA 98, en Inter; Supercopa de Europa 99, Liga y Copa de Italia 99/2000 y Supercopa italiana 2001, en Lazio.

  • La copia del gol que Colón no pudo hacer

    "El primer gol a Olimpo fue made in Mohamed", acepta el Cholo. ¿Cómo? Una fecha atrás, la misma maniobra con pelota detenida la había intentado Colón, ante River, pero el remate de Gandín salió desviado. "Las cosas buenas hay que copiarlas y ese movimiento me pareció muy interesante. Lo ensayamos y, por suerte, a nosotros nos salió bien".
  • Campañas comparadas

    En la consagración de Estudiantes, aquel Pincha de Diego Simeone, después de las 19 fechas, ganó 14 partidos, empató dos y perdió tres, con 35 goles a favor y 12 en contra, para alcanzar 44 puntos y un 77% de eficacia. Luego, llegaría la celebración en la final con Boca (2-1), en la cancha de Vélez. Ahora, este River de Simeone, con una fecha aún por delante -el domingo 22 de este mes, frente a Banfield, en el Sur-, luce un 74% de eficacia, con 12 triunfos, 4 empates y únicamente dos caídas, con 26 goles a favor y apenas 11 en contra.

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