Lanzó Zapatero un plan de austeridad

Admitió la gravedad de la crisis y dijo que el crecimiento no llegará al 2%; congeló sueldos de funcionarios y recorta empleos
Silvia Pisani
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24 de junio de 2008  

MADRID.- No es que se alejó: el gobierno socialista cortó ayer amarras con el optimismo económico en el que persistía, pese al viento y la marea de los datos en contra, y por primera vez admitió ayer "dificultades serias" con una economía "de crecimiento débil e inflación alta".

Fue el presidente José Luis Rodríguez Zapatero el que hizo el grave diagnóstico que, entre lo más significativo, incluye el reconocimiento de que la economía española crecerá "por debajo del 2 por ciento", cuando el cálculo oficial era del 3,3 por ciento.

Al hacer los anuncios, Zapatero recordó la crisis inmobiliaria y de la construcción que atraviesa España, los problemas financieros internacionales y el aumento de los precios del petróleo para justificar su previsión.

En medio de críticas desde derecha e izquierda, muchos se preguntaban ayer de dónde saldría, entonces, el dinero para financiar el presupuesto público de este año, cargado de las medidas sociales que Zapatero había anunciado durante la campaña electoral.

Tras el diagnóstico, fue también el presidente el que anunció un "plan de austeridad" de 21 puntos para superar una situación que, admitió también, en algunos frentes y, entre ellos, el financiero, perjudica a España "más que a otros países europeos".

El punto más significativo de ese plan de austeridad, con el que el gobierno busca ahorrar 250 millones de euros, es una reducción de hasta el 70% en la creación de empleo público, así como el congelamiento de los sueldos de los funcionarios de más alto rango, entre ellos el del propio presidente.

Y semejante anuncio sí que cargó con toda la maldición de la "corrección de las previsiones oficiales", ya que, en rigor, Zapatero habló públicamente de un ajuste del 30 por ciento. Pero luego, sus voceros aclararon que el jefe de gobierno había querido decir más del doble. O sea: el 70 por ciento finalmente admitido.

El giro en el discurso presidencial, que hasta ahora venía tildando de "pesimistas y agoreros", e incluso de "antipatriotas" a quienes hablaban de un diagnóstico como el que ayer él hizo, ocurrió ante poderosos empresarios españoles, entre ellos, el banquero Emilio Botín y el inversor Florentino Pérez, ex titular del Real Madrid.

Al Zapatero del ahorro le llovieron de inmediato las críticas de la derecha, del centro y de la izquierda.

Para empezar, el jefe de la oposición que encarna el derechista Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, pidió a Zapatero que, de una vez por todas. "tomara el toro por las astas" en vez de "mirar y no decir la verdad" sobre el escenario económico.

Para Rajoy, el problema de la "crisis económica" -término que Zapatero se resiste a utilizar- es "cuándo" se sale de ella y "con qué daños".

Un poco más hacia la miga, el vocero en materia económica del PP, Cristóbal Montoro, afirmó que el gobierno "está claramente desbordado" por la situación económica, y que es por ello que "Zapatero pronostica un menor crecimiento".

Eso, cuando en su primera corrección, hace sólo unas semanas, el ministro del área, Pedro Solbes, había situado el crecimiento en el 2,3%, contra el 3,3 inicial, frente a menos del 2 por ciento que admitió ayer el mandatario.

Montoro insistió en que es una pena que el gobierno hable sólo de un "frenazo" en la economía española, cuando "lo único cierto es que el país está al borde de la recesión".

Desde la otra punta ideológica, Izquierda Unida (IU) descalificó los anuncios presidenciales como un "nuevo acto de propaganda económica". Sostuvo Javier Alcázar que, en rigor, con ellas sólo se trata de "ocultar la inacción y el fracaso" del gobierno para abordar la situación de crisis.

La moderada Convergència i Unió (CIU) se manifestó de modo similar, al sostener que el plan de Zapatero es "insuficiente" por no incluir a "todos los sectores afectados por la crisis económica", en palabras del vocero partidario del área, Josep Sánchez Llibre.

Desde el gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se sostuvo exactamente lo contrario. O sea: que las medidas son la panacea. Y más que eso, su secretario, José Blanco, aseguró que, después de haberle ganado a Italia en el fútbol, está claro que las jóvenes generaciones de españoles "no sucumben al fatalismo ni a los agoreros".

El triunfo del seleccionado español de fútbol sobre el italiano ha dado, así y al final del día, el argumento de defensa frente a la crisis al principal vocero del partido del gobierno.

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