Tunguska: un siglo de incógnitas sobre la gran explosión

Fue como mil bombas de Hiroshima

30 de junio de 2008  

HAMBURGO.- El infierno llegó sin advertencia: el 30 de junio de 1908, un brillante rayo iluminó el cielo sobre Siberia.

Una gigantesca ola de presión pasó a toda velocidad por el bosque y derribó los árboles como si fueran mondadientes. Hubo varias oleadas de sismos y de presión atmosférica alrededor de la Tierra.

¿Qué había pasado? Un meteorito de roca, presumiblemente de sólo 20 metros de diámetro, habría explotado a una altura de entre 10 y 20 kilómetros sobre el río Tunguska, en Siberia oriental.

La detonación liberó, según la evidencia disponible, una energía equivalente a mil bombas nucleares sobre Hiroshima. "Sobre unos 2000 kilómetros cuadrados, el bosque estaba tumbado en forma de estrella", explicó el astrofísico y experto en asteroides Gerhard Neukum, de la Universidad Libre de Berlín.

El lugar fue descubierto 19 años después, por una expedición realizada en 1927. Sin embargo, no se halló ningún cráter y tampoco se encontraron fragmentos de meteoritos. Esto dio lugar a todo tipo de especulaciones sobre la causa. "Pero científicos rusos concluyeron, prácticamente sin dudas, que había sido un meteorito de roca", dijo Neukum a la agencia DPA.

Los relatos de los testigos, según publica la revista New Scientist , detallaban la súbita aparición de un calor intenso y de columnas de fuego que salían disparadas desde el cielo. Integrantes de un pueblo nómada originario del lugar contaron cómo sus casas, sus animales y hasta otros miembros de la tribu salieron disparados hacia el aire por la onda expansiva. Los menos afortunados murieron incinerados.

La luz de la explosión se pudo ver desde Inglaterra y, según un estudio contemporáneo publicado en Nature , los londinenses podían leer el diario a la noche sólo con la ayuda de misteriosa y brillante que iluminó el cielo durante días.

Desde entonces, muchos científicos trataron de explicar la causa de semejante explosión, más aún las luces extrañas en el cielo o los patrones de destrucción en el suelo siberiano. Las teorías fueron desde una enorme liberación de algún tipo de gas hasta la aparición súbita de un agujero negro en miniatura o la llegada a la Tierra de extraterrestes.

La teoría más sólida atribuye la explosión a un cuerpo celeste, como un cometa o un asteroide, que se desintegró violentamente en la alta atmósfera. Aun así, no existe ninguna evidencia definitiva que respalde esa explicación o ninguna de las demás teorías. Por eso, esta semana se reunirán en Moscú cientos de científicos del mundo para analizar y debatir sobre toda la evidencia disponible.

Cada cien años

Según cálculos de la NASA, un impacto cósmico similar puede ocurrir una vez cada cien años, aproximadamente. Se estima que 100.000 objetos como el que produjo el evento de Tunguska flotan en el espacio cerca de la órbita de la Tierra. La próxima catástrofe ya tiene fecha: un viernes, el asteroide Apophis, de 300 metros de diámetros, impactará contra la Tierra. La probabilidad de impacto es de 1 a 37 para el 13 de abril de 2029 y nuevas evidencias aclararon que ese año la Tierra no estará expuesta a ningún peligro.

"En promedio, se espera cada cien años el impacto de un meteorito de roca o de hielo de un diámetro superior a 50 metros", calculó la NASA, que posee un programa de observación sistemático de cuerpos celestes que descubrió hasta ahora unos mil objetos potencialmente peligrosos.

"«Potencial» no significa que un objeto impacte de todos modos", insistieron los voceros de la NASA a la agencia DPA. Apophis se acercará a la Tierra hasta 30.000 kilómetros, es decir, sólo un décimo de la distancia a la Luna y hasta menos que a gran cantidad de satélites de comunicaciones, navegación y meteorológicos.

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