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La pasión por actuar, según Juan Gil Navarro

Interpreta a Nicolás, uno de los personajes más fuertes de Vidas robadas, la tira de Telefé que se anima a hablar sobre el duro tema del tráfico de personas
Natalia Trzenko
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8 de julio de 2008  

A Juan Gil Navarro le encanta hablar del oficio de actuar. Pero no de la manera egocéntrica que el prejuicio suele adjudicarles a los actores. Porque a él, que interpreta al sufrido y malvado Nicolás, de Vidas robadas, no le interesa tanto hablar de su trayectoria (se niega a llamarla carrera), sino de lo que dicen otros sobre qué significa ser actor. Otros que admira.

"El director de teatro Robert Sturua me preguntó una vez por qué sufría tanto. Yo creía que el método era algo fantástico: sufrir y conectarse con cosas de uno. El me dijo: «Juan, tenés que hacer como los actores ingleses que no sufren, mienten». [Lo imita con acento y todo.] No lo podía creer. Me hizo prestar atención a la escuela inglesa de actuación, que me parece soberbia. Cuando Alan Rickman vino a la Argentina, le conté la anécdota de Sturua, que lo había dirigido a él en Hamlet ", cuenta Navarro, entusiasmado como el día en que esperó al gran actor británico en el lobby de hotel para verlo.

"Se trata de dejar que el otro complete lo que hacés, con no sufrir ni poner la tripa, sobre todo cuando estás al borde de una fosa pataleando para que no te entierren vivo. Podés usar la cabeza, calcular técnicamente tu actuación. Un exceso de saliva, la afinación de la voz en la desesperación. Eso ya impacta en el que está mirando sin necesidad de que el actor sufra", detalla, al tiempo que describe una de las escenas más dramáticas que protagonizó su personaje, en una tira que ya de por sí rebosa dramatismo.

Para muestra, alcanza con repasar algunas de las cosas que le sucedieron a Nicolás, un chico de la calle devenido protegido de Astor Monserrat, el villano que interpreta con cinismo y desesperación Jorge Marrale. El Nicolás de Navarro asesinó, sufrió varios intentos de asesinato -uno de ellos, el dramático intento de entierro en vida por parte de Astor-; traicionó a su protector y fue traicionado por él al punto de ser desterrado, aunque ahora está emprendiendo el regreso y la venganza.

"A los pocos meses de trabajar este personaje empecé a pensar que Nicolás es un tipo enfermo. No sé si loco todavía pero muy enfermo y en un punto eso lo justifica. Se trata de entender, no justificar, lo que le pasa porque así aparecen otros colores. Es complejo porque estos personajes existen. Desde esa situación de Astor levantándolo de la calle con ocho años totalmente carente de afecto. Hay mucho de abandono, de desamparo. Y entonces, cuando le quita su apoyo, cuando le saca la alfombra de abajo de los pies, es el apocalipsis para él", dice el actor, que por estos días divide su tiempo entre las grabaciones y los ensayo de Una cierta piedad, la obra del dramaturgo norteamericano Neil Labute ( Gorda ) que protagonizará junto a Selva Alemán. Allí, ellos serán un par de sobrevivientes del ataque a las Torres Gemelas que deberán lidiar con sus vidas a partir de la tragedia que les cayó literalmente a unas cuadras de distancia. Dos historias fuertes: la teatral y la televisiva; las que transita Navarro por estos días. Y no es una casualidad.

Compromiso

"No me da igual cualquier tira ni cualquier personaje. Este tema me estaba dando vueltas desde julio del año pasado cuando vi un artículo en el que se decía que la ley de tráfico de personas sólo tenía media sanción. Lo recorté y se lo mandé a Martín Kweller de Endemol. El me preguntó si quería hacer un periodístico; le dije que no, pero que me parecía un tema importante. Unos meses después apareció esta propuesta. Tenía muchas ganas de meterme con esto. Creo de verdad que la televisión es un gran invento. Es un negocio, que puede ser muy suculento y redituable, pero creo hay que dar algo a cambio", cuenta.

El relatoescrito por Marcelo Camaño para Vidas robadas no da respiro; cada noche se mete de lleno en los terribles laberintos de la esclavitud sexual, una realidad tan oscura que ni la más exhaustiva de las ficciones alcanza a rozar. Pero la tira de Telefé se anima donde ningún otro ciclo argumental se atrevió a llegar antes.

"Jorge Marrale habla de shakespearizar lo que hacemos. Es que todos estos conflictos de poder que mostramos tienen que ver con eso. De verdad son personajes shakespearianos, enfermos de poder. Hay capítulos en que nos preguntamos adónde vamos después. Todo es muy trágico, casi griego", dice el actor sobre la tira, que tiene un promedio de 16 puntos en lo que va de julio.

" El programa tiene que ver con querer hacerse cargo de cosas que son muy dolorosas de ver. Somos un recordatorio de lo que pasa todos los días y eso es muy difícil de querer ver. Quince o dieciséis puntos de rating son un acto de valentía gigante; un acto de salud enorme por parte del público. Porque combate la frase, la manera de pensar: «Es lo que hay». Que la Legislatura lo haya declarado de interés social es una declaración de principios y lo hacemos por eso. Porque se trata de poner comida en la mesa pero al mismo tiempo de algo más, mucho más".

Aunque no lo veamos, Lalo siempre está

  • Estuvo presente en la ficción más premiada y reconocida de la TV, aunque apenas participó de un par de capítulos. Gil Navarro fue el Lalo de la Lalola. " Fue un privilegio enorme. Estar siempre y a cargo de la voluntad de Carla, que es genial, sin tener que ir a grabar. Está bueno lo que lograban. Porque con gracia, y momentos de mucha angustia también, se planteaba lo que significa cambiar o si el amor tiene que ver con la sexualidad. Me encantó lo que pasó con el programa, cómo se fue desarrollando de menor a mayor. Prefiero ciclos así que otros que empiezan diciéndole al público que le van a romper la cabeza."
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