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Entre la tragedia y el dolor

El original realizador Leonardo Favio convierte la historia en un ballet arrabalero
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12 de junio de 2008  

Aniceto (Argentina/2007). Dirección: Leonardo Favio. Con Hernán Piquín, Natalia Pelayo, Alejandra Baldoni y otros. Guión: Leonardo Favio, con la colaboración de Rodolfo Tórtola y Verónica Muriel, basado en el cuento "El Cenizo", de Zuhair Jury. Música: Iván Wyszogrod. Coreografía: Margarita Fernández y Laura Roatta. Colaborador artístico: Rodolfo Mórtola. Director de arte: Andrés Echeveste. Presentada por Primer Plano Film Group. Duración: 82 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16 años.

Nuestra opinión: muy buena

Desde Crónica de su niño solo , su primer largometraje, hasta Perón, sinfonía del sentimiento , la filmografía de Leonardo Favio transitó con enorme talento la temática social, política e intimista, ofreciendo una enorme variedad de tonos que lo convirtieron en uno de los puntales de la generación del sesenta, lo que se prolongó en el tiempo hasta llegar a nuestros días, en que retorna a la pantalla grande con Aniceto . En esta nueva producción, Favio acomete una idea que, según él, le venía rondando la cabeza desde hacía mucho tiempo: convertir su película Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más... , rodada en 1967, en un ballet con escenografías surrealistas y un elenco integrado por bailarines que hacen aquí sus primeras armas en el cine.

No era, sin duda, fácil este propósito del director, pero su esfuerzo queda plasmado a través de su enorme sensibilidad e inteligencia para rodear al cuento "El Cenizo", de su hermano Zuhair Jury, en una historia en la que la música, la danza y la escenografía sirven de marco a esa trama en la que los reñideros, el bar y el baile del pueblo son el eje en torno al cual gira el universo de Aniceto, dueño de un gallo de riña que es su orgullo y la envidia de los demás galleros.

Un cuartito de adobe enclavado en medio de un loteo es el hogar de Aniceto, ese hombre solitario que un atardecer conoce a la Francisca, empleada de una ferretería, y la lleva a vivir con él a ese reducido espacio por el que transita también el gallo del hombre. El Aniceto se siente bien con la Francisca hasta que aparece la sensual Lucía, con un brillo especial en la mirada, en la que se adivina un sesgo sobrador. Así nace el triángulo que desencadenará la tragedia en ese espacio del arrabal en el que el Aniceto se sentía dueño y señor de noches de riñas de gallos y de ardiente pasión amorosa.

Convertir esta historia en un ballet mostró, sin duda, la noción de originalidad que siempre aportó Leonardo Favio a todas y cada una de sus producciones. Aquí, como en los films del último período de Carlos Saura, Favio transformó en enorme belleza visual ese simple entramado y para ello supo seleccionar cuidadosamente a todos sus colaboradores. Así, desde la bellísima música de Iván Wyszogrod hasta la impecable coreografía de Margarita Fernández y Laura Roatta, pasando por la inestimable colaboración artística de Rodolfo Mórtola y la atractiva escenografía de Roberto Samuelle y Aldo Guglielone, la película se convierte en una fiesta para la vista y el oído a la que el realizador puso su sello personal apoyado por la magia de Hernán Piquín, Natalia Pelayo y Alejandra Baldoni, quienes prestaron su enorme sensibilidad para sus respectivos personajes y su gran elocuencia en cada uno de los cuadros que integran el ballet, en los que deben demostrar su fuerza expresiva.

Aniceto es, sin duda, una producción atípica en nuestra cinematografía. Quizá podrá señalarse que Favio se dejó atrapar por cierto aire pretencioso, o que los cuadros musicales se reiteran inútilmente, o que el final de su película recuerda, casualmente o no, las escenas de la terminación de Juan Moreira , pero a pesar de estos reparos la nueva propuesta del realizador quedará como una fiesta para aquel público dispuesto a dejarse atrapar por la magia de ese ballet que transita entre la tragedia y el dolor en un escenario arrabalero con personajes que hacen de sus elásticos movimientos el motivo de sus destinos.

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