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Un grupo comando robó el expediente de las manos de Perón

Estaba en la casa del juez de la causa
Gabriel Sued
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11 de julio de 2008  

­El misterioso robo de las manos del presidente Juan Domingo Perón tomó en los últimos días un cariz aún más enigmático. El juez que investiga ese episodio, Alberto Baños, acaba de denunciar que, en lo que denominó como “una operación de inteligencia”, un grupo ingresó en su casa y se llevó los expedientes de los últimos nueve años de investigación.

En un oficio que incluye una pormenorizada descripción del hecho, ocurrido el domingo pasado, el magistrado puso en conocimiento de la situación a la Cámara del Crimen.

Allí explicó que tenía la causa en su domicilio porque preparaba un escrito en el que iba a reiterar un pedido al Gobierno para que dispusiera el levantamiento del secreto en los organismos de inteligencia del Estado, con el fin de que aportaran toda la información que tuvieran sobre el robo de las manos de Perón.

Baños detalló que el ex presidente Néstor Kirchner no había dado ninguna respuesta a una solicitud similar, emitida en julio del año pasado, a pesar de que en ese momento el Gobierno dejó trascender que aceptaría el pedido del juez.

¿Por qué se trató de una operación de inteligencia y no de un simple robo? El juez dio sus motivos. Precisó que los intrusos que habían entrado en su domicilio sólo se habían llevado un portafolio que contenía los cuerpos de la causa, su computadora portátil, su agenda electrónica y su teléfono celular.

"No fue sustraído ningún elemento de valor, tales como equipos de música, instrumentos musicales, alhajas, relojes ni dinero en efectivo, aun cuando varios de esos bienes se encontraban perfectamente a disposición de los intrusos", detalló Baños en su nota, dirigida al presidente de la Cámara del Crimen, Mario Filozof.

El episodio estuvo rodeado de otras circunstancias misteriosas. De acuerdo con lo que informó la empresa de alarmas Prosegur, desde que ingresaron en la casa, los intrusos sólo tardaron cuatro segundos en desactivar los sensores de seguridad y entrar en el escritorio, donde estaban los elementos robados.

El mismo día de los hechos, un cuñado del juez, que lo había acompañado a revisar la casa después del robo, recibió varias llamadas telefónicas en las que una "voz cavernosa" le preguntaba por un tal "Justinio Valentino". Según consignó Baños, analistas de inteligencia le indicaron que el nombre era una clara referencia a quien "hace justicia" y a quien "se hace el valiente".

Con estos elementos, el juez afirmó que sin dudas se trató de una operación de "intimidación psicológica".

"Estoy desconcertado"

En diálogo con LA NACION, Baños manifestó que estaba desconcertado y que intentaría reconstruir la causa en los próximos días.

La tumba de Perón, hoy en la Quinta de San Vicente, fue profanada en el cementerio de la Chacarita en junio de 1987. Hoy, la investigación judicial, que pasó por varios juzgados, no tiene detenidos ni imputados. Los últimos acusados fueron sobreseídos en 1990. En aquel momento, Carlos Andina Allende, que había quedado a cargo del juzgado por la muerte de su antecesor, archivó la causa. El primer juez del caso, Far Suau, falleció el 25 de noviembre de 1988 en un accidente automovilístico en la ruta 3, a la altura de Coronel Dorrego. Su Ford Sierra se salió del camino y se estrelló contra un peñasco. Las causas del accidente nunca quedaron del todo claras.

Cuatro años después del archivo, en agosto de 1994, el juez Baños reabrió la investigación tras el hallazgo, en la comisaría 29, con jurisdicción sobre el cementerio de la Chacarita, de un juego de llaves más que particular.

La bóveda de Perón se abre a través de un sistema extremadamente riguroso: el grueso blíndex que resguarda el féretro contiene cuatro cerraduras que sólo se abren con doce llaves. Una copia de ese juego, que hoy guarda el escribano general de la Nación, Natalio Etchegaray, apareció misteriosamente en esa comisaría.

Dos décadas de enigmas

  • La tumba del presidente Juan Domingo Perón fue profanada en junio de 1987 en el cementerio de la Chacarita.
  • El primer juez de la causa, Far Suau, murió en 1988 en un misterioso accidente en la ruta 3. Su sucesor, Carlos Allende, archivó el caso.
  • En 1994, aparecieron las llaves de la bóveda de Perón en una comisaría y Baños reabrió la causa. Hoy, no hay acusados.
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